Sunday, February 28, 2010

El sentir de la catástrofe


I.

Si no había escrito nada acerca de la muerte de Orlando Zapata Tamayo es porque pienso que lo catastrófico se encuentra en esa zona lingüística en que el evento real, por su profanación total, anula la posibilidad semántica y expresiva del lenguaje. De modo que anunciar o glosar un comentario sobre una muerte de extinción es volcarse sobre una laguna de la palabra, o quizá aislarse de un esfuerzo por mantener el poder del silencio como testimonio auténtico. Es la paradoja que Primo Levi discernía al decirnos en Los ahogados que el Musulmán del campo de concentración – aquel ser sustentado por mínimas capacidades biológicas – es el único que puede hablar, el testigo total, y que, por ser precisamente el único testigo, no puede actualizar su testimonio, pues se encuentra en el umbral del lenguaje. ¿Se puede hablar sobre una catástrofe, sobre una vida sacrificada absurdamente por el poder político, sin acaso caer en los sentimentalismos y en la reiteración de lugares comunes, de imágenes trilladas, de voces que no rozan con la potencia de la catástrofe? En otras palabras, ¿quien puede hablar que no sea Orlando Zapata Tamayo con su voz, después de la muerte, en testimonio de su muerte? ¿Quien o que puede tomar el lugar de Orlando Zapata Tamayo sin incriminar su responsabilidad de culpa y de ansiedad existencial a expensas de un muerto?

II.

Anna Akhmatova cuenta en una parte de sus diarios, que en una fría mañana en las afueras de una prisión, donde su hijo se encontraba preso, un grupo de mujeres le preguntó si ella podía escribir sobre aquel momento. Akhmotova respondió con una sencillez imperturbable: "Si, yo puedo". La escritura de la catástrofe entonces se inserta en la posibilidad escribir lo imposible, es decir, confrontar aquello que no posee una imagen bajo un símbolo que la retiene. La muerte de Orlando Zapata no tiene imagen, pero en esta propia ausencia que encontramos la palabra. La palabra a la potencia del hablar. Las palabras que ahora escribo.


III.

Primero, si acaso es posible hablar del tiempo en la instancia apocalíptica de eventos catastróficos, fue el fallecimiento del preso político cubano Orlando Zapata. Tras pasar más de ochenta días de huelga de hambre, Zapata fue reducido al lecho de una muerte inmanente. Sinceramente no resulta sorprendente que el gobierno nacionalista – ese país que vive bajo un estado de excepción desde 1959 – de Cuba, ahora bajo el comando de Raúl Castro, elimine físicamente a sus opositores. La Cuba revolucionaria tiene una larga historia aplastamientos y deicidios contra el concepto de vida sagrada del ser político. Los gobernantes cubanos siempre han dedicado, sin reparo, la vida de los vivos. Orlando Zapata Tamayo comprueba que el poder también puede decidir sobre la muerte. Esta diferencia sobre los dos estados de la vida política que trasforma al ente social en una vida desnuda hace posible una correlación, al menos conceptual, entre las prácticas del campo de concentración y la vida en los totalitarismos de Izquierda. Un amigo recientemente me advertía: "Es que no se puede comparar el campo de concentración con Guantánamo o con Cuba…es imposible". En efecto, el concepto de campo reside en esa ambigüedad entre lo posible y lo imposible, entre el dominio de los cuerpos y la negación de la muerte. En los últimas dos días han ocurrido dos eventos catastróficos: no solo la muerte, o el dejamiento a muerte", del preso cubano Zapata Tamayo, sino el terremoto que ha exterminado cientos de personas en Chile. En ambos casos – en lo singular y en la comunidad – la muerte es negada por el evento de la muerte. La catástrofe es el sentido que se le otorga a esa aporía en donde el ser muere sin decidir la causa de su muerte. En el caso del cubano fue el Estado, esa manifestación totalizadora de la Revolución; en el caso de la naturaleza no es menor la pulsión total: el abismo de la naturaleza.

IV.

No hay imagen posible de la catástrofe, sino residuos, trazas, cenizas. De modo que Freud no se equivocaba cuando decía en Moisés y el monoteísmo que la labor del historiador es descifrar en las cenizas del pasado, el evento catastrófico de la Historia. Cuando se niega la posibilidad de la imagen, lo único restante es la repetición memorial de algunos restos, de subversiones a-temporales que anteceden y que postergan la catástrofe. Tanto el terremoto en Chile como la no-muerte de Zapata son eventos imposibles de representar, sino por la ausencia, o como en un cuadro de Frank Stella, con la repetición del color negro hasta el infinito. Jacques Derrida, en sus palabras sobre el perdón cosmopolita sobre Sudáfrica, habló sobre la posibilidad de estar siempre de luto. Un luto que oscila entre el antes del evento y su posterioridad como un don hacia el Otro. Ahí encontramos un modo de vida, y una ética del acto.

V.

Para penetrar lo catastrófico, solo se puede citar, perpetuar, volver sobre eventos, en fin, recordar el pasado que difiere sobre si mismo. Citar todo menos los detalles del evento, ya que lo Real aplasta de alguna forma toda mimesis de la realidad. Estos apuntes quizá podrán ser leídos como un método para archivar la catástrofe, o para recoger sus cenizas. En contra de todo tipo de olvido: la ausencia en la repetición del leguaje. Repetición de nombres propios, y de nombres espaciales. Zapata Tamayo, Zapata Tamayo, Chile: grafías que hoy nos persiguen.

VI.

Que acontezcan eventos como 9/11, el genocidio de Irak, el dejar-morir de Orlando Zapata, o los temblores sísmicos de Chile y Haití, son pruebas que el siglo XXI comienza desde el horizonte de la destrucción total. (También lo confirman las últimas producciones fílmicas de Hollywood). Por una parte entrevemos el caos que realmente es el orden de la Naturaleza, y por otra, enfrentaremos la continuación de totalitarismos por otros medios. Uno de los problemas filosóficos del siglo XXI será la evolución de los peligros de la Naturaleza en el espacio soberano que comunidades democráticas y capitalistas no han logran atenuar. En el campo de lo teológico, un Ángel de la Historia volverá a levantar sus alas para contemplar las ruinas que se confunden entre la naturaleza y los cuerpos humanos.
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Gerardo Munoz
Gainesville, FL.
Febrero 2010
Imagen: "Negro" de Frank Stella

3 comments:

Anonymous said...

La Patria tiene un astro nuevo: ¡ORLANDO ZAPATA TAMAYO ha muerto, para vivir su propia libertad!
Debiera tener un astro nuevo,
cuando cae en la patria un hombre
que la defiende"
JOSÉ MARTÍ
Un hombre-astro, papalote dueño de su propia libertad
Todos los cubanos hemos podido corroborar hoy que la vida y los anhelos nacionalistas de Orlando Zapata Tamayo fueron siempre de una vocación patriótica y una valentía impresionante, tanto como los del personaje Martino, en el drama indio "Patria y Libertad" (1877), de nuestro José Martí:
Pues él, como el quetzal, al enjaularlo,
muere en la jaula, de dolor y pena.
Martino ansía la muerte una y mil veces
a esclavo ser, sin patria ni bandera.
De ese modo entregó su patriotismo Orlando Zapata Tamayo, en beneficio de la libertad de Cuba. Ni con la muerte pudieron doblegarlo los castristas, porque él prefirió morir como el quetzal, y entregar su alma a la vida eterna por la independencia de su isla, al igual que nuestro Martí, quien siempre consideró que "hay dos vidas, la que se arrastra, y la que se desea", por lo que, no cabe dudas de que Orlando Zapata deseó la única posible, para alcanzar la verdadera dignidad y expresión del ser humano, que es su libertad total. Remedando el mensaje de nuestro Apóstol, puedo decirles hoy que: Un hombre que cae por la patria nueva, como Orlando Zapata Tamayo, es un astro de su infinita libertad.

Banderas a media asta en nuestros corazones, por Orlando Zapata Tamayo, un héroe de la infinita libertad de Cuba.

José Antonio Gutiérrez Caballero
Miami, 23 de febrero del 2010.

rubenarteobras said...

Me uno a tí amigo Gerardo, porque no es justo que en Cuba muera nadie más en huelga de hambre. Nosotros, cubanos que vivimos lejos de nuestra patria sufrimos mucho estas noticias, como si hubiera muerto un hermano.
Cuando estas cosas pasan son evidentes síntomas de una urgencia.
Pregunto: ¿Hasta cuando el pueblo cubano tiene que sufrir y sacrificarse, hasta cuando resistir y luchar, hasta cuando luchar contra el muro de rocas escarpadas?

Rubén Fuentes

rubenarteobras said...

Esta obra de Frak Stella no es suficiente para expresar el dolor que sentimos los cubanos con la muerte de Orlando Zapata. Añado el "Cuadrado Negro sobre Fondo Negro" de Malevitch, las "Pinturas Negras" de Ad Reinhardt, e incluso los "agujeros negros" elucidados por los físicos teóricos, aberturas en el espacio tiempo que engullen la luz y destruyen irremediablemente la materia.
Me uno al dolor de los cubanos, ¿hasta cuando la luminosa isla del Caribe se tiene que vestir de luto?