Monday, November 9, 2009

El Muro de Berlín y el fin del comunismo


Cada siglo imagina sus metáforas: el muro de Berlín, quizá como aquella que recuerda Borges del Emperador chino que hizo erigir la muralla a la vez que incendiaba todos los libros del Imperio para borrar la memoria del pasado, es una de estas metáforas de doble rigor semántico de nuestros días. Por una parte, el muro es la confrontación de dos utopías (King Kong y la Torre Internacionalista de Tatlín, el Partido Comunista y la PC – personal computer), mientras que por otra, el muro fue el fin de una etapa, y la consolidación de un único sistema posible bajo el paradigma del capitalismo mundial.

Se conmemoran dos décadas de la caída del muro de Berlín, con lo cual se sugiere otra metáfora: el fin del comunismo y la victoria del capitalismo. Una alabanza para el segundo. En Alemania, la fecha "9 de Noviembre" suele acuñar otros eventos fatales de la historia nacional (la noche los chuchillos largos – Kristallnatch, o el atentado militar de Hitler contra el congreso de la Republica de Weimar), he ahí la reticencia de algunos a celebrar la caída del 89, aunque para el espíritu carnavalesco del Occidente la caída del Muro simboliza, más que todo, es la consolidación de su propia imagen, buscar su esencia en la diferencia concreta que terminó en el desmoronamiento del Muro y de todo el bloque soviético. Detrás de este otro "muro discursivo", y no menos cierto que la ideología que lo sustenta, la caída del muro significó otra aparente lógica dentro de la globalización: el fin de la política como la habíamos conocido desde entonces. Desde aquí, se me hace imposible no estar de acuerdo con la tesis postcapital del ensayista cubano Iván de la Nuez sobre el muro: éste no solo se derribó de un lado, sino hacia ambos. ¿Qué es hoy el mundo sino una proliferación de muros que se cruzan entre México y Estados Unidos, Colombia y Venezuela, África y España, los territorios ocupados e Israel, Miami y La Habana?

En un artículo publicado en el periódico inglés The Guardian, Mijail Gorbachev aludió a la paradoja de la celebración tras la caída del Muro de Berlín: ¿verdaderamente estamos mejor que antes? Gorbachev advierte que esa utopia tras el muro no ha llegado; todo lo contrario: "La crisis económica global de nuestro presente revela los defectos orgánicos del modelo democrático del desarrollo occidental, impuesto al mundo como el único posible; también revela que no solo el socialismo burocrático tuvo que hacer una profunda restructuración de sistema, sino el capitalismo ultra-liberal hasta también necesitando su propia perestroika".
.
Cuesta trabajo aceptarlo, por el simple hecho que hoy, el sufrimiento, el sentido catastrófico de la historia, la marginalización y la exclusión de aquellos que Fanon llamaba los "desposeídos de la tierra", el nomadismo y el exilio global, y la explotación, se mantienen activos, y continúan por otros medios. Mencionar hoy, aun desde el propio espacio enunciativo de la Izquierda; topónimos como: resistencia, capitalismo, imperialismo, o lucha obrera, queda disuelto en esa "modernidad liquida" que habla Baumann, dispuesta a extraer y apropiar discursos en torno a la propia sobrevivencia del sistema.

Una de las formas de entender la corta historia política después de la caída del muro de Berlín es a través de una especie de "utopismo en farsa" o capitalismo con rostro humano. Al declinar el comunismo, el Estado de Bienestar se impuso también como otra muralla discursiva y pragmática. El pensamiento en la era de la Globalización, ya sea Anthony Giddens o Francis Fukuyama, Walter Korpi o Zygmunt Baumann, el sistema actual, llámese "capitalismo con rostro humano" o "lógica posmoderna" (Jameson), es la única opción de juego y toda resistencia se debe desear desde las propias estructuras de esta nueva orden de lo político. Con la caída del Muro de Berlín – no pensemos en el motivo, sino en el efecto – significó también la caída del propio sueño de una sociedad más justa, regulada, imparcial, y donde todos puedan existir, social y políticamente. Un espejismo de los sueños tronchados: del sueño utópico de Lenin, convertido distopía en la Unión Soviética y en campos de concentración, se pasó a otra distopía: la globalización, la guerra en Irak y la culturización de la política en el fin de la Historia.

Si el ensueño utópico "comunista", al decir de Susan Buck-Morss, se dilató por casi todo el siglo XX (1917- 1961-1989), la felicidad utópica bajo la globalización capitalista apenas rebaso la década. El 11 de Septiembre del 2001 viene siendo el segundo fotograma como prólogo de la caída del otro Imperio. Si una vez Jean Cocteau divisó la idea cinematográfica en la cual todo derrumbe acontece en cámara lenta, entonces, entre el espacio de la caída del Muro de Berlín y el ataque a las Torres Gemelas, caemos en ese abismo en donde la catástrofe se vuelve tangible bajo la ideología de la felicidad apócrifa. La crisis económica de finales de la primera década del siglo XXI, del mismo modo, acentúan la inestabilidad del capitalismo como proyecto social, y la precariedad de sus estructuras, alojadas en las postrimerías de la globalización y el multicorporativismo. La caída del muro fue inminente: aquel Totalitarismo tenía que caer, y en efecto terminó desplomándose. Hoy, a solo dos décadas de aquel derrumbe de Noviembre, es poco visible la integración de un mejor mundo tal y como se trató de vislumbrar en 1989; un nuevo mundo en el cual, la separación de otros muros hacen del hombre un duplicado de los antiguos totalitarismos del siglo XX: un nómada ligero de equipaje en constante travesía global.
.
El hombre otra vez ha quedado solo, porque todo lo que existió detrás de ese Muro era el abismo de la nada que una vez evocó Heinrich Boll.
__
Gerardo Munoz
Noviembre 9, 2009
UF, Gainesville Fl.

No comments: