Friday, January 15, 2010

José Carlos Mariátegui y el expresionismo alemán



Entre finales de 1922 y principios del mes de Enero de 1923, el joven marxista e intelectual peruano, José Carlos Mariátegui, radicó en la entonces caótica Alemania, agitada por los frenesís de la posguerra. La estadía de Mariátegui se inserta en una tradición diferente a la de los fellow traverlers de la Nueva Izquierda durante el siglo XX, y abre un intercambio trasatlántico entre la Modernidad europea y la nueva formación nacional e intelectual de America Latina. El viaje de Mariátegui, sin embargo, además de ser importante por su influencia en la formación del marxismo intelectual del pensador, fue a su vez un contacto con la realidad política, social, y artística del momento, en especial con los movimientos de Vanguardia que, en medio del decadentismo de la República de Weimar, se cristalizaban en la vertiente del expresionismo y el futurismo alemán. Si queremos leer el aporte e introducción de Mariátegui a la crítica estética de Hispanoamérica, solo hay que argumentar diacrónicamente: no será hasta 1926 que Ortega y Gasset publica artículos y panfletos sobre las Vanguardias del momento en la Revista de Occidente, y faltarían otro puñado de años para que el exiliado español, radicado en la Argentina, Guillermo de Torre publicara su famoso Literaturas Europeas de Vanguardia. En las crónicas que escribe Mariátegui sobre los movimientos estéticos de Europa – en especial aquel de titulo "El dadaísmo y el expresionismo" – se dibuja una actitud revolucionaria partiendo de una lectura de aquellas obras, ya sean literarias o pictóricas, del Expresionismo. Mariátegui reconoce, no sin poca ingenuidad, que el interés del expresionismo y del futurismo gravitaba sobre la fascinación profana de lo bélico, aunque algo había de revolucionarias en ellas. Sus artículos, en efecto, sobre las novelas de guerra de autores como Ludung Runn, Erich Maria Remarque, Leonard Frank o Arnold Zweig, provocan cierto interés para el interesado entre los límites entre representación y realismo, entre compromiso y barbarie.

Las vanguardias que son fácilmente clasificables bajo el rótulo de "arte revolucionario" encuentran una anomalía en el arte expresionista de Alemania. Como bien ha argumentado Mark Atliff en Avant Garde Fascism, el expresionismo alemán, con el apoyo de artistas como Emil Nolde y Ernest Barlach, fomentaban los lazos entre arte moderno y el culto de la masa llevado a sus últimas instancias por el Socialismo Nacional: "Este ultimo campo de pintores – nos advierte Atliff – exaltó el Expresionismo alemán a través de las virtudes del folk nacional, recalcando que el Expresionismo retomaba valores espirituales de la herencia gótica".

Atravesada por esta coyuntura política en el campo cultural, es que se inserta la importante polémica entre dos marxistas de la tradición neo-marxista: Ernst Bloch y Georg Lukacs. En una serie de respuestas y cartas abiertas, Bloch polemiza con Lukacs, en efecto, sobre la potencialidad del arte expresionista como una forma abierta y vanguardista que, además de formar parte de la realidad y la especificidad de la historia estética alemana, podría también cubrir el espacio de la realidad emancipadora de las masas. Sin duda, Bloch distinguía entre la forma que pueda tener un discurso o una retórica estética, y la participación que anima una vanguardia, del mismo modo que el Partido o el sindicato ambienta la reciprocidad popular. Lukacs, en cambio, quien desde su ensayo La Novela Histórica había escrito a favor de los últimos intentos del Realismo, y encontrara de los movimientos estetizantes de las diferentes vanguardias, no se podía encontrar más en las antípodas del discurso de Bloch. En Lukacs, discernimos una posición muy al estilo de Rene Portuondo en Estética y Revolución, es decir, todo aquello que no refleje la dialéctica concreta de las masas, y que, además, no lo muestre en el lenguaje del realismo mimético de lo social, se conducía hacia una forma que era parte de la decadencia tolerable de la alta burguesía capitalista. Toda posibilidad de emancipación, toda movilización del proletariado, en el pensamiento de Lukacs, tiene que estar sedimentado en las raíces del Realismo Socialista, ya que otra variante puede atentar o adelantarse en términos de superestructura, a los fundamentos básicos de la suspensión de una base hacia el comunismo. En un fragmento clave de la discusión, Lukacs arremete contra Bloch, a propósito de la representación del Realismo en términos dicotómicos de contenido y forma:
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"But these essences are not the objective essence of reality, of the total process. They are purely subjective. I will refrain from quoting the old and now discredited theoreticians of Expressionism. But Ernest Bloch himself, when he comes to distinguish the true Expression form the false, puts the emphases on subjectivity […] One inescapable consequence of an attitude alien or hostile to reality makes itself increasingly evident in the art of the Avant Garde: a growing paucity of content, extended to a point where absence of content or hostility towards it is upheld in principle"*

Leyendo a Mariátegui un tanto en retrospectiva de esta polémica, se puede fácilmente concluir que, a partir de sus artículos, el crítico peruano se posicionaba más próximo a Bloch que de Lukacs. Muy similar a las potencialidades que ve Bloch en el arte expresionista, a Mariátegui le fascinó la idea de un arte que renunciaba a los malestares de la "vieja Europa", y como Nietzsche, leyó el derrotero moderno estético como movimientos térmicos de un desencanto por la representación y la ilustración racional. Lo resume todo aquella memorable máxima: "Asesinemos a la inteligencia, si queremos ver la belleza". No era para Mariátegui que el arte de Vanguardia provenía de los últimos encantos de la burguesía europea, sino que, como una especie de "bomba de tiempo", el arte revolucionario de la vanguardia, podía explotar en los mismos brazos de la ideología dominante. Ya decía Mariátegui en su artículo "El expresionismo y el dadaísmo", como si estuviese polemizando con el realismo politizado de Lukacs o el apoliticismo estético de Guillermo de Torre:
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"…de todos los movimientos modernos de vanguardia es quizá el expresionismo el único que ha triunfado plenamente hasta el punto de que en la pintura y en el teatro, al menos, y tiene un acatamiento oficial – logrando la composición de sus modulasen todas sus ramificaciones estéticas…Ello se debe precisamente a que, mas bien que un movimiento, es una tendencia común en la época…En rigor toda la nueva generación alemana es expresionista. No posee cañones carcelarios ni jefes ni acaudillerados. El Expresionismo reside más bien en cierta actitud espiritual de la conciencia artística del mundo"**


Esa cierta economía de la carencia espiritual y el vacío de conciencia, es lo que lleva a Mariátegui a postularse a favor de las vanguardias como posibles ejes de la emancipación moderna. Para el autor de Siete ensayos de la realidad peruana, el rompimiento formal de las Vanguardias era solo lógico, una vez que se presuponía la crisis del registro de valores – conducidos por el capitalismo del Occidente. Solo así se entiende que el Expresionismo sea un residuo que ataca los modelos de todo intento racional a fundar un nuevo mito, una nueva matriz de organización de poder que domine, con su soberanía, la población y que se adueñe de los medios de producción. Ya es sabido que el Expresionismo terminó siendo condenado por el Tercer Reich, aunque la propia exposición sirvió para legitimar, se duda hasta que punto, el poder de las Vanguardias en la famosa exposición del "Arte Degenerado".

La radicalización de un arte politizado, lo comprendía Mariátegui, dentro de la dispersión del arte expresionista, abstracto, o dadaísta. Estas formas, lejos de ocuparse de un poder nocivo del poder, de hecho, estructuraban nuevas formas, aunque sean visuales, de saber político y social. ¿No era la sociedad, entendida como caos y barbarie, otra expresión de la fragmentación real de todo el pueblo y de las masas? ¿No era el Realismo Socialista también un continuismo de los aspectos formales y técnicos heredados de las instituciones de la cultura francesa y alemana del siglo XVIII? Silencioso sobre estos aspectos y especificidades históricas de la conjunción entre arte y política, ya Mariátegui podía diferenciar, con no escasa agudeza, que la politización del arte era la causa de un severo moviendo radical en la sociedad, y el quebrantamiento de un viejo sistema.

Notas:

*Mariategui, José Carlos. “El expresionismo y el dadaísmo”. El artista y la época
**Jameson, Fredric. "Lukacs against Bloch". Aesthetics and Politics.

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Gerardo Munoz

Enero del 2010,

Gainesville, FL.

4 comments:

Rafael Rojas said...

Hola, Gerardo, muy interesante esta relectura de Mariátegui en el contexto de las vanguardias europeas. El caso de ese marxista, al igual que el de Mella, con todo y que este no tuvo ni la prosa ni la sensibilidad estética del peruano, es interesante porque se inserta en lo que podríamos llamar el marxismo preestalinista latinoamericano. Mariátegui murió en el 30, un año después de Mella, por lo que no vivió la plena estalinización del socialismo soviético, como sí la vivieron, por ejemplo, Aníbal Ponce y, sobre todo, Juan Marinello, otros dos marxistas con quienes equivocadamente se le identifica. Mariátegui y Mella nunca fueron estalinistas porque murieron antes de la estalinización y, tal vez, de haberla vivido se habrían opuesto a la misma, como puede entreverse en algunos de sus últimos textos. Esa condición, digamos, preestaliniana, se refleja también en sus ideas y en sus escrituras, más vivas y flexibles que las de todos los marxistas estalinistas. Basta tan sólo confrontar la visión de Mariátegui sobre el arte abstracto con la de Marinello.

Gerardo Muñoz said...

Gracias por tu aporte Rafael, lo cierto es que, aunque habia deparado sobre la relacion entre Mariategui y el estalinismo, no reflejo esto en mi texto. Y lo cierto es que es una dimension muy importante. Es probable, como dices, que la lectura que hace Mariategui de la vanguardia responde, en ultima instancia, al contexto historico del momento, en el cual el estalinismo no habia llegado. Pronto voy a comentar sobre la famosa "Conversacion con nuestros pintores abstractos" de Marinello, en la cual ahi ya se dibuja otra intepretacion del asunto, y que Mosquera ha articulado con agudeza en un brillante texto sobre Meyer Schapiro y el Marxismo.

Un saludo,

Gerardo

Anonymous said...

Solo una aclaración: es José Carlos Mariátegui, no Juan Carlos.

Victoria.

Gerardo Muñoz said...

Gracias Victoria, he arreglado la errata en el titulo. Un saludo,

G