Monday, January 11, 2010

Visita al Cabaret Voltaire


Nota: El muy querido amigo, el pintor Rubén Fuentes González, ha pasado unas maravillosas navidades por Zurich, y como era de esperar, pasó por aquel lugar, ya mítico, que es el "Cabaret Voltaire", donde nació la Vanguardia y el Dadaísmo. Pasa además por unos de los museos más impresionantes del Occidente: el Kunsthaus, del cual aquí se pasa revista con la fugacidad de un koan. Para un amigo con quien alguna vez conversé en un balcón de la Calle del Medio en Matanzas sobre Hugo Ball y Platón, estar en Zurich, puedo aventurar, es casi una demencia. Creo que son pocos los que entienden lo que digo, entre algunos, los cubanos.

He visitado el Cabaret Voltaire, donde aquellos artistas fundaron el movimiento antiarte y oxigenador del arte llamado Dadaísmo. Tal vez en el mismo sitio donde Lenin jugó ajedrez con Tristán Tzara y se tomó una cerveza negra. Un retrato con un zapato en la cabeza fue mi mejor respuesta ante la puerta del cabaret fundado en 1916. Me encamino entonces al Kunsthaus, el museo de arte de Zurich, sin muchas expectativas. Solo en la entrada esta la puerta del Infierno conjunto que tiene integrado el famoso Pensador de Rodin. Resulta ser que este museito, tiene una colección muy completa de arte moderno occidental. Es tan completa que se puede decir que ilustra el libro Las Vanguardias Artísticas del siglo XX, de Mario de Micheli. Solo citaré las obras que más me impresionaron. Los retratos de trazos vigorosos y trabada estructura de Giacometti. Unas piedras de gran escala con ranuras que contenían aceite de oliva, del famoso Josep Beuys, parecía un monumento megalítico ancestral. Unos Mondrian de los mejores ejemplos de Neoplasticismo que pueden encontrarse. Las misteriosas obras de Arnold Bücklin, el autor de La Isla de los Muertos. Maurice Vlamink, Oskar Kokoschka y Edward Munch de pincelada poderosamente expresiva.
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Tengo que sentarme un rato a descansar después de dos intensas horas de observación minuciosa, que mejor lugar que frente a un Rothko de amplias franjas negras evaporándose sobre el azul marino. El segundo descanso lo hice nada menos que frente a los nenúfares, gigantescos lienzos para sumergirse en ellos, de Monet.
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Pasamos hacia un Rauschenberg magnífico que bien aprovecha la chatarra norteamericana, también un Jasper Jones no menos excelente. Agradecí también ver a Marc Chagall por primera vez, con su lirismo de aldeas y vacas voladoras que tanto ha influido en el costumbrismo de los pintores cubanos. Casi saliendo, (como siempre me echan de los museos a golpe de campana), descubro magnificas obras de Johannes Ittem, del mejor periodo de la Bauhaus, así como sendos círculos cromáticos de Robert Delaunay, varios Max Ernst de los mejor de su producción y para terminar una sala entera de los rasguños de Cy Twombly.
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Rubén Fuentes González
Invierno del 2009
Zurich, Suiza

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