Tuesday, December 29, 2009

Arte contemporáneo, precios, y mercado


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¿Qué tiene en común un manual programático sobre el estilo del arte contemporáneo, dos espejos que reflejan infinitamente un billete de dólar, y un papel de pared inscrito con cifras y números como esos que aparecen y desaparecen en las tablas de valor en el NASDAQ de Wall Street? Se trata de la obra de tres artistas contemporáneos – Pablo Helguera (México), Wilfredo Prieto (Cuba), y Claude Closky (Francia) – quienes junto a otros artistas de diferentes países y continentes han explorado el tema que, según Boris Groys, ocupa un lugar centro en la producción contemporánea: la relación del arte con el mercado y su condición de comodidad. El Centre for Contemporary Culture Strozzina de Florencia exhibió una muestra a principios de este año que buscaba exponer las conexiones entre arte contemporáneo y los circuitos globales del mercado. Curada por Piroschka Dossi - “Art, Price, and Value – Contemporary Art and the market” rastrea la superficie de los mercados que, dentro del sistema del siglo XXI, amoldan las obras y los artistas de todas partes del mundo.

¿Industria o mercado de arte? ¿Objetos de valor fetichista o arte para coleccionistas? El arte contemporáneo hoy rebasa las antiguas cuestiones entre el arte, el coleccionismo, y el mercado, instalándose asimismo como un sistema complejo entre diferentes sectores y actores internacionales. Por otra parte, el arte es una industria en el sentido que lo contemporáneo responde a una universalización de un valor comercial, un valor fetichista, porque al finalizar el arte de las vanguardias del siglo XX, el arte solo tiene como potencialidad las reglas del mercado como legitimación. En recientes décadas, los intereses de coleccionistas, galeristas, instituciones estatales y especuladores han vuelto el arte un campo de estrategias por donde circula el capital. Un campo que muchas veces suele ser sensacional, espectacular, kitsch, sobrepasando por los lugares comunes de los gustos generales y de la reproducción de lo mismo. “Arte, precios, y valor” desenmascara los funcionamientos del arte contemporáneo a través de diferentes instalaciones de artistas contemporáneos.
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En esta exposición – global por naturaleza y heterogénea en su estructura – no puede faltar un artista cubano, y Wilfredo Prieto cumple este requisito con su exposición “Un Millón de Dolores”. Como el titulo del famoso show americano, y como el film “Slumdog Millionare”; tener arte hoy es cosa de millonario. Es decir, el azar del sistema.

La instalación consiste de dos espejos y un billete de un dólar que, una vez colocado entre los dos espejos, refleja una serie infinita de billetes. Más que la ilusión del capitalismo como un espejismo cognitivo, el artista ha vuelto sobre el dinero desde una crítica marxista: no se trata en si de la reflexión del billete que, como vemos, no es nada en si, sino de relaciones, servicios, y redes sociales por las cuales se regula el capital. La instalación también debe leerse como el sueño frustrado de la obra de arte en el mercado contemporáneo: mínimo de recurso y máxima en sus ganancias. Como en una canción de un grupo de música pop colombiano “Bacilos”, la obra de Wilfredo Prieto critica aquellos artistas que buscan el primer millón. Para los primeros, el primer millón era un tuvo de escapa (y curiosamente lo fue) para no hacer mas música y fiestear por Miami – unirse al circuito del mercado – en la obra de Prieto, el millón es el propio vacío de una obra cuyo poder se esfuma con la inmediatez de las ventas. Teniendo en cuenta el lugar enunciativo de un artista cubano en la instalación, la repetición del dólar también puede leerse dentro de los discursos políticos de la isla contra sus enemigos: embargo, capitalismo, e imperialismo. El dólar aquí cobra el sentido a través de los diferentes núcleos postcoloniales que lo anuncian. El arte contra el capitalismo se vuelve un ataque o espejo contra su propia condición.
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Si le debemos al marxismo la interpretación fantasmagórica de los valores y las comodidades – la idea que el dinero corroe, al decir de Richard Senett, el propio carácter del ser humano – la idea del dinero es también la de la felicidad. Al menos una felicidad instantánea. Para Emerson el dinero daba paz y tranquilidad: una escena en un cómodo restaurante en los sábados, un café con una chica frente al mar. La crítica de estos artistas frente al capitalismo tiende a ser solo un fractal positivo en la crítica contra el sistema, ya que lo restante seria burlarse, lanzar un gafe, crear una obra en diamantes, crear un happening con un espectáculo de Lady Gaga. Enfrentar el consumo desde el derroche del consumo, es una próxima faena del arte actual.
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Gerardo Munoz
Diciembre 29, 2008
Miami, Fl.

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