Saturday, February 20, 2010

Diálogos con el Ogro Estético (XX): Excremento readymade



Gerardo M: Hola Ogro, desde hace mucho tiempo no conversábamos, y lo cierto es que, entre estos dos meses, hemos estados ocupado con nuestras diferentes labores; se puede decir que tú con los estudios en la ingeniería aéreo-espacial y yo en con la literatura, dos ramas que no pueden ser mas aparentemente disímiles. De todos modos – aunque esto lo dejaremos para otro momento – la literatura y el espacio comparten mucho más de lo que recordamos de uno de los títulos de la obra de Antonio Muñoz Molina. En realidad, el espacio es la literatura, y escribir siempre requiere ciertos cálculos un tanto agudos, aunque invisibles, que muchas veces solemos categorizar la escritura o la palabra bajo la aureola de la inspiración y otras cursilerías. Ambas empresas buscan ex nihilo una creación novedosa, un ápice en el espacio. Pensando esto, apunto a modo de introducción, que hoy, mientras me paseaba por mi biblioteca, pasé el ojo por unas de las obras más olorosas de la tradición moderna del arte.

Ogro: Muñoz, seguimos en coloquio, y después de tanto tiempo, estoy mas que curioso por saber que has podido mirar en tu biblioteca visual. Pero, antes que todo, me sorprende tu incursión reconciliadora entre la ciencia y la escritura. Pienso sobre todo en Severo Sarduy quien, ya en sus ensayos en Barroco, hacia una ingeniosa correspondencia entre el descubrimiento del espacio elíptico de Kepler y las formas ovaladas de los personajes en los cuadros del Greco. En realidad, ¿qué obra fue la viste hoy? ¿Se trata de un cuadro, de una foto, o de un objeto?

G.M: No creo poder precisar si se trata de un objeto o de los desechos de un objeto: he visto una de las latas que contienen el excremento del artista italiano Piero Manzoni. En 1961 con Merda d'artista, el artista creó una serie de 90 latas de su propio excremento para venderle a los coleccionistas de entonces, y por supuesto, en busqueda de polémica, Manzoni tanteaba los límites entre el arte y la vida, entre la comodificación y el objeto estético. No sorprende mucho la creación de Manzoni, pues el objeto como obra de arte tiene sus orígenes en las primeras tentativas de la vanguardia que, a través del readymade de Duchamp, buscaban descentrar la singularidad de la infinita serie de los productos modernos. Lo realmente curioso de la obra de Manzoni es que, a diferencia de Duchamp, el objeto es lo singular, si se quiere, de la serie de su propio intestino, es decir, se trata de canjear parte de composición material misma del arte (o de las sobras de una ontología) por dinero. De ahí que, como Duchamp y Klein, en la pieza de excremento de Manzoni se pueda leer cierto encanto moderno por la alquimia, ese deseo estético de transmutar los desechos o la materia vil en todos los resplandores del oro. Para algunos poetas y filósofos medievales, incluso en algunos pasajes del Polifemo de Góngora, el excremento fue una metáfora del oro, y una ubicación topológica, en la cual se representaba la centralidad cósmica del sol. De modo que, en su afán de escandalizar con su obra iconoclasta, Manzoni también se remontaba a una tradición que se remonta a la pre-modernidad.

Ogro: Otras de las formas de leer la lata de excremento de Manzoni seria verla desde su estética personal. El artista italiano en muchas de sus otras obras – como las de los globos que infla con su oxigeno, o los huevos con su huella dactilar – exploró los restos del artista como la verdadera obra de arte. Desde este ángulo, creo que la obra de Manzoni tiene un valor especial en la historia del arte moderno. Él, como pocos pudo ver que la obra de arte es una potencia que nace desde adentro y que sobrevive al propio artista.

G.M: El mismo Lezama, ahora que mencionas el episodio de los globos de oxigeno, decía que la poesía y el arte en general era un fotograma de la "respiración". Ya estudiado por Peter Sloterdijk, la modernidad estética tiene un amplio y fructífero recorrido por el aire que va desde Dalí y Canetti, hasta el aire de Paris de Marcel Duchamp. La fascinación por el aire se puede aproximar en Manzoni a la fascinación por el desecho y los residías del Ser. Ha sido siempre el arte, antes que la filosofía, quien ha nutrido el campo intelectual de ideas fascinantes. Lo mas innovador en Manzoni, a mi juicio, tiene que ver con las polémicas que, desde mediados del siglo XX, han intentado leer al cuerpo. Si el excremento proviene del cuerpo mismo, que nos puede decir el acto de "enlatarlo" y de venderlo a coleccionistas de arte? En este sentido la línea mas directa de un discurso sobre los fluidos y los extractos del cuerpo nos remite a Josep Beuys, quien instaló en numerosas ocasiones inmensos cubos y cuñas de sebo en sus obras esculturadas. Para Beuys, como es sabido, la grasa era más que una metáfora de la energía, ya que era la energía en su materialidad más etérea. En Manzoni hay una reducción de este concepto, aunque me parece que difiere en significación. En vez de potencializar la energía desde el excremento, Manzoni halla en éste el ultimo estrago del arte, el ultimo espacio donde el arte puede evitar antes de desaparecer. Mas allá del obvio giro irónico que presenta la obra, creo que el excremento es un comentario sobre la fragmentación ontológico, o lo que Jacques Derrida llamó la trace, una descentralización total del sujeto en la huella de la no-presencia.
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El excremento, además de hacer burla al mercado como institución que arruina y "excrementa" el arte, en estas latas ubicamos también el artista. Y su firma es prueba de legitimidad en la circulación artística.

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.Ogro: Los treinta gramos de mierda de Manzoni han inspirado a otros artistas a reescribir las rutas entre el arte y el excremento. Tu mencionabas el cuerpo, y a mi se me hacia imposible no pensar en el famoso objeto esculturado de Ángel Delgado, donde el artista en plena galería habanera, y en cuclillas, defecaba sobre el periódico Granma centro del órgano oficial del Partido Comunista Cubano. Más recientes – y también más obscena, quizá por su enorme tamaño – son las obras "fecales" del artista español Santiago Sierra, en las cuales se retoma la enculturación manzoniana del excremento. Tengo la impresión que la estatización del excremento da un paso más allá del concepto de lo grotesco: instaura la tradición del "shock art" que hace una década atrás era de una las estrategias artísticas para la sobrevivencia del arte en la era de la imagen. ¿Compartes esta distinción?

G.M: Creo que el ultimo intento del shock-art devino en la importante exhibición de los Jóvenes Artistas Británicos, cuya muestra incluía, además del busto esculturado en sangre de Damien Hirst, una de la piezas mas visitadas del arte contemporáneo: la Virgin María sobre trozos de mierda de elefante de Chris Ofili. Se puede decir con tranquilidad que, en aquella exhibición que tanto estruendo causó en Nueva York, se cerraba el último anhelo de un arte transgresor y ofensivo. Con las fotografías de las torturas en Guantánamo, y la repetición de los aviones derribando el World Trade Center, se incrusta un "desierto de lo Real", al decir de Zizek, que de forma total supera cualquier manipulación estética en el campo del arte. Si bien la obra de Manzoni obtuvo una dimensión del "shock-art", en general a nivel de recepción, no creo que se pueda hablar de las latas de excremento de Manzoni solo en función del shock. En Manzoni se lleva a un punto casi terminal el precepto vanguardista del readymade, en este caso desde las emanaciones del artista, ya sea el excremento, las huellas, o el aire. El deseo de coleccionar al artista ha sido el fantasma moderno del arte; con los restos fecales de Manzoni estamos frente a la negación estructural de ese deseo. Lo único permisible es archivar los restos que han quedado, y del artista que próximamente desaparecerá, solo su excremento.

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