Monday, December 28, 2009

'Mapas' de David Rodríguez Gimeno


A map of ideology emerging from a map of mentalité, emerging from the material substratum of the physical territory” – Franco Moretti, Maps, Graphs, Trees
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Las últimas obras del artista oscense David Rodríguez Gimeno curiosamente producen un asombro similar a los sortilegios de aquellos espejos convexos de los pintores renacentistas de Flandes. Si en aquellos viejos maestros del Norte, la esfera en el cuadro funcionaba como un espejo barroco; las esferas de Rodríguez Gimeno son mapas de un microcosmo del espacio, casi siempre globos que representan la particularidad dentro de nuestra globalización. La esfera en estas obras ocupan el mismo lugar que el de la especularidad: en el centro, vemos un tejado, algunos transeúntes, y desde el instante de nuestra mirada, volvemos al sentido de un asombro sobre lo redondez de la propia existencia de estar viendo.

Una inflexión desde la metáfora esférica de Pascal – en la cual Dios existe en la infinitud del espacio – nos recuerda que el área del mundo es tangible por su propia esencia y conjunción con el tiempo, como también misterioso, tan invisible y fluido como el espacio de la noche. Estas obras son el producto de una estadía en Marruecos, más específico desde el Hotel Rivoli, en donde el artista ha podido entender los misterios de las asociaciones que permean el Oriente: lenguaje y espacio, tiempo y colores, superficies, y distancias. Aunque el problema del arte en nuestro presente sigue siendo la búsqueda de una universalidad, Rodríguez Gimeno ha encontrado una respuesta en el fluir de los aires y en la topografía de las esferas.

La ciudad son los personajes de estas imágenes redondas que vacilan entre un máximo de tiempo y un mínimo de espacio. Casi todas las imágenes que son parte del amplio rodaje de la exposición de “Mapas” fueron capturadas desde la altura de alguna azotea que mira la vida en la intemperie de los que la habitan. Habitantes y vecinos reducidos al esquema del mapamundi, nos dan la noción de un mundo cerrado de si mismo. La global en lo particular era una idea que ya esbozaban algunos críticos desde el siglo XIX: en el dialectismo de Hegel podemos encontrar la universalidad, no en la instancia de un conjunto particular en la universalidad, sino desde la propia particularidad ya existe un mundo en si mismo, un espacio abierto de lo universal. Parece por momentos que Rodríguez Gimeno ha alcanzado llegar más allá, y sostiene la visión de una universalidad representativa y material (la metáfora material del globo aquí es la universalidad) en algún espacio de una ciudad. Ya sea Marruecos, Casablanca, La Habana, o Barcelona, el espacio se vuelve una poética de la imaginación, una actividad de los que viven en éste.
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El mundo como un átomo, y el átomo como un mundo, tal y como quería Epicuro, añaden una fuerza física en la presentación de estos fotogramas en “Mapas” como formas de una visión circular; pues lo que aquí vemos es la inserción propia de la mirada, es decir, su artificio en actividad, y no su representación. Fuera de esto: el vacío.

Para salir de este vacío, solo se necesita el mapa de una imagen: cómo volver hacia el arte, es decir, a la ciudad que lo contiene. El arte contemporáneo hoy no solo crea imágenes, sino da direcciones, o potencialismos futuros para las imágenes.

“Mapas” es otro hábil ejercicio del circuito que conecta arte, artista, y el espacio de la ciudad global. Como Zoe Leonard, Gustavo Acosta, o Ramón Williams, la serie de Rodríguez Gimeno propone otro mapa del futuro del arte, un derrotero para ampliar o miniaturizar la condición de lo global. Mas acá de lo global, está la esfera que, además como nos sugiere el artista, es la propia condición del aprendizaje de una mirada que se detiene sobre lo terrestre. Más allá de estas esferas terrestres, solo queda la penumbra: fenomenología de lo invisible.
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Gerardo Munoz
Diciembre 28, 2009
Miami, FL.

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