Saturday, December 26, 2009

Quince Tesis sobre el arte contemporáneo de Alain Badiou


Nota:

(*) Las “quince tesis sobre el arte contemporáneo”, las cuales traduzco a continuación, fueron leídas por el filosofo francés Alain Badiou en la conferencia de la organización Lacanian Ink 23 que dirige Josefina Ayerza en Nueva York, y publicadas en un pasado número de la revista “Inesthetik”.
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Si con la muerte de las vanguardias la fascinación por las formas se incorpora a la lógica cultural del posmodernismo, para Badiou el arte contemporáneo debe mirar más allá de esta obsesión por lo nuevo que, según el filósofo, se generan por el propio deseo de consumir paralelamente al deseo que dicta el capitalismo. Lo meritorio de estas quince tesis de Badiou, más allá de sus postulados a favor de un arte teleológico de la emancipación bajo un eje universal (muy similares a los regimenes potenciales de Jacques Ranciere), es el desprendimiento de lo que él llama aquí la tradición “formalista-romántica”. El artista contemporáneo debe cruzar dos polos casi opuestos: por una parte encontramos el deseo por nuevas formas, medios, y estilos; y por otra la obsesión con el cuerpo y la finitud, es decir, con la particularidad de la subjetivización. El lema del artista de hoy para Badiou, como indica en su introducción, se centra en la cuestión de “cómo se puede hoy no ser romántico”; pregunta que puede llevarnos hacia nuevas directrices entre arte y política, emancipación y utopía, muerte del arte y renovación de la vanguardia. Quizá se deba al hecho que Badiou ha sido mas un filósofo concreto del movimiento radical de la Izquierda en Francia, influido además, por el psicoanálisis lacaniano, y no un crítico de arte, al modo de Boris Groys, Claire Bishop o Jacques Ranciere, lo cual resulta problemático en su modo de entender la condición del arte en nuestro presente. Si la mayoría de críticos de los últimos tiempos han visto en el iconoclasmo de las vanguardias, en la creatividad melancólica de Romanticismo (Benjamin), o la Neo-Figuración de los ochenta, formas que se encuentran agotadas en el arte contemporáneo; para Badiou el arte contemporáneo es una continuación de estas formas del pasado, es por ello que aboga por una forma sin-forma en lo universal.
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El punto de contención en Badiou, como marxista, es el orden global y el capitalismo, y aquí uno se debe preguntar al menos dos suposiciones: 1. ¿no estará Badiou jugando a lo que Desiderio Navarro llamaba, a propósito de Engels, <<la política de Gribul>>? Es decir, oponiendo todo aquello que esté en armonía con las formas hegemónicas. Esta lógica se puede objetar si pensamos en la propia filosofía de Badiou; influida por los modelos matemáticos que de alguna forma responden al mundo racional de la globalización capitalista gobernado por las operaciones de una economía de los cálculos; 2. ¿No es la misma idea de Vanguardia hoy la forma agotada (la forma sin forma que él mismo aclama para un futuro del arte), cuyo espíritu iconoclasta y revolucionario hay que, precisamente dentro del contexto actual, recuperar para contrarrestar el status quo y la crisis del arte? Por otra parte, la solución de un arte esencialista y de valor universal puede resultar el matiz ideológico que opera en la falsa universalidad que apunta Badiou sobre el orden del Imperio global actual.

La contribución al arte contemporáneo de Badiou se debe entender como exhortaciones para un futuro, una forma de crítica temporal y no como una diagnosis actual. Criticas que solo pueden ser cumplidas una vez que la utopía haya llegado, una vez que – como dice en su tesis XII – “hemos llegado al rigor de la noche, y a la elevación de una estrella”. Mientras tanto, mientras vivamos en la tierra sin estrella, para nuestra congoja el arte continúa, y su forma existente contribuye tanto a su muerte, como al imperialismo de la imagen.
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I. El arte no es el descenso sublime de lo infinito hacia la abyección finita del cuerpo y la sexualidad. Es, en cambio, la producción de una serie de subjetivización infinita conducida a través de medios infinitos de un substrato material.

II. El arte no puede solo ser la expresión de una particularidad (ya sea étnica o personal…). El arte es una producción impersonal de una verdad dirigida hacia todos.

III. El arte es el proceso de una verdad, y esta verdad es siempre la verdad de un sensible o de una pulsión sensual; lo sensible como sensible. Con lo que quiero decir: la transformación de lo sensible en el acontecimiento de la Idea.

IV. Existe, por necesidad, una pluralidad de las artes, y sin amargo, podemos imaginar diferentes formas por las cuales las artes podrían cruzar, en donde no existe una totalización de esta pluralidad.

V. Todo arte comienza con una forma impura, y la purificación progresiva de esta impureza va transformando tanto la historia de una verdad particular y la de su agotamiento.

VI. El sujeto de la verdad artística es el conjunto que lo compone.

VII. Esta composición es una configuración infinita en nuestro contexto contemporáneo como una totalidad genérica.

VIII. Lo real en el arte es la impureza ideal concebida a través de su proceso de purificación. En otras palabras, el material del arte se determina por la contingencia de su forma. El arte es la formalización secundaria de la llegada de una forma sin-forma.

IX. La máxima del arte contemporáneo es no ser imperial. Esto también significa que el arte no tiene que ser democrático, si se entiende por democracia una conformidad con la idea imperialista de libertad política.

X. El arte anti-imperialista tiene que ser necesariamente arte abstracto: se abstrae de si mismo en todas sus particularidades, y llega a formalizar el propio gesto de su abstracción.

XI. La abstracción del arte anti-imperialista no se ocupa con ningún público o particularidad. El arte anti-imperialista está vinculado a cierta ética aristocrática-proletaria: de por si misma, hace lo que aclama, sin distinguir entre tipos de personas.

XII. El arte anti-imperialista debe ser tan riguroso como una demostración matemática, tan sorprendente como una emboscada en la noche, y tan elevada como una estrella.

XIII. El arte hoy solo puede tener como punto de partida, al menos en lo que se refiere al Imperio, que su estado es inexistente. A través de su abstracción, el arte materializa su inexistencia visible. Es en efecto esto lo que gobierna cada principio formal de cada arte: el esfuerzo de hacer visible para todos aquello que el Imperio (y por extensión para todos, aunque desde diferentes puntos de vista) no existe.

XIV. Ya que puede controlar todo el campo de lo visible y lo auditivo a través de las leyes que circulan en las esferas de “comunicación democrática”, el Imperio ya no tiene que censurar nada. Todo arte y todo pensamiento se arruinan cuando aceptamos la condición del consumo, de su comunicabilidad y su goce. Es por esto que debemos convertirnos crueles censores de nosotros mismos.

XV. Es mejor no hacer nada que contribuir a la invención de nuevas formas que hagan visible aquello que el Imperio ya de por si reconoce como existente.

5 comments:

R.L.R. said...

Gracias Gerardo, muy buen post.

Gerardo Muñoz said...

Rafa, gracias por pasar. Felicidades a ti y a Natasha. Lo mejor en el 2010. Espero verlos pronto.
Un abrazo,

G

Anonymous said...

Gerardo muchas bendiciones para el 2010! Un abrazo,

P

Anonymous said...

bastante interesante. Me gusta la referencia al arte anti-imperialista como "una emboscada"

Anonymous said...

hola no entiendo nada y tengo un parcial para el martes, quien me ayuda a interpretar lo q este man dice?