Monday, November 16, 2009

Guillermo Cabrera Infante frente a la crítica


Nota:

Una compilación de fragmentos siempre exige revelar un secreto que de otra forma el pasado hubiese cubierto bajo la neblina del olvido. Walter Benjamin, hacia el los imprecisos años treinta compiló una serie de cartas bajo el título testamentario de "Cartas del Pueblo Alemán" o "Grandes hombres de Alemania" (Deutsche Menschen) que, con la llegada del Nacional Socialismo a la República de Weimar, buscaban recordar a ciertos escritores y sus improbables vínculos con ese impuesto exilio de los olvidos de la memoria colectiva. ¿Qué analogía puede existir – se preguntará con todo derecho el lector, entre una compilación de cartas que buscaban trazar otra cara de la madre "Alemania", y unos fragmentos críticos sobre la obra del novelista Guillermo Cabrera Infante?

A Benjamin lo que realmente le interesaba era la intención: "El secreto no es simplemente la expresión de alguna profundidad ignorada, sino el producto de fuerzas inmensurables que impiden su salida a la luz pública". Esta oscura rasura, esta cerrazón (que curiosamente deseaba aclarar misterios) quizás es factible para una iluminación de los debates en torno a nuestro canon. Cabrera Infante, quien desde hace mucho tiempo es mucha luz, far(l)o y guía, estimo que encierra un secreto escamoteado por su propia luminosidad. Estos fragmentos, a diferencias de lo que ejercitaba Benjamin, no buscan poner a la luz ese secreto, sino transportar su figura literaria a las sombras del mismo. De esas sombras que no borran la luz están hechos estos fragmentos: si ningún canon es absoluto, tampoco ningún miembro de este lo es. (Al sacudir este escolio he precavido no politizar las sombras que glosan la figura. Basta con decir que todos los comentaristas residen y comparten distintas empresas, y diferentes intenciones. El único punto en común ha sido el desapaño de un buey canónico).

Hay algo en la prosa de Guillermo Cabrera Infante que me es profundamente reprobable: aquello que Enrico Mario Santi, volviendo sobre la etimología cubana, ha denominado como el estilo de la "jodedera". Desde los títulos (Vidas para-lelas, Tristes tigres, mea Cuba…) hay un continuo donaire por la confusión, y por el irrespeto al lector con la palabra. A diferencia de Joyce, con quien injustamente se le ha comparado, Cabrera Infante no más que un creador del lenguaje polisémico en términos de forma, quien se conformó por la diseminación de los juegos "nacionales" de la cubanidad; su error fue, como el de tantos otros, pensar que lo cubano era un lenguaje y que la nación era una escritura. No por esto niego que haya tenido innumerables aciertos, ya que las probabilidades son favorables si se ha tenido alguna vez el bloque de Infantería en las manos. Del mismo modo, no dudo tampoco que Cabrera Infante haya sido – o siga siendo, un autor para muchos lectores, aunque para mí, ese don ha sido negado: no soy yo descrea de la prosa de Cabrera Infante, es que la prosa de Cabrera Infante descree en mí. Presiento otro deslinde en su obra: si alguna vez el erotismo henchido, lo banal, la "jodedera", funcionó para contrarrestar y oponer el poder, es poco confiable que estas estrategias funcionen con el mismo énfasis y propósito que alguna vez pudo destruir a los patriarcas del poder, no en balde en nuestro presente, podemos decir que Cabrera Infante es el benefactor de la prosa chabacana que se hace desde la isla y desde el exilio. En la ejecución de renovar el erotismo, la escritura ha patinado con las fronteras de la peor ficción pornográfica junto a la mala escritura, y la comercialización de lo soez. Dicho esto, habría que hacer una última observación: Cabrera Infante es uno de los símbolos centrales de la nación cubana, y es así que, mirando la multiplicidad y la unidad de esa esencia histórica, podemos ver al escritor olfateando los lugares más visibles de ese espacio insular. ¿No es la cultura cubana de alguna forma, una reescritura de malos hábitos, de vulgaridades, de sexualidad endémica y enérgica (de la cual hablaba Sontag), y de cierta perversidad? ¿No hay un hilo de continuidad entre el choteo de Mañach, los lienzos pálidos de Servando Cabrera, el discurso precoz de Wendy Guerra, y las fornicaciones de Caín? ¿En fin, no es todo esto la Cuba de ayer y la de hoy? Frente a otras miradas, frente a la posesión de los deseos, yo prefiero la ecuanimidad de otras voces; una isla desierta donde se pueden rescatar otros muertos menos joviales.
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I.

"…Para ya hacia la página ciento y pico, el lector se da cuenta de que el rumbo del viaje se ha desviado y empieza a olerse el fraude, a sentirse avasallado por el narrado incontente y a sospechar que el barco de Cabrera Infante se ha encallado para siempre en un solipsismo sin eco ni salida. Y a todo esto, el fárrago del texto se refracta progresivamente en paréntesis entorpecedores y carentes de toda funcionalidad y se multiplica en cargantes excrecencias verbales basadas en el parecido de vocablos como pene y pena…".

- Carmen Martín Gaite, "El coito-circuito: La Habana para un infante difunto", Diario 16, 1980



II.

"Los [escritores] después de 1959: Guillermo Cabrera Infante por Tres tristes tigres, pero nada más, porque son casi todos refritos."

- Roberto González Echevarria, "Oye mi son: El canon cubano"




III.

"La ninfa inconstante incluye algunas de las peores ocurrencias del stand-up comedian que fue Cabrera Infante. Valga un ejemplo: “De todas las comidas del día el desayuno es mi favorita. Favorito que es masculino. Los masculinos son los menos culinos. Culinario.” Disgustan, aquí y allá, momentos de escritura desmañada: “Estelita da muestras de impaciencia, que están las muestras en demostración en su cara. Se llaman muecas.”

- Antonio José Ponte, Letras Libres 2008


IV.

"Hace algunos años que Guillermo Cabrera Infante practica el mismo deporte editorial: el reciclaje de sus libros, la recomposición en nuevos fragmentos y disposiciones".

- Ernesto Hernández Busto, Ella Cantaba boleros en Vuelta 1996.



V.

"Qué inconstancia la de ese pinche escritor que se dijo llamar CAIN! Esta se debe no al título de la novela suya, sino a su propio estilo: formas chuscas de la inconstancia. No se resiste a las algarabías alfabéticas – que ya había practicado Gracián – y que el hace con el cubano. "Chivar" con la gramática es lo suyo, como cuando el guey cambia "varga" por "verga". Que puta mierda, técnica pobrísima. Solo hace llorar a Lorca".

- Ulises Lima, Diario inédito de rue de Eaux, 1980

2 comments:

Zoé Valdés said...

Esta no es toda la crítica, afortunadamente.

Gerardo Muñoz said...

Es cierto, pero este disenso proveniente de estos criticos si crean un malestar en la jararquia canonica.