Tuesday, February 2, 2010

Michel Foucault y la impresión revolucionaria



I.

No fue hasta los últimos años de su vida, cuando trabajaba incesantemente sobre su Historia de la Sexualidad que, el filósofo e historiador francés Michel Foucault dio un giro sobre la posibilidad de un acercamiento crítico en su filosofía.

En ensayos como ¿Que es la Ilustración? ¿Qué es la crítica? y en algunas entrevistas donde declaraba su simpatía por el trabajo de algunos miembros del Instituto de Frankfurt, en especial la obra de Jurgen Habermas, Foucault admitía que con la ruptura de Kant en el pensamiento del siglo XVIII, se podía rescatar un conjunto de preguntas para analizar la actualidad ontológica del sujeto en su contexto político. Según Foucault, además de existir en Kant un metafísico que unió las dos tradiciones o métodos para analizar la verdad del siglo XVII – el pensamiento empírico inglés por una parte, y el cartesianismo por otra – también se puede localizar un pensamiento donde se analiza por vez primera al hombre como un ser contemporáneo, en el sentido que le otorga Giorgio Agamben, por el cual se puede iluminar el presente a través de un examen del pasado. En el pensamiento de Foucault está práctica se le otorga un nombre: arqueología, método por el cual lo singular se entrepone frente a lo específico poco problematizado para llegar a comprender un orden epistemológico o lo que el filósofo llama un episteme. De ahí, entonces, el interés del autor de Las palabras y las cosas por lo minúsculo, por las paginas de algún escolio olvidado, por un discurso que pueda dar a luz el desarrollo de lo actual.

II.

En un ensayo poco conocido de 1983, ¿Que es una revolución? originalmente una de las primeras conferencias en el Colegio de Francia, Michel Foucault vuelve a retomar ciertos aspectos del pensamiento kantiano para esgrimirlo con los debates de la Modernidad. A Foucault le llama la atención de la Ilustración el hecho que, mas allá de haber marcado cierta época en la historia de las ideas, pudo nombrarse a si mismo, es decir, se reconoció dentro de un orden de las cosas en el momento que ocurría como algo actual. Sabemos que Kant publicó a finales del siglo XVIII un importante ensayo respondiendo la pregunta sobre la definición de la Ilustración, un hecho que, por si mismo, despertó un gran debate intelectual en pensadores alemanes. Mendelsohn, Hamman, Herder, Jean Paúl, y Kant fueron algunos de los intelectuales de la época que intentaron de dar respuesta a su propia condición del presente: ¿Qué constituye esta razón que se abre ante nosotros, y hacia donde nos conduce la salida de la inmadurez del hombre? ¿Cómo puede afectar el pensamiento racional y científico en la esfera pública y el orden político? Foucault rescata un texto de Kant que de alguna manera retorna sobre la pregunta de la Ilustración, por el cual Kant se preguntaba precisamente "¿Qué es una Revolución?".

Se dice que el único día que Kant interrumpió su andanza por Koninsberg fue en 1789 cuando la noticia sobre la Revolución Francesa llegó a tierras germánicas. Años más tarde analizando aquel evento, Kant se pregunta cual era la causa de una revolución, y si ésta se puede pensar como un evento que se coloca como catalizador en el progreso de la humanidad. De ahí que para Kant, advierte Foucault, la Revolución Francesa, como momento singular del presente, ponía en juego el propio futuro del progreso humano en la historia. Así apunta Foucault en su comentario sobre la idea de la Revolución bajo el signo del progreso:

"Escribía Kant – nos comenta Foucault – que no debemos esperar que aquel evento [la Revolución Francesa] sea grande porque un gesto grandilocuente ni mucho menos por atrocidades ejercidas por los hombres, en el cual los hombres grandes se vuelven chicos, y los chicos hombres grandes…no, no se trata de esto para nada. En aquel texto, Kant advierte a sus lectores que no son los grandes eventos en los cuales debemos interpretar como signos que pronostican el progreso del hombre, se trata, en cambio de eventos que son mucho menos perceptible, menos visibles….Es decir que, para Kant, la Revolución en si no es muy significativa. Lo que es significativo es la menara por la cual la revolución se vuelve un espectáculo, como la revolución es recibida por aquellos que no participaron en ella, y quienes la vieron desde afuera, para bien o para mal, se dejaron arrastrar por ella"*.

De manera que Kant sospechaba en la propia dualidad de las clases sociales, algo que el mismo Carlos Marx mucho años después erró al pronosticar que, quizás muy compulsivamente, la inminente revolución del proletariado: una vez que los pobres toman las estructuras del poder, subvierten también a los grandes en nuevos chicos.

III.

Para Kant, la revolución no tenia ningún valor intrínsico dentro de un paradigma o como un evento, como lo ha sugerido Alain Badiou, por el cual se puede sacrificar todos los valores para llegar a un estado superior de justicia social hacia el progreso humano. A diferencia de otros pensadores que han entendido por Revolución el grado cero de la Historia, un momento mesiánico que se prepara para redimir la humanidad (Hannah Arendt, Hebert Marcuse, o Walter Benjamin), para Kant la Revolución es un evento que sucede en la subjetividad del exterior, es decir, en la impresión que el evento dibuje en la actualidad de los hombres libres.

Así se puede entender con mucha mayor claridad el hecho que Kant repudie el valor de una Revolución, ya sea si fue ganada o perdida: "Importa poco – escribía Kant – si la revolución de un pueblo es victoriosa o fallida, importa poco si en su proceso acumula miseria y atrocidades, lo que importa es la voluntad de aquellos que, por un mismo camino, estuviesen de acuerdo de pagar el mismo precio". En otra parte de su ensayo, Kant también muestra simpatía en torno a la revolución, ya que según el filósofo las revoluciones pueden cumplir al menos con dos funciones: politizan la conciencia de un pueblo, y buscan el camino hacia la "paz perpetua".

IV.

Si el rechazo de la guerra – un poco utilizando aquel famoso titulo de las novelas de Sartre, nos conduce hacia "los caminos de la libertad" que Kant identifica analógicamente con la paz, entonces la revolución normativamente es un proceso aceptable. Donde existe por una parte la politización de la conciencia pública, y la paz, ¿no estamos frente al proyecto mismo de la Ilustración? Michel Foucault sugiere quizá el argumento más perspicaz del ensayo cuando llega a este punto: si Kant había definido la Ilustración como la salida de la inmadurez del hombre, entonces, esa salida solo puede constituirse por medio de una Revolución. La Revolución no es mas que el derrotero – aunque en si no aspire al gran "progreso" de la humanidad – la única vía de que el hombre moderno llegue a alcanzar la verdadera emancipación política. Kant entendía al final de su ensayo, que un momento realmente revolucionario en el progreso del hombre, pudiese crear las condiciones bajo el cual los hombres (el pueblo) pudiesen decidir sobre su formación de gobierno y las formas de dirigirse a si mismo. El arduo camino, como lo entendió Kant, construye desde el momento revolucionario una potencialidad hacia el futuro.

Lo que entusiasmó a Foucault de la respuesta revolucionaria de Kant se puede entender por medio de una axiología: ni Kant glorificaba la ocurrencia de un evento que pudiese ser multiplicado como paradigma de acción – como lamentablemente terminó sucediendo con el comunismo del siglo XX – ni tampoco rechazaba la posibilidad de un conducto revolucionario para responder, a través de la acción política, a la pregunta de la Ilustración. En Los Espectros de Marx, Jacques Derrida sugirió una Internacional a'venir, centrada en el futuro de la humanidad. Ya en aquél ensayo de finales del siglo XVIII Kant veía a Revolución no como un evento de trascendencia histórica, sino como un cauce situado en el umbral de una emancipación futura. La lectura de Foucault sobre el concepto de revolución en Kant también podría iluminar su enigmática simpatía con la revolución de Irán de 1979.

V.

Estudiosos como Thomas Mann o Theda Scokpol han entendido los procesos de revolución como paradigmas en el cual la sociedad se transforma en un nuevo modelo que reorganiza los poderes establecidos. El momento más radical en Kant – como enseña Michel Foucault en aquella conferencia – fue el haber entendido la revolución como una impresión para la humanidad que merece ser tramitada de potencia a acción. En tiempos que vivimos en la "era del fin de la política", merece ser tomada en serio la transición kantiana de la revolución: debemos ir del mundo de las impresiones, ya agotadas por el liberalismo y el comunismo fallido del siglo pasado, hacia una nueva actualización revolucionaria aunque nos implique, como diría Walter Benjamin, caer en el abismo de una catástrofe.

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*"What is a Revolution?" in The Politics of Truth editado por Sylvere Lotringer 2007
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Gerardo Munoz
Febrero del 2010
Gainesville, FL.

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