Sunday, February 7, 2010

La ciudad comfy de Sarah Ross


Cada vez con más frecuencia la ciudad se vuelve un sitio de malestar, un recinto lleno de incomodidades que, mas que existenciales, son ciertamente un tedio físico. Lo que ha se venido llamado la "crisis de la ciudad" tiene sus orígenes en ese espacio tenue que se dibuja como un abismo entre el fin de la política, y los comienzos de la era de lo digital. La ciudad ha tratado de superar una cultura de la cual no logra acomodarse, y una red política en la que continúa sumergida.

Si en el siglo diecinueve Walter Benjamin instrumentaba el tropo del flaneur para poder circunnavegar la comodificación de la urbe, hoy se tendrían que hablar, ya no de una figura del caminante, sino de una polifigura de entes que salen a las calles para buscarse la vida y sobrevivir en ella. Estas ciudades "sin ciudadanos" – como las llama Eduardo Cadava en su antología sobre la política del espacio urbano – son lugares abiertos e íntegramente heterogéneos, ceñidos en una rara convivencia de lo global: el vendedor urbano y el millonario, el deportista y el intelectual, el artista y la nueva modelo, una banda de Hare Krishna y un grupo de rock gótico, en fin, las bandas nocturnas y los inmigrantes. El estallido de la relación dialéctica entre centro y periferia, no es mas que el resultado de estas travesías por lugares que ya no se pueden marcar con una huella, y que, por mas que uno no quiera, siempre resultan espacios de alteridad donde lo fugaz no permite definir un derrotero predecible. Cómo suavizar los cambios de la ciudad y sus mutaciones de actividad constante es hoy uno de los retos para el ciudadano de estos espacios. También se convierte en un reto no menor para el artista que vive en la ciudad.
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Body Configurations Resistance (2005) y Archisuits (2006) son propuestas (y de alguna forma también respuestas) a los males de la incomodidad urbana. Para la artista y diseñadora Sarah Ross quien ha vivido en la ciudad de Los Ángeles, la comodidad es una salida de la incomodidad de la urbe. En su arte hay un pragmatismo que solo se puede concebir en el imaginario norteamericano: el malestar de la ciudad se combate con la creación de la comodidad entre el cuerpo y diferentes espacios.
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En la primera serie, y como una cirujana atópica, la artista penetra con no poca resistencia imaginativa en los confines de la ciudad en busca de la relación del cuerpo humano. De ahí, entonces, las fotografías que integran la serie. Son cuerpos arrojados o aislados en diferentes lugares públicos de la ciudad: encima de una cerca, en los asientos de una estación de autobús, o sobre una piedra gastada por la velocidad del tiempo. Sarah Ross trabaja bajo el método de hipótesis y conclusión, pues si en la primera serie la artista desmantela los lugares del malestar, o mejor, los objetos que se resisten al cuerpo, en su propuesta Archisuits (2006), Ross propone resolver estas incongruencias corpóreas desde una modificación del cuerpo. Los trajes de Archisuits son completamente inverosímiles, imprácticos, y extravagantes. Son todo esto, cierto, pero son también muy cómodos y ajustables al paisaje urbano. Se no busca aquí sorprender con la moda o con el silencio del anonimato, sino con el funcionalismo de la comodidad. Integrando el espacio negativo de los bancos y los relieves de la ciudad de Los Ángeles, Ross diseña una serie de trajes para poder lanzarse a la ciudad dispuesta a sobrevolar los obstáculos reales, y así convertir a la metrópoli nuevamente en un lugar donde es posible descansar y convivir con los otros. Si se trata de convivir, el fin de estos trajes no es solo hacernos convivir con los otros, sino con nuestros propios cuerpos.

En un ensayo a finales del siglo XIX, Paul Lafarge escribía un opúsculo titulado Derecho a la pereza. Para este rebelde discípulo de Carlos Marx, la actividad del trabajo capitalista podía solucionarse a través de la inactividad ociosa. El sistema necesita de nuestros cuerpos, de nuestra energía y potencias, de la organización de actividades y de los movimientos de nuestros cuerpos. En realidad el sistema capitalista necesita todo aquello que nos haga trabajar – mantenernos bajo la condición de lo activo, y muchas veces hiperactivo como síntoma de tanta actividad – y hasta la propia muerte el cuerpo se entiende desde su formación vertical. El lado más sombrío del trabajo humano fue el campo de concentración, en el cual el trabajo mismo fue telos de la muerte. El ocio, por otra parte, es un acto violento contra el sistema, pues, como ya ha recomendado Alain Badiou, muchas veces es mas violento mantenerse en la posición de no hacer nada, de ser un ente aleatorio en la matriz del sistema que mantenerse en activismo de la emergencia. La ciudad como producción espacial del sistema capitalista, al decir de Henri Lefebvre, es una ciencia de construcción de espacios de incomodidad para el cuerpo, esto explica entonces porqué la ciudad es análoga al movimiento, al fluido, y al nomadismo perpetuo.
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Vivir en una ciudad es siempre querer salir de ella, y sin embargo, la salida de la ciudad siempre es negada por la iterablidad de los regresos. A este raro magnetismo centrípeto en la ciudad, Ross propone una levedad del cuerpo, un ensueño en pleno verano.
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Responderle a la ciudad con una proliferación de espacios del confort es un acto político de no poca trascendencia. Si el confort siempre ha sido el estímulo de una clase dominante, ahora todo residente de la ciudad puede invertir el confort en sus espacios deseados. Desde luego, la utopía seria hacer de la ciudad un espacio de la comodidad, del no-trabajo, de una inmovilidad total. Lamentablemente los tiempos de la utopía han sido atravesados por la antipatía de la cultura. La propuesta de Ross es más portátil: camas y almohadas que se pueden llevan como mochilas, y que, tras un recorrido del paseante por la ciudad, se puedan echar a la sombra de alguna esquina. El confort nos lleva así a la silenciosa sedición de lo sosegado, y a la evasión de los adeudos del cuerpo.
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Gerardo Munoz
Febrero del 2010
Gainesville, FL.
*fotos cortesia de Sarah Ross

4 comments:

Laberintos said...

Tienes mucha razón y muy bueno tu artículo.

Gerardo Muñoz said...

Muy interesante la obra de Ross, cierto. Gracias Laberintos.

G

juan felipe hernandez said...

El mio, cómprate la bolsa esa para que la lleves por Campus y te acuestes un ratico en Plaza de la Americas

Gerardo Muñoz said...

Hay que comprarse una de esas maletas/camas para reposar un poco el Hare Krishna. Muy cierto.
G