Monday, November 30, 2009

Prefacio a Las Iniciales de la Tierra de Fredric Jameson (Parte final)

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Prefacio a Las Iniciales de la Tierra por Fredric Jameson
Traducción del prefacio de Jameson por Gerardo Muñoz. 2009.
Traducción de Kathleen Ross. Duke University Press 2006
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Cualquier cosa que haya significado la evolución política de Díaz, es importante evitar el malentendido de la Guerra Fría por el cual toda crítica hacia la burocracia socialista es signo de una naciente disidencia. Todo lo contrario, la crítica hacia la burocracia es una de las vocaciones y características centrales que definen la literatura socialista misma. Seria mejor pensar sobre aquello que llamamos “cultura” y “literatura” en términos de una revolución cultural en un sistema social en el cual la propia función de esto último se encuentra dentro de las instituciones existentes que promulga apologías ideológicas sobre el status quo, sino en ese gran proyecto colectivo de transformación social con una crítica de las actitudes prácticas, ya sean en el campo administrativo o en la vida cotidiana. La cultura revolucionaria cubana ha trabajo fuerte para socavar las descremaciones de genero, los prejuicios raciales, y los estereotipos (como hemos visto en filmes como El retrato de Teresa o De alguna manera u otra). Estos logros no deben ser eclipsados por aquellos graves errores políticos, como el encarcelamiento de poeta Heberto Padilla en 1971 (evento que distanció a Cuba de casi todos sus seguidores intelectuales), o las persecuciones de los homosexuales, para las cuales recientes políticas y filme de Tomas Gutiérrez Alea, Fresa y Chocolate, intentó compensar levemente los errores. Pero el proceso de rectificación de errores es también parte del paquete de una revolución cultural.
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Ni son tampoco las dudas de Carlos señales de una disidencia venidera, aunque tampoco son estos conflictos personales del temperamento del personaje que vacila entre el compromiso y la retracción. Para ser exacto, el mismo marco de la novela pide un juicio en torno a estas tendencias, en medida que la narrativa autobiografía de Carlos (narrada en tercera persona) constituye el fondo para esta readmisión en el partido bajo la voluntad de sus camaradas. La autocrítica es en este sentido el equivalente ideológico o político al proceso de psicoanálisis, el cual es hoy entendido como la historia conciente o inconciente que se cuenta sobre la vida y status psíquico de uno, en un primer plano ésta historia puede, bajo convicciones o compromiso, ser modificada y de esta forma crear nuevos deseos que pueden sustituir a los antiguos deseos y nuevos hábitos.
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Pero la novela no puede ser reducida estas cuestiones aparentemente psicológicas: otras dos dimensiones están implícitas en el auto-cuestionamiento que emerge sobre un camino tortuoso. Lo primero es el problema de clase social y la manera en que la clase media cubana blanca se espera que se auto-identifique con las masas del pueblo que conforman la Revolución. La clase social y la raza juegan un papel crucial en el desarrollo de la vida de Carlos, como lo ilustran los primeros capítulos del libro, y las etiquetas de la revolución deben ser vistas, no por esto menos, como el individuo que lo empujan a tener contacto con otras personas de diferentes razas y clases sociales.
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Entonces, aquí también una cuestión política en términos de la relación entre el individuo y el movimiento político. Las dudas iniciales de Carlos, de hecho, se vuelven muy similares a las que acontecieron en el partido comunista soviético y su reticencia a convertirse en un seguidor de la agitación política. Pero la misma situación ocurre a la inversión cuando le piden a Carlos que sea el portavoz líder de una asamblea estudiantil (por cierto, la política en la Universidad es, y no solamente en Cuba, una especie de microcosmo de la fuerza política del mundo real).
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Podemos estar seguros que, al igual que cualquier novela política o histórica, las Iniciales gira sobre el centro de la relación del protagonista con los grandes eventos políticos, es decir, los eventos oficiales de la Historia: la resistencia contra Batista, el triunfo de la Revolución, Playa Girón, la crisis de Octubre, y finalmente, la desastrosa Zafra de los Diez Millones, la cosecha de azúcar de 1970, la cual deja la novela inconclusa. Una cronología histórica de estos eventos se incluye en esta edición, ya que el método de Díaz no es directo y la vida de Carlos se mezcla colateralmente con los sucesos históricos.
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La Historia es, en cualquier caso, no solo la materia prima que exige comentarios y respuestas, y la novela es aquello que plantea preguntas sobre la literatura nacional y lo internacional (particularmente hoy donde la dimensión internacional se convertido en globalización). Podemos estar seguros que, la traducción de cualquier obra nacional requiere cierta familiaridad con los códigos locales que obstaculizan la lectura para el público norteamericano. Como resultado de este distanciamiento a lo que es el público anglo-sajón, dentro la coyuntura de los monopolios multinacionales de las editoriales, se ha observado que hoy está emergiendo una nueva forma de literatura internacional, muy distinta a aquello que Goethe llamó "literatura mundial" en el siglo XIX, o lo que Sartre sugirió, a mitad del siglo XX, que la situación ideal para el escritor es poder escribir para dos públicos al mismo tiempo. Esta nueva literatura, sin embargo, es una que se escribe para ser traducida al ingles, acompañada con cambios fundamentales de la lengua nacional que, no por esto significa que esta "americanizada", ha sido despojada de ciertos localismo y regionalismos que de esta forma descontextualiza ciertas particularidades, haciéndola mas accesible al publico lector anglo-sajón (este público inundado por la cultura de masa norteamericana).
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Esta es otra razón porqué tan pocas obras de la literatura contemporánea cubana han sido traducidas al ingles. La literatura del exilio cubano también a atravesado por su proceso transcultural, manteniéndose sobre un férreo nacionalismo aislando la cultura cubana. De cualquier modo, Díaz no traba compromisos con aquellos lectores del futuro, y este compromiso hacia las especificidades de la situación nacional está escasamente mitigado por la forma.
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Las iniciales de la tierra, cubre un largo periodo histórico entre 1950-70 que se organiza por viñetas o fotogramas de cada suceso histórico. Cada capítulo está construido en medias res, ofreciendo así un rico mosaico de materiales culturales los cuales no solamente son múltiples en esencia, sino también mediadores en la relación de Cuba con Estados Unidos, su país mas cercano (quizás hasta mas que México). Los tebeos norteamericanos (el clásico de Matterlart How to read Donald Duck!), el rock norteamericano, y los filmes de Hollywood se enlazan con la Santería, el mambo, y el Tropicana de tal forma que demuestra que lo nacional es también transnacional y viceversa. Las Iniciales, entonces, continúa esa tradición inaugurada por el Ulises de Joyce, en donde la representación de la vida diaria se satura por la cultura de las masas, en la cual la vida personal ya no puede separarse en un entorno de pura subjetividad. Obras como estas escenifican la tensión entre la sincronía de la calle y la colectividad y la diacronía de la Historia por la cual – particularmente en America Latina y en especial en un país socialista como Cuba – la diacronía del individuo pocas veces puede darle la espalda al compromiso. Necesitamos mas novelas como estas, que nos enseñen no solo de Cuba, sino de la política y la cultura de nuestro mundo.

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