Saturday, October 31, 2009

Sendero (cortometraje 2007)


Recuerdo aun su origen y lo mucho que me impresionó este cortometraje en colaboración de los cineastas, Andrés Bustamante y Théo Court, titulado Sendero. Aquella noche de verano que, junto a mi padre, podríamos decir que por el "azar electivo" – correlación, según Bretón, entre el deseo y el azar – vislumbré este hermoso documental pictórico. El azar de haberlo visto fue doble: por una parte, encontrarlo mientras uno pasa por los canales de la televisión, es siempre una tirada de dados, caminar sin dirección por una ciudad, no tener ruta, o valga la redundancia, perder (¿o es simplemente volver?) el derrotero. El sendero interior: la noche misma. El argumento, si acaso existe en el este cortometraje, es lugar común: un hombre, alejado de su casa, de ese imaginario que es lo telúrico, decide volver a su pasado y encontrarse con su pueblo, rescatar las huellas de aquella vida que "fue". Termina solo hallándose a si mismo, un pueblo desolado y rupestre, colores oxidados por el tiempo y el olvido. Recordando un poco al viaje reflexivo y fantasmático de Juan Preciado en el Pedro Páramo de Rulfo, sabemos, como veedores, que se trata del regreso del hijo, y quizá de la imposibilidad misma de esta empresa.

El hecho que este film lo haya ejecutado por un artista de Chile hace pensar en la conjunción que, entre otras aflicciones, el documental es una patética alegoría del exilio: la negación de todo regreso, ya que todo viaje puede ocurrir a través de la memoria – y no digo solo de la repetición, de aquello que logra cobrar una silueta como represión del entendimiento del pasado, sino como viaje físico, en tiempo y espacio, el sendero siempre es desconocido e incierto. Como en aquella parábola que tanto emocionó a Kafka ideada por Zenón de Elea: el recorrido rectilíneo ente punto A y B es imposible, pues siempre hay que recorrer la mitad de la distancia en cada uno de sus intervalos.

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La memoria es un acto de re-creación: un pliegue de formas concretas, un despegue constante, una convulsión de roturas e inscripciones, trazas y garabatos; todo esto lo que pudo ser una vida, y lo que no fue. A la par que la narración nos muestra el viaje en tren (sabemos lo que dice Freud de los viajes en trenes del joven adolescente), se desarrolla la idea del proceso creativo del film como simetría de la memoria. Cartulinas, cartón, tierra, materia, pintura; son explorados a través de su propia materialidad dúctil. Técnica que fácilmente nos remontan a las obras de Iturria y al tachismo materico de Antoni Tapies, la cadena de significantes de "Sendero" está compuesta desde la orilla de la pintura, es decir, desde la ilusión de la tridimensionalidad en dos planos. A diferencia de un film donde el espacio del campo visual crea un fondo voluminoso de apariencia real, la forma espacial de este corto se posiciona entre diátesis de la superficie de dos dimensiones y el espacio continuo. A la medida que el corto avanza, la tierra y las formas matéricas van agudizando el plano visual: como si la duración en el tiempo – en el transcurso del viaje – hacen de la representación un lugar vivo, palpable, aunque, ¿no es esto, en efecto, una ilusión de la memoria?

Nietzsche se resistía a la idea de volver a los orígenes (ursprung). El exilio, tanto espiritual como político del hombre en la Modernidad, puede leerse como una duración total en los confines de "otro lugar", volver al espacio imaginario no solo es un ejercicio en lo inverosímil, sino una imposibilidad deseosa, aunque como todo deseo, éste se disuelve al contemplar la divergencia entre lo que alguna vez fue (impregnado en los falsos perfumes de la memoria) y la realidad que ya ha mutado su esencia. Esa realidad que, como el propio ente, ya no es igual: ni diferente.

"Sendero" es un mapa interior, al igual que es un mapa por las fronteras de las artes: pintura y diseño, materia y espacio, línea y color, movimiento y planos, estatismo y secuencia real. Otra forma posible de entender el documental yace en su propio titulo: el sendero que habita, oculta y menospreciado, entre el arte cinematográfico y la pintura, posicionando de esta forma el debate producido en torno a la fotografía y la pintura durante varios lustros del siglo XX, hoy en día en tiempos de posvanguardia, condenados al olvido. Man Ray se preocupó de este asunto y se le puede citar: "Pinto lo que no puedo retratar, y retrato lo que se me hace imposible pintar". La relación de cine y pintura en la era de la imagen ha sido de oposición agónica, mas que orgánica. El lugar que ocupa hoy el cine en la sociedad de consumo y reproducción ideológica, hizo de la pintura un espacio vacuo e inverosímil. Inexistente. "Sendero", o la novedad de este cortometraje de Bustamante, es el hecho de volver a la idea que el punto de partida es el ser pictórico (el homo pictor) y que el ojo de aquel que medita sobre las superficies de las cosas encontrará ribetes de un boceto en constante desfile.

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Gerardo Munoz

Octubre 30, 2009
Gainesville, Fl.

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