Monday, November 30, 2009

Fredric Jameson, el Marxismo y la fascinación por Cuba



La fascinación del intelectual de Izquierda por la Revolución Cubana tiene una larga genealogía que corre desde el itinerario de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, hasta Oliver Stone y José Saramago, y que si bien tiene en el prólogo que sigue a continuación a un exponente poco estudiado, es imposible aquí de dar las coordenadas mas elementales de este proceso ya estudiado por otros. Aunque han existido intelectuales viajeros, como lo ha estudiado Iván de la Nuez en su ensayo La Fantasía Roja, no menos importante son aquellos intelectuales que, desde el margen de sus posiciones académicas, mantienen el anhelo por esa revolución cubana que ya ha comenzado a transitar por sus cauces post-revolucionarios. Frederic Jameson (aunque también pudiésemos pensar en W.T.J Mitchell o muchos de los politólogos y latinoamericanistas universitarios) presenta uno de los ejemplos claves de este arquetipo del intelectual fascinado aun por esa aura de la Cuba de Castro.

Distinguido profesor de la Universidad de Duke, camarada de lucha, y uno de los mas grandes críticos de la Posmodernidad, y más importante aun, es quizá el responsable en volver sobre el neo-marxismo en tiempos en que los estudios culturales, lo posmoderno, y la deconstrucción, parecieran dominar la escena crítica del momento; el autor de El Inconciente político ha retomado, para nuestra suerte, esa palabra que para muchos – me refiero hasta para aquellos que se colocan en la Izquierda – la "ideología" es hoy un vocablo anatema o un arcaísmo. Hay que reconocer por una parte, la habilidad y la destreza teórica del Prof. Jameson, sin embargo, imposible de negar su ceguera política práctica, y he ahí uno de los problemas mas graves de la Izquierda de hoy. Por una parte la Izquierda ha recuperado su discurso (Jameson, Hardt y Negri, Laclau, Zizek, Badiou, Ranciere) después de los desastrosos años de lo que pudiéramos llamar, siguiendo a Francois Cusset, como la "invasión francesa" de lo post-político, mientras que por otra, en términos de acción la Izquierda suelen ocurrir dos movimientos: o se apresuran a subrayar la posibilidad objetiva de las estructuras viables para una revolución, como el caso de los últimos escritos de Negri, a propos de la crisis financiera de la globalización, o se olvidan que el socialismo como ha ocurrido en el siglo XX – y que continúa en gobiernos como el cubano, el chino, o el de Corea del Norte – se dirigen, en mayor parte, hacia un nacionalismo centralizado bajo un orden de mercadería capitalista. El caso de Cuba, sin duda, se enmarca en la primera tipología, ya que después de la caída del Muro de Berlín se cierra la entrada, al menos simbólicamente el fin de las sociedades comunistas, llevando al Estado Cubano a hacer cambios substanciales de su propia Constitución, como también inventar un giro discursivo del Socialismo soviético al Nacionalismo martiano. No es sorprendente entonces que Jameson lea a Cuba como un gobierno comunista, ya que su punto de partida es por una parte, su propio marco marxista, y por otra, la lectura de la novela Las iniciales de la tierra de Jesús Díaz, escrita en aquellos años posteriores al Quinquenio Gris.

No deja de sorprender, entonces, como Jameson sucumbe a esas ilusas sombras de la vida revolucionaria cuando dice, entre muchos otros ejemplos que: "Pero en el Socialismo – es decir, en países comprometido con ese proyecto colectivo que es la construcción del socialismo, como se ha ejercido en Cuba por ya casi cincuenta años, lo personal es político de una forma muy especial, de la misma forma que lo política es también siempre personal". El imaginario "socialista" del intelectual del Primer Mundo todavía está por estudiarse, pero tenemos aquí un fenómeno de manufacturación del Otro en el mejor sentido de Edward Said: imponer un modelo teórico a una situación, o sujeto que carece de esa dimisión simbólica en lo real. Estas palabras, como las de Susan Sontag en el ensayo de 1968 "Algunas razones para que nosotros amemos la Revolución Cubana – recientemente comentado por el ensayista cubano Duanel Díaz para la revista La Habana Elegante – buscan pintar una viñeta de la sociedad socialista que en verdad carece de un significante real, la abstracción propia de sus términos (aquello de lo político de la personal), ejerciendo el léxico kantiano, busca sorprender al lector norteamericano con base en esa diferencia política no conocida que es el "gran proyecto del socialismo".

Al leer estas locuciones de Jameson uno tiene la impresión, como cubano después de haber vivido aquel totalitarismo, que esa experiencia a la que el crítico se refiere son muy distintas a las norteamericanas, como sacadas de otro mundo. Es como si el socialismo cubano pudo abolir males como el interés personal, el favoritismo de las élites políticas, y el soborno del diario vivir (como mismo ocurre en el capitalismo, claro está), y que ejercen un funcionamiento crucial en dicha sociedad. Sontag hablaba en 1968 de la alegría del cubano por el trabajo (según ella, el cubano poseía tanta energía sexual que se podía pasar días enteros trabajando en las fabricas), aquí Jameson reproduce una ideología norteamericana análoga; la de pensar equivocadamente que la sociedad socialista del siglo XX fue algo mas que la sociedad capitalista del presente, en todo caso, podemos contraponer a esta ideología la acotación de Susan Buck-Morss en Dreamworld and Catastrophe como mas precisa y certera: si el comunismo fracasó durante el siglo pasado fue precisamente porque sostuvo un nivel de vida burgués en imitación de las sociedades capitalistas.

Se notará también en el prólogo de Jameson a la novela de Díaz otro rasgo ideológico muy común dentro del profesorado norteamericano, y éste es, el manejo de la idea de una oposición plural contra la Revolución Cubana (una vez un Profesor de la Universidad de la Florida por ejemplo, tuvo el acierto de llamarlo "el síntoma de las línea dura vs. la línea suave"). Para poder justificar la lectura "revolucionaria" de la novela de Díaz dentro de la obra del escritor, el filósofo tiene que aclarar que, ni el personaje de la novela (Carlos) ni el escritor (Jesús), son opositores del régimen socialista o de la visión colectiva de este proyecto, sino mas bien disidentes "suaves", en otras palabras, estas voces, tanto la Jesús Díaz como la de Carlos Cifredo, se colocan en ese espacio de la crítica posible que Roberto Fernández Retamar apuntó en un ensayo publicado en La Jiribilla hace algún tiempo atrás sobre la verdadera acepción de las palabras de Fidel Castro en su discurso "A los intelectuales". Esta categorización responde, a diferencia de la ideología creada por los medios exteriores, a un discurso creado por el gobierno cubano, el cual en los últimos años ha abierto espacios de creación y de opinión públicos, fomentando de esto modo la idea de un estado de opinión, al menos intelectual, como plural dentro de Cuba. Las novelas de Leonardo Padura, las continuas declaraciones de Wendy Guerra, muchas películas realizadas después de Fresa y Chocolate, o el famoso ensayo sobre el intelectual en la esfera pública de Desiderio Navarro, dan una idea de ese espacio ambiguo que permite una disidencia creada por el propio poder dentro de la Revolución. ¿Por qué ha sido tan exitosa esta versión de tolerancia intelectual en la Cuba de las últimas décadas? Esta es una pregunta que nos llevaría mucho espacio para contestar, pero es importante notar que los cincuenta años de un sistema político como el cubano han requerido de un análisis que ha mirado más a las discontinuidades que a la continuidad del poder. Se prefiere hablar hoy, por ejemplo del "raulismo", que de una continuación del castrismo por otros medios. En el caso especifico de la recepción cubana en Jameson, se puede aventurar otra posibilidad: el pensamiento dialéctico de un crítico como Jameson, da paso a que se tracen movimientos antitéticos en el proceso social de un experimento político, ya que él, como mucho de los marxistas, prefieren leer los momentos de contención, aquellos colocados en los limites, que seguir la vía de una historia homogénea que, por su parte, no es popular ni práctica en los estudios académicos que se conducen hoy en día. Ya sea el materialismo dialéctico, o el rizoma de Deleuze, la historia hoy es vista como una pluralidad heterogénea, y al crear estos otros espacios culturales, la Revolución Cubana se ha beneficiado de esta convergencia que ha surgido entre sus cambios políticos y el estado de la teoría actual.

Por ultimo, me gustaría matizar un último parecer en el atascamiento ideológico de Frederic Jameson hacia Cuba que gira sobre lo que él entiende por la cultura cubana y lo que Díaz creyó de la cultura al crear la revista Encuentro. Apunta Jameson hacia el final de este ensayo, una vitriólica observación contra la producción literaria en el exilio que, según su juicio literario, se encuentra cargada de sentimientos nacionalistas que aíslan la cultura cubana. Aquí si resulta misterioso como un crítico como Jameson, discípulo de Lukacs y Adorno (ambos exiliados), no se detiene a ponderar sobre el significado de "cultura" como un proceso transcultural guiado muchas veces por el desplazamiento. De la misma forma que la cultura mexicana tiene espacios en Estados Unidos (los chicanos, o aquellos que viven en Nuevo México), la cultura cubana vive donde exista el escritor cubano, o donde escriba aquel que, como dijo una vez Derrida en el Monolinguilismo del Otro, transporta las fronteras de la nación hacia el exilio. Sin duda, Jameson se deja llevar por la peor convicción del comunismo del siglo XX, la idea de que la cultura está íntimamente relacionada con el Estado, y no con la nación. Pero, ¿no es el comunismo un movimiento político transnacional? ¿No es la cultura también un espacio de constante transformación? Debiésemos recordarle al Profesor Jameson aquellas sabias palabras de Manuel Díaz Martínez: "La cultura cubana es lo que es dondequiera que se genere". El caso de Jameson muestra como aun, en pleno siglo XXI, el intelectual de Izquierda tiene que madurar hacia una posición sensata y fructifica con la realidad intelectual de la Cuba actual.

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Gerardo Munoz
Diciembre 3, 2009
Gainesville, Fl
*El prefacio de Jameson sobre la novela de Jesus Diaz, Las Iniciales de la tierra, sigue esta acotacion en dos partes.

3 comments:

Alexander de la Paz said...
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Gerardo Muñoz said...

Thanks Alex, now that holidays are coming, I should have time to translate it and send it to you.

I agree with the things you say, maybe except for that "...after the wall, Cuba deconstructed itself". I think is the opposite (dont let yourself be carried by derridean nonsense), following the good friend Antonio Ponte: Cuba after the wall constructed their masterpieces: the ruins.

Nos vemos.

G

Gerardo Muñoz said...

BTW i highly recommend you to read that novel, which at the core of the dispute with Jameson, the "Initials of the Earth", now translated in english with a prologue by Jameson himself which i translated to Spanish.
There you get a good sense of two things: 1. what was the social realism in cuban prose, 2. the "heroism" of the Revolution from the start to the 1970s.

G