Tuesday, February 16, 2010

Confluencias: Arte y cinematografía


El proyecto total de abarcar medios diversos de la imagen (la pintura, el diseño, el afiche, la poesía, o el video) fue uno de los últimos avatares de la Vanguardia. En la poética de los miembros del grupo Noigrandes que agrupaba a los poetas del concretismo brasileño, se plantea un énfasis estético hacia una vuelta sobre el imaginario de principios de los años veinte para dinamitar la forma, a la vez que, como querían los miembros de Bauhaus, multiplicar las variaciones semánticas y semióticas.

Esa estatización objetiva de la vida emprendido por los miembros del Bauhaus buscaba, además de la aniquilación de las fronteras entre arte y vida, una difusión bricolage de las formas del arte: arquitectura y pintura, palabra e imagen en movimiento, superficie y profundidad simbólica. La multiplicidad entre medios heterogéneos, si bien fue devorado ante la dominación de las estructuras hegemónicas de los simulacros virtuales, expuso un proyecto de arte total, por el cual el quiebre de la imaginación, movilizaba el orden político de la emancipación. Con la victoria de la Revolución cubana en 1959, se abre un espacio, ya estudiado por Marta Traba en sus Dos décadas vulnerables de las artes plásticas, para volver a sintetizar el campo de la estética con la enunciación formal de la política. De ahí que, como los performances y la vuelta a la poesía conversacional al estilo de Maiakowski, los afiches se volvieron de suma importancia para la producción de un arte revolucionario de la década de los años sesenta. Esta iconicidad de afiches de filmes, líderes políticos, o de movimientos radicales (las Panteras Negras, Vietnam, la Guerra en Angola), se entendía como variantes a los medios de comunicación en la sociedad del espectáculo, y proponían activar la conciencia del espectador en torno a la lucha de clases. El espacio que ocuparon los afiches revolucionarios cubanos, como lo leyó Susan Sontag en su introducción al arte grafico cubano, le devolvían a las masas la potencialidad de involucrarse con el arte, ya que, al menos desde aquellas polémicas entre Lukacs y Brecht, la recepción de un arte proletariado era el eje axiológico del debate sobre la relación mas amplia entre arte y política.

El afiche, sugería Sontag en aquel ensayo que introduce la monografía Art of the Revolution, es la superficie de un significado que se dirigía a la multiplicidad de espectadores, una imagen que, a diferencia de las que inundan en la reproducción mediática, representa el grado cero de un contenido no-ideológico. Si Walter Benjamin hablaba de una categoría del "autor como productor", con el afiche en la era de la reproductibilidad simultanea, el productor es ahora el lector, una suerte de protector de imágenes políticas que desafían su posición de autenticidad ciudadana. El afiche para Sontag, como para Adorno en su crítica de la cultura popular, sin embargo, era también el propio espacio de la negación: una vez que la emancipación se mutaba en la producción material del capitalismo, el proyecto de lo primero quedaba agotado desde su origen. Quizá lo le llamó la atención a Sontag en aquellos pósters fue su lugar de producción y el minimalismo total con que se estrechaba la relación entre arte y política. El filosofo francés Jacques Ranciere ha escrito en "La Superficie del diseño" algo similar: "The designer engineer intends to revert to a state prior to the difference between art and production, utility and culture, to return to the identity of a primordial form". Basta pensar en la estrella roja del almacén Macys o la silueta del Che Guevara, para repensar como ésta forma originaria, como quiso El Lissitzky, ha sido hoy fácilmente integrada en el orden ideo-libidinal del consumo visual de los mercados.
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Recuperar esta historia, y la importancia de aquellas demandas por politizar el arte es un trabajo necesario en un mundo que hoy vive tras el fin de la política. Aunque es cierto que el arte contemporáneo se ha visto forzado a explorar las coordinadas políticas tras la alteración de la globalización y las guerras de las culturas, volver al registro simbólico de los sesenta es también una forma de comprobar hasta que punto el arte hoy puede ser político, y de que forma los discursos estéticos deben infiltrar la significación estética. La exhibición Art Encounters: Interstices between Literature, Cinema and Graphic Design curada por la crítica y periodista Janet Batet busca situar la matriz del diseño grafico de los sesenta junto a la producción cinematográfica y literaria de la época. .
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La selección de estos afiches que reúnen trabajos de artistas como René Azcuy y Minerva Ruiz Cortes, de Francisco Aguilar Gálvez y Renato Aranda Rodríguez, ilustran la pérdida de potencialidad políticas que el diseño y los afiches sostuvieron alguna vez. Aunque no es del todo sorprendente: los afiches políticos surgieron en un momento histórico donde la utopía todavía era tolerable y necesaria. Esta exhibición nos deja con la amarga sensación de que una vuelta sobre esta ruta seria hoy otro ensueño.

El rock y la revolución cubana, la lucha armada y el "tercer cine" Latinoamericano, Andy Warhol y el pop, los poemas de Miguel Hernández y la canción protesta, son hoy vagas imágenes de una constelación del pasado. De alguna forma, estos proyectos por la politización social quedan rotulados en el arte gráfico de una época que se vio como contemporánea de la utopía. Nunca hemos estado tan lejos de otra época que, paradójicamente, continúa operando hoy hoy desde el fluir de las imágenes que nos habitan.

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Gerardo Munoz
Febrero 15, 2010
Gainesville, Fl.

7 comments:

Laura De Valencia said...

una vuelta hacia esa ruta seria posible si el disenador dejara de encasillarse como un simple "problem solver."
Muy de mi agrado este post!

Gerardo Muñoz said...

Una vuelta, creo que es lo que trato de explicar, signficaria tambien volver a la utopia, es decir, a la politizacion total, o como lo ha dicho Groys en su ultimo ensayo sobre el comunismo: remantizar con el signo la totalidad de la sociedad.
Creo que eso de "problem solver" tiene sentido desde nuestro presente libero-capitalista.
Un saludo,

G

Anonymous said...

Hay muchos disenadores hoy mas creativos que los propios artistas. Pensemos solo en la ciudad de NY. Este juega un papel fundamental en el consumerismo de la gente.

Laura De Valencia said...

Yo creo que el disenador no puede limitarse a resolver problemas del cliente. Debe observar otros problemas y abordarlos desde su actividad, sin importar si los resuelve o no y sin necesidad de regresar a la utopia. Un disenador apasionado por lo que hace, sin entrar a discutir si es creativo o no, debe hacer ese ejercicio constantemente.
Retorno los saludos.
devale

Laberintos said...

pero el diseño debe tener implicita una utilidad y un mensaje, no solo se basa en la creatividad en sí, mientras que para la pintura, esa funcion utilitaria, pasa de largo...
perdonen los acentos. poseo muchos de estos afiches, sencillamente porque me gustan desde siempre.

Gerardo Muñoz said...

Laberintos, creo que esa es una diferencia fundamental. Por que no se anima a subir algunos de esos posters en su blog? Nos gustaria verlos...
un saludo amigo(a),

G

Laberintos said...

Gerardo porque son grandes y en dimensiones reales. Mi scanner a mala pena me hace copias de un A4!! veremos, quizás algún dia lo logro...