Wednesday, December 16, 2009

Nuestra Isla Traumática



Este año, entre Caracas y el archipiélago caribeño de Los Roques, leí por primera vez La invención de Morel. Fue después de unos de esos diálogos que comienzan así: "¡No es posible que no hayas leído ese libro!", y que aquel día terminó en la librería del Trasnocho Cultural en Las Mercedes. A veces se siente esa timidez, un como respetuoso pudor frente a los "clásicos que uno no ha leído". El entusiasmo de mi amigo venezolano me ayudó a deshacerme de tal obstáculo. A lo mejor fue por el contexto de aquella lectura: pasar aquellas páginas misteriosas e intensas yendo de Tierra Firme a ese puñado de islas que sólo pueden alcanzarse en avioneta y en las que no hay asfalto más allá de la pista de aterrizaje. O tal vez fue por el hecho de estar recién llegada de "la" otra isla (Su Majestad, Nuestra Isla Traumática). La invención de Morel es un cuento que tiene esa mismísima isla como personaje principal. Es el relato de la ilusión, el diario de lo imaginado. No tiene tema ni rumbo, y eso mismo me parece ser lo que le da su toque. Es un viaje a la isla interior.


Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel (Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2003)
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Romy Sánchez
Diciembre 2009
Nueva York, NYU.

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