Wednesday, December 9, 2009

Carlos García, abstracto



La tachadura sobre un relieve oscuro o pálido, el gesto de una brocha que ha sido inmersa en el tiempo, o el movimiento de la pintura horizontalmente crea un efecto casi fotográfico en los cuadros de Carlos García. Se trata quizá de ese volver sobre las realidades permeables, o quizá volver sobre los colores.

Color, movimiento, tachadura: estos son los elementos de este pintor cubano que lleva el color hasta su última saturación, hasta el deseo de ser consumado por otra superficie. Esa superficie, como en toda abstracción, es transparencia.

Yves Klein – en una de sus conferencias, aunque también aparece en sus apuntes – sentencia que el origen de la pintura es la caligrafía, aunque esto solo es posible para ir más allá de la caligrafía. Borremos la caligrafía, sugiere Klein. Como si estuviese en perpetuo diálogo con el gran artista del Vacío, García se queda en el momento caligráfico, en esa erupción, al decir de Michaux, donde el signo todavía no significa, sino que se muestra. Se da a conocer.

Los signos en la obra de Carlos García dan la impresión de estar antes de la propia pintura, es decir, como objetos en la profundidad del cuadro mismo que, con la astucia de la mezcla del color (siempre un enigma amistoso), el artista ha rescatado de la ultratumba de las capas. Vemos, entonces, un artista con disfraz de arqueológico (o es el arqueólogo con disfraz de artista?), y en busca de algunos signos que han sido perdidos bajo la apariencia figurativa.

La densidad del tiempo se abre ante nosotros, y por eso que estamos frente a cierta materia temporal, y no espacial. La labor del arqueólogo busca aquellos espacios límites donde se periodizan los nombres y las eras. En momentos se encuentra el infinito, en otros los fragmentos aun poco conocidos, después la escritura. Pintar y escribir – sobre esta relación martiana, nos lleva también al espíritu de una abstracción dual.
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Carlos García en la abstracción cubana ocupa un lugar especial o recientemente recordado. El cubano prefiere la realidad que lo irreal; lo confesional y lo erótico, a las estampas de una ausencia libidinal. García no busca confesar nada, sino desentrañar las confesiones de algún pasado sin historia. Se podrá buscar aquí otro tipo de luz, de color, de espacio, de intimidad, pero siempre el espacio de límites queda olvidado. Un iconoclasmo íntegro, desde allí la tierra se vuelve un signo, y el signo un pedazo de tierra.


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Gerardo Munoz
Diciembre 9, 2009
Gainesville, Florida.

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