Wednesday, December 16, 2009

Notas al Sublime-Negativo de Kant



El sentido de lo catastrófico y el "fin del arte", tal y como lo vaticinó Arthur Danto, sirven como puntos de partida a la hora de entender qué es el arte contemporáneo y hacia donde se conduce. Esta operación – presente à futuro – tendría también que incluir, como ya ha dicho Eric Hobsbawn, a propósito del tiempo histórico, la revisión del pasado: aquellas ideas que han determinado el presente, y que finalmente modificarán el futuro. La idea de lo sublime parece a prima vista, antes que todo, como un concepto anticuado y ligado a los discursos y la producción del Romanticismo de finales del siglo XVIII y principios del diecinueve. Sin embargo, una lectura de lo sublime como categoría estética a nuestro presente, no solo altera la forma que entendemos los fenómenos actuales – como aquel dictum de Stockhausen tras los actos terroristas del 9/111 – sino la propia categoría de lo sublime: he aquí como el presente, y devenir temporal, marca la propia estructura semántica del pasado. O las anunciaciones del pasado. Del Shoah al ataque de las Torres Gemelas de 9/11, hay un mapa trazado que busca situar a lo sublime desde un nuevo abismo, o desde ese punto histórico que, por la propia naturaleza de estos sucesos, se resiste a una representación como tal. La realidad alterada se comprende más allá del concepto, puesta el "caso" histórico interviene como un agente de cambio en las propias estructuras epistemológicas de entender y utilizar el marco teórico de lo sublime. De este modo lo leyó Gilles Deleuze cuando apunta en Diferencia y Repetición: "En el caso de lo sublime, el modelo cognitivo y las formas del sentido común, se encuentran a la espera de una conceptualización diferente en el pensamiento" [1]. Forma, paradigma, y renovación de la realidad, es la mediación de una crítica del presente, de un nuevo ejercicio con el pasado.

La representación de lo sublime en Kant, al igual que los otros modelos que buscan definir lo sublime, comienza por establecer la base etimológica de la palabra: del Latín sublimis, en lo sublime se acepta la idea de una verticalidad, de un poder en transcendencia frente a la mirada del sujeto. Quizá por esto la fascinación de Edmund Burke con las ecfrasis de Satanás en el Paraíso Perdido de John Milton, donde leemos una larga elipsis de la ascendencia de Satanás y su ejército al cielo. Años después el pintor irlandés James Barry colorea esta escena en la que, al punto de un abismo, los veedores están forzados a mirar la figura en sombras extendida de Satanás en el espacio crea a idea de lo sublime en su propia incomprensibilidad vertical: enorme más allá de su forma, irrepresentable más allá de su imagen. Si bien en la historia del arte vemos numerosos ejemplos que forzamos dentro de un paradigma de lo sublime, hay que notar que para el pensamiento estético de Edmund Burke en A Philosophical Inquiry into the Nature of the Sublime and the Beautiful, se argumenta como lo sublime – por su propia naturaleza de estar fuera de la forma – no está en la representación pictórica, ni en la descripción de las palabras: lo sublime queda en el limite de la representación, es decir, como una categoría de un evento que la Imaginación no ha podido inscribir. Para Burke lo sublime solo puede aparecer materializado en dos sensibles: Dios y la Monarquía. En ambos símbolos, según Burke, el poder infinito y el efecto aterrador que produce ese poder. Álvaro Mutis, por ejemplo, justifica a la monarquía a través del concepto de las potestas encontrado en la filosofía política de los 'dos cuerpos del rey' propuesta por Katorowicz: el sujeto solo puede creer en una autoridad que es infinita, o que está construida bajo la legitimidad de una esencia divina como Dios. A diferencia de Burke, lo sublime en Kant aparece como una categoría moral y no como una relación estética entre el objeto de lo sublime y la negación de su representación, aunque Kant esboza que lo sublime es: "aquella habilidad que demuestra como la facultad mental sobrepasa todos la lógica del sentido"[2]. Pero no nos interesa aquí lo sublime en Kant, sino su noción del sublime-negativo que aparece en el tercer libro de Crítica del Juicio.

Kant crea el concepto de lo negativo sublime como diferencia o alternativa entre la representación y lo incomprensible que ocurre entre el sujeto y la distribución subliminal de los sensibles. Lo sublime negativo es, por excelencia, el espacio abierto, el abismo por el cual, el espectador buscaba encontrar algo, y se enfrenta a la propia negación de la verticalidad, el límite de la tachadura de la presencia. Lo sublime entonces no es una relación entre nomena y la cosa-en-si, sino un ente potencial, es decir, imaginado que se auto-substancia por la propia presentación de la Idea. Aclararemos lo de auto-substanciación: no se refiere a una esencia que tomado sentido desde su referente inter-sujetivo, sino al gesto que ocurre cuando el sujeto ansía internalizar la ausencia exterior – el abismo que niega lo sublime – de lo no representable en el mundo de los fenómenos.

La negación de esta aceptación cognitiva o representación inmediata de lo sublime, sin embargo, no es en Kant el punto final, sino el primer paso a lo que la llama: "la negación de lo sublime" o el negativo subliminal. Una vez llevado frente al abismo, o la experiencia de lo sublime al límite, presenciamos lo sublime por su propia negación, es más, el abismo de la representación de lo sublime solo otorga sentido a través de su ausencia, con aquello que lo sublime no ha podido comprender y transmitir. Lo negativo sublime intenta representar a través de la ausencia activando la imaginación moral del sujeto con las huellas que se instalan en ese límite de la representación: la ausencia en el pensamiento de Kant da sentido a lo representable, a diferencia del pensamiento de Burke, donde el vacío o el abismo, cifra el momento del terror total por lo incomprensible, el vacío en Kant opera como la mediación entre lo que es entendible, pero no es representable. En sus glosas sobre Analytics of the Sublime, Francois Lyotard prueba como la propia ausencia de poder representar otorga sentido a la naturalidad de su poder:

"In sublime feeling, nature no longer 'speaks' to thought in the 'coded writing' of its forms. Above and beyond the formal qualities that induced the quality of taste, thinking grasped by the sublime feeling is faced, 'in' nature, with quantities capable only of suggesting a magnitude or force that exceeds its power of presentation. This powerlessness makes thinking deaf or blind to natural beauty" (Lesson on the Analytic of the Sublime)[3].

Recientemente Slavoj Zizek habla de lo sublime desde la perspectiva del psicoanálisis, aunque aproximándose mas a la negativad subliminal de Kant, que al vacío del Otro que uno esperaría del análisis traumático del psicoanálisis. En Tarrying with the Negative, se propone un ejemplo coherente para entender la negación de lo sublime: imagínese una bandera que le han cortado el centro, donde estuvo algún anagrama simbolizando el referente de alguna nación y su imaginario. El vacío dejado por la ausencia del símbolo, según Kant, no es un abismo sin sentido, sino precisamente aquello que le da sentido a los veedores que construyen en su imaginación el vacío presente. Los pareceres entre lo sublime negativo y lo Real deben entonces ser aparentes: del mismo modo que lo sublime negativo otorga sentido por su nadería, lo Real, como ruptura en la cadena de significantes, tiene que existir para que se nos de cierta coherencia en lo Simbólico y lo Imaginario. En lo Real el abismo tiene sentido a partir de lo fantasmatico; en lo sublime negativo, la ausencia provee el sentido a la elevación de lo sublime. El arte metonímico del Shoah no se trata, entonces, de negar la representación de aquello sucedido – que existe en las afueras de lo representable y del campo del lenguaje – sino en los límites de lo sublime, en las huellas o trazas de una obra que activa el fantasma. Esta negatividad hoy llevada a cabo por artistas (desde 1945 hasta el presente), fue propuesta por Kant hace casi ya más de tres siglos.


Fuentes:
1. Diferencia y Repeticion (Amorrotu Editores) - Gilles Deleuze
2. Critique of Judgement (Hackett) - Immanuel Kant
3. Lesson on the Analytic of the Sublime (Meridian: Crossin Aesthetics) - Francois Lyotard
(*) imagen: "Satan and his Legions Hurling Defiance Toward The Vault of Heaven" 1794 - James Barry
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Gerardo Munoz
Diciembre de 2009
Gainesville, UF.

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