Wednesday, March 31, 2010

El Mundo Afterpop de Rita Indiana Hernández


Marcada por los discursos hegemónicos de América Latina y Occidente, no resulta paradójico que la actitud juvenil, un tanto gombrowicziana en su vena inmadura, de Rita Indiana Hernández resulte a la vez de cierto esplendor lúdico como también de incierta arbitrariedad formal. Nacida en la República Dominicana, aunque vagabunda de esa “guagua aérea” que tripulaba Luis Rafael Sánchez, Indiana es una artista que se desplaza entre la insularidad y los continentes, los sonidos del DJ y los brincos de la bachata, los márgenes del derroche en San Juan y la urbe poscapital que es Nueva York. Emperifollada de cultura pop, de musicalidad (o como ella misma diría de “musicaría”), la escritura de la autora de Papi es un vuelo sobre otros géneros para al final llegar a la literatura y abandonarla. Intentemos con una metáfora: se podría hablar en el caso de Rita Hernández de un zigzagueo entre la Televisión y la monstruosidad de alta literatura, un viaje en triciclo donde cada rueda es parte del andamiaje cultura que se vive hoy, no sin cierta ansiedad, en las culturas que calan el posmodernismo.

Claro está, hablar de posmodernismo en República Dominica, es tan inverosímil como apostar por la tradición democrática en America Latina. Aun cuando ciertos historiadores y críticos culturales como Ernesto García Canclini, George Yúdice, Margarita Mateo, o Antonio Benítez Rojo, hayan trazados sólidas propuestas sobre la posmodernidad como un corte horizontal en las formaciones culturales de America Latina, la posmodernidad ante todo, si bien no presuponiendo una cronología histórica, solo se explica desde una genealogía que atraviesa la Modernidad y los contornos de lo que Lyotard llamó “las grandes narrativas” de Occidente. Conciente o no de estos pormenores críticos, la obra literaria de Rita Indiana Hernández practica la apropiación de formas y estilos en su prosa para afirmar, sin anhelos o nostalgias por los residuos del pasado, que el siglo XXI la creación solo es posible desde la adquisición de una amalgama que mezcla, otra vez a la manera de un DJ nocturno, a Thomas Mann con McDonalds, a la Pepsi con Zarathustra, a los balseros de Miami con el dinero y oro de los cuentos de Hadas, y hasta los luchadores libres con la violencia urbana. Todo vale en la literatura de Rita Indina – un poco como los collages y balbuceante sinsentidos del Dadá – ya que uno atraviesa sus libros como si fuesen no-literatura, pastiches donde la poética ha sido remplazada por el amor a la cultura de las masas y los talkshows. En todo caso estaríamos hablando, para recordar la indagación de Guillermo Cabrera Infante, de “liter-ura”, que en inglés “liter” significo basura, o manojos escritura de los desperdicios. .
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Intoxicada por las marcas, el consumo, y la producción del siglo XXI, la híper-inundación de imágenes, las novelas (¿realmente se pueden llamar novela, un genero dominado por la mimesis burguesa del siglo XIX?) que ha escrito Rita Indiana Hernández responde a una gran crisis en la narrativa de finales del siglo XX. Si algunos escritores (Enrique Vila Mata, Antonio José Ponte, Alan Pauls) optaron por una poética donde se interceptaban la ficción y el ensayo, libros como Ciencia Succión, Papi, La Estrategia de Chucueca, viven mas allá de la clasificación de lo géneros y de las formas previas en la escritura femenina (pues tampoco es diario, ni epístola de la queja). En su libro Homo Sampler: Tiempo y consumo en la era Afterpop, el ensayista Eloy Fernández Porta, busca situar a la literatura de los noventa como un espiral donde se agrietan las fronteras de cristal entre la alta cultura literaria y el circo pop, la música DJ y la novela realista del siglo XIX, el consumo de la comida rápida y una pieza barroca de Vivaldi. Esta conjunción – y a su heterogeneidad producida por los pliegues de la concentración existencial de las urbes y metrópolis – han producido un nuevo tipo de escritura que sabe” volar” y buscar “comodidad” como reza uno de los discos del grupo argentino de rock Soda Estereo. A diferencia de una crítica cultural neo-marxista en la mejor línea de Beatriz Sarlo, el libro de Eloy Porta arguye que hoy el mercado “succiona” todo objeto cultural excretándolo en residuo del pasado. Esta atemporalización, si acaso vale el neologismo, entre las técnicas culturales, los patrimonios estéticos, y las reglas del mercado, se cruzan en el plano de lo interpersonal y de los métodos más diversos de la estética de relaciones. La implicación inmediata gravita sobre el desplazamiento del sistema del gusto en la cultura (estudiado desde Hegel pasando por Pierre Bourdieu en el campo literario francés), a las fusiones entre vida y consumo como vértice de la normalización estética; y pastiche y pos-producción por otra parte, es decir, como ha señalado Nicolás Bourriaud, tomar de la producción cultural elementos previos de la creación ínter-relacional o ínter-personal.
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El Afterpop dominaría entonces, un nuevo espacio cultural donde la literatura y las artes bastardas han quedado glosadas por mismos significantes hasta el punto extremo de confundirlos. El “afterpop” sin embargo no intenta definir un paradigma que predica un fin o una actitud sobre una cultura emergente, sino quizá, como ha notado Iván de la Nuez, un proceso de mixing, un ‘copy & paste’ en el mejor de los sentidos de la Era Microsoft. En Ciencia Succión (2001) la dispersión es tal que no se queda a nivel semántico, sino que invada a la forma tipografía de la narrativa, donde se incluyen dibujos de otros artistas, marcas (el arte del branding), y tipografías del diseño del marketing. De ahí también que no es suficiente hablar de “libro”, sino de producto de alguna marca. La “marca” Rita, o la marca “Nike Rita”:
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“Ya me lo había dicho una lesbiana de mas edad, una bola de pelos no mantiene a nadie vivo…PUSHY SE PASA LA MANO POR EL PELO. La cara amarillenta, la sangra adentro de los zapatos Nike, un número más pequeño. Pushy se sube a su pasola y el mundo se mueve.; Escucha una mosquita que lo persigue se la sabe de memoria, las bolitas de plástico, las cáscaras que la gente abandona en medio de al vía….Wilfrido Vargas gritando Comejen! A la cámara, y una gran fiesta de bienvenida para Pushy que se la merece, mil robóticos respirándole en el cuello todo el día”. (pgs. 12-13 Ciencia Succión).
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Es una fiesta del lenguaje, como se dijo alguna vez de Severo Sarduy; pero también es una galaxia de productos ya ready-mades listos para el click de la literatura, y una “succión” que aspira con todo lo que encuentra en su paso por el camino de la cultura actual. En términos de registros semánticos, Rita Hernández Indiana puede pecar de ciertos excesos de oralidad – ese fantasma que persigue al escritura femenina – como bien me ha hecho notar la escritora boliviana Giovanna Rivero, aunque quizá esa oralidad es ya una malla de televisión, o de un altercado nocturno en una disco de la ciudad. No hay que olvidar que Rita Hernández es también una afamada cantante de música electrónica en República Dominica, y ha repetido en varias ocasiones como la literatura y la música para ella están mezcladas en creación de estilos afterpop. Verdaderos postres literarios son las obras de Rita Indiana (nunca plato fuerte), cuyas capas resguardan monstruos tropicales (papis, narcos, chulos) de una comunidad literaria que ya se autocalifica y se apropia de la etiqueta de comunidad inoperante y deteriorada por los excesos del sol.
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Gerardo Munoz

Marzo 30, 2010

Gainesville, FL.

2 comments:

Anonymous said...

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Gerardo Muñoz said...

Gracias, y espero que los presos politicos cubanos puedan ser libre como merecen.
Un abrazo desde la distancia, y que siga la lucha por el Comunismo y la Igualdad.

G