Monday, November 30, 2009

Arte y Respiración – Iván de la Nuez


Entre el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York y el secuestro del teatro Dubrovka de Moscú (que acabó con la policía rusa empleando un gas tóxico y letal), Peter Sloterdijk escribió Temblores de aire (2003). Un viaje por la conquista militar de la atmósfera que va desde el ataque realizado en 1915 por un Regimiento de Gas de la armada alemana en la batalla de Ypres -donde murieron casi 500.000 personas en 25 kilómetros cuadrados- hasta nuestros días. Hasta esta actualidad en la que, según el filósofo de Karlsruhe, terrorismo y antiterrorismo se funden en una misma batalla por tratar de invadir, conquistar y arbitrar los destinos aéreos.
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-Sólo se llega a saber algo sobre el terrorismo, con un profundo conocimiento del medio ambiente, pues las guerras de hoy deben ser comprendidas en términos «atmoterroristas».
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El arte contemporáneo también juega sus bazas en una salida al exterior; en la necesidad de escapar de su atmósfera particular (constituida por el museo y otros claustros) para cumplir sus objetivos. (Y no sólo para evitar el “gaseo” con Issey Miyake de las inauguraciones). El problema es que después de abismarse a otros mundos -la política, los media, la publicidad, la tecnología- el arte suele regresar a morir en su orilla de siempre: el propio museo y las formas de gratificación convencionales. Como en la antigua metáfora hindú, le sucede a muchos creadores lo que al jinete que cabalga sobre un tigre: alcanza cotos inéditos de velocidad, extensión y aventura, pero termina abdicando. Y eso es, precisamente, lo que está vedado en la leyenda, dado que alguien que monta sobre un tigre no puede bajarse, pues éste lo devoraría de inmediato. Así, lo reprochable del arte actual no es, como dicen algunos conservadores, que se haya aventurado más allá de sí mismo, sino que no lo haya hecho suficientemente.
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Esta situación hace en buena medida inservible la teoría de la vanguardia, que situaba su dilema en la necesidad imperiosa de romper la frontera entre arte y vida. Hace falta un pensamiento visual que cambie esta perspectiva, y coloque las cosas en la relación entre arte y supervivencia, acaso la ecuación que mejor cifra lo que hoy está en juego. Porque no sólo se trata de la supervivencia del arte, sino de algo sin duda mas perentorio: el arte de la supervivencia.
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Temblores de aire tiene mucho que decir sobre esta mediación entre la respiración y la asfixia. Tal vez porque Sloterdijk ha comprendido que el arte es un buen vehículo para abordar con solvencia la guerra, la política, el presente mismo. Para entender, en fin, la supervivencia. Por eso su libro cierra invocando a Marcel Duchamp. Y a su muy contemporánea autodefinición:
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-Soy un respirador.
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Ivan de la Nuez
Barcelona, 2008

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