Thursday, October 8, 2009

La apropiación ideológica del deporte

(Sergei Eisenstein y Charles Chaplin)

La idea del "deporte" hay que diferenciarla de la idea del "juego". Se puede jugar sin caer en la deportividad: el deporte no resiste la trama o la ironía. El juego es bastardo, el deporte es código de ley. En la Edad Media, y en casi toda la historia del pasado occidental previo a la Modernidad, existió la idea del juego, es decir, inventos artificiosos, los cuales funcionaban para apaciguar el ocio de las altas clases y para suspender, como advierte Johan Huizinga, el dominio de lo político de la vida cotidiana.
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El deporte, en cambio, es un fenómeno moderno que, en su estructura más general, no busca apaciguar o divertir a aquellos que juegan, sino entretener a los espectadores o a las masas inactivas. Esto presupone la existencia de una recepción del exterior, que vacila a limitarse a la contemplación sentimental y maniquea de los que pierden y los que ganan. El deporte, en cualquier caso, es un espectáculo secular que aun retiene algunos lastres de lo sagrado. Creo que esto lo ha podido ver con claridad Peter Sloterdijk cuando escribe en un analógico: "El deporte es a la vida cotidiana lo que lo sacro a lo profano". Para quien contempla, sin duda alguna, el deporte es una especie de sacralización de la realidad – en la cual hay héroes, mártires, ángeles, santos, y místicos – aunque para aquellos que, como no ha dicho Sloterdijk, practican el deporte, éste suele estar basado en una tipología que jerarquiza las diferentes prácticas según la clase social, cuya base se dominada por élites culturales en los deportes correspondientes.
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Los deportes proletariados: el béisbol, el dominó, el fútbol, el parchi, el ulaula, y un largo etcétera. En la otra esquina: el ajedrez, los casinos, el golf, la equitación, y el tenis. Los dos conjuntos, sin embargo, no dejan de ser categorías dominadas por un discurso político, que ha sido estructurado para distinguir lo "plebeyo" de lo "elitista". Surge de esta forma, la apropiación ideológica del deporte, es decir, una epistemología hegemónica, como diría Gramsci, que filtra y alimenta los deportes en esta bipolaridad. Es curioso, porque una temprana versión del deporte nace en la antigüedad en su representación más cruel (el Coliseo, o el agon de los griegos), y desaparece por la contraposición eticista del Cristianismo. Pero, ¿no es la Derecha – entiéndase la "derecha" como una matriz donde la tradición política se funde con la tradición moral y cristiana del Occidente, hoy la que marca las pautas sobre la estratificación de los deportes? ¿No se ha sentido alguna vez un intelectual de Izquierda un poco auto-traicionado al participar en un juego de golf, que por su parte ha sido el recinto y el entretenimiento burgués durante varios lustros del siglo XX? La apropiación ideológica por parte de una hegemonía tiende a crear falsas ilusiones, no solo a nivel cultural, sino en niveles más imperceptibles como ha sido la participación de los deportes. Como función de recreación social, el propio hecho de evocar un deporte, ya establece una exclusión social.
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Un amigo me ha dicho que el ha sentido cierto asco al pisar un campo de golf porque se siente que ha penetrado en el mismo espacio donde se hace el convivio empresarial de la burguesía poscapital. Hace poco me dieron a conocer la existencia de un Club en Miami llamados los "Big Five", dedicado a una elite cubano-americana que de vez en cuando se reúne para recordar los tiempos de la República de antaño, y a la vez para jugar un poco de tenis. En este caso, el tenis es un símbolo tanto del pasado como de una clase (aunque ya inalcanzable) y status social deseado. Una vez Batista jugó tenis en algún club de la Habana, mientras que algunas pinturas decimonónicas muestran aristócratas de encajes, sombreros de copas, y levitas, paleando una pelota de un lado al otro. Me gusta pensar en otra imagen, es decir, en una alternativa inversa: no renunciar al tenis, sino desacralizar el espacio de algunos deportes – convertirlos en lugares de afiliación democrática total, de esa democracia que viene como deporte del futuro. Un deporte inimaginable: inclusión de todos.

No solo la burguesía ha jugado al tenis. Cuando Sergei Eisenstein llegó a California, Charles Chaplin lo convidó a un juego de tenis. Chaplin, que no era del todo un fracaso en los vaivenes de ese deporte, le comentó al director de Que Viva México!: "Acabo de ver Potemkin, y no ha envejecido nada, sigue como si fuese hecha mañana. Ahora jueguemos". Con su discurso, Chaplin reconstruía el espacio, y le otorgaba otro sentido al tenis: el juego como otro juego mas de la vida. Las alteraciones de índole crítica, deben adoptar un espíritu de aquellos espacios deportivos. El deporte del futuro debe eclipsar la metafísica que lo gobierna, y jugar al pin-pon de la usurpación ideológica deportiva.

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Gerardo Munoz
Octubre 7, 2009
Gainesville, Fl

3 comments:

Anonymous said...

MUy bien dicho que nadie venga a decir que el tenis es burgues...haha.
saludos,

Alex

cochinillo ilustrado said...

Gracias Gerardo. Tú siempre sorprendiéndonos con cosas inesperadas. Muy interesante la cuestión sociológica -y estética- del deporte. Pero no estoy seguro de que sea el espacio de la sacralidad el que mejor defina al deporte. En Grecia surgió como sustituto de la guerra, y esto era un paso hacia lo profano; estaba más cerca de la idea de lo político; el deporte es intrínsecamente democrático, pues sólo quienes se reconocen como iguales se enfrentan en un match o en una carrera. En el deporte no hay misterios.

Gerardo Muñoz said...

Saludos, Alex, gracias por la visita.

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CI, si tiene tu usted en razon: el deporte es sumamente democratico, pero entendido de la forma negativa claro esta. Es como las democracias politicas de hoy: democracias sin substancia. Yo, de todas formas, sigo notando que, en las formas del deporte moderno, hay un fenomeno sagrado - quiza como residuo del pasado - que a su vez sostiene el imaginario total del espectaculo. Hay algo de ritual en los deportes, como tambien lo hay en los mercados del capitalismo.
Excelente su comentario.
Saludos,

G