Sunday, December 6, 2009

Censura de la crítica contraproducente


La idea de una "teoría critica", así como lo entendió Theodor Adorno o lo ha entendido últimamente David Hoy, no se enmarca en la especificidad explícita de algun 'mal de sistema' que por su relieve enajenado, resulta ser el suelo de la apariencia ideológica. Una crítica contra el sistema – léase por supuesto, el sistema que ha dominado por los últimos trecientos años, el capitalismo – tiene que estar dirigido primero que todo, dentro del sistema como oposición. Cuando algunos críticos notan, por ejemplo, que en Marx hay una cierta melancolía por el pasado, en especifico por una sociedad pre-capitalista, un falansterio utópico del feudalismo, tienden a distorsionar el análisis del materialismo histórico. Resumo (un amigo se queja que las arengas sobre el marxismo suelen ser aburridas, y que Brecht, más inteligente que los de la Escuela de Frankfurt, sabía la verdad prescindiendo de la lectura de Marx): la crítica contra el capitalismo se sitúa sobre los límites de un espacio abierto en el sistema, donde quizá se pueda ejercer una intervención emancipadora. La crítica como emancipación es el corolario del arte contemporáneo.

Si se recuerda la historia de la censura, podríamos pensar, como uno de sus orígenes más infames que el estalinismo, la expulsión de los poetas de La República de Platón. Análogo a aquella proscripción de poetas y pintores del gran discípulo de Sócrates, hace un par de días en el Art Basel de Miami han removido un anuncio de neón de Claire Fontaine que leía: CAPITALISMO KILLS LOVE. Además de haberse colgado en la fachada en la galería Naples, hacia la avenida Collins, se debe decir algo mas sobre su forma: las tres letras de aquel anunciado brillan con tres colores: azul, blanco, y rojo. America. Por el código se identifica el Capitalismo con America. Cuando el espectador contempla el aviso se establece esa relación de homólogos (capitalismo = mal = América), sin ir mas allá de lo que el sistema en si representa, mas que un país, una estructura, más que tres colores un funcionamiento. Pues bien, creo que es una justa censura.

La expulsión platónica de los artistas debe ser ejercida en estos momentos, pero no porque estos artistas han resultado ser – como nos ha dicho la prensa en diferentes medios repitiendo las palabras del dueño de la galería – "demasiados políticos" (pues todo arte – sabemos desde la Escritura grado zero de Roland Barthes, está inmerso formalmente en lo político), sino todo lo contrario: hay que remover, sacudir, excretar, expulsar, este letrero que cumple con solo una función parcial del proyecto emancipador del arte.

Todo arte crítico debe llegar a los extremos, pues no es el acto de engaño del extremo lo que sacude el "poder del arte", al decir de Groys, sino su propia potencialidad de ser originalmente un acto iconoclasta [1]. Cuando Malevich por ejemplo, propone destruir el espacio museológico, y pinta Cuadrado blanco sobre blanco, tenemos aquí una instancia de supervisión del arte en el espacio de la realidad. Otro ejemplo: cuando Tania Bruguera lee uno de sus discursos y termina con un tiro al aire (nunca llega a matarse), notamos en ese instante como todo ha caído en una especie de falsificación calculada, en un medio por el cual, el arte como régimen establecido vuelve a fascinarse con su posición original.

Se trata en todo caso de momentos de cesuras. Más radical, por supuesto, es el desplome al vacío de Klein (como concepto), o esa otra caída al vacío en busca de la silueta, como lo fue la de Ana Mendieta. Aquello que se resiste a la representación solo debe existir, como advierte Jacques Ranciere, dentro del inconsciente estético, como movimiento silencioso por el cual el terreno de la acción queda suplementado por la no-acción que otorga sentido en la suspensión de un mensaje o enunciado.

Lo que vemos con un ejercicio tan estéril como el de la pieza "El capitalismo mata el amor" es sencillamente la muerte de la vanguardia como objeto de superversión del poder. Como el ultimo film de Michael Moore (Capitalism: A love story), solo queda agradecer a esos momentos lúcidos del capitalismo donde opera la censura. En momentos de crisis – tanto económicos como de idea – es fácil volver a esos lugares comunes como la imitación maniquea una crítica a los Estados Unidos y la conceptualización de una idea en colores fractales. La crisis del arte también suele volverse psíquica: en su intento de agresión, se suicida.
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Gerardo Munoz
Diciembre 5, 2009
Gainesville, FL.
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1. Boris Groys, The Power of Art. MIT Press 2007.
foto: from the Artnewspaper

1 comment:

Anonymous said...

Excelente! Mejor fue aquello de "Long live capialism".
Saludos,

P.