Wednesday, March 24, 2010

Cooperación Virtual: entrevista con Manuel DeLanda



Manuel DeLanda (México) es uno de los filósofos contemporáneos del ciberespacio más interesantes que recuerde, es también uno de los herederos más brillantes de Gilles Deleuze. Hace unos años, a propósito de una conferencia sobre Internet en Madrid, los editores de "Morgenbladet" entrevistaron a Manuel de Landa sobre la creación, sus vínculos con la arquitectura, el cine, y la filosofía. Como artista De Landa empezó su carrera como creador cinematográfico independiente, y siguió con la arquitectura y después con teorías culturales que toman como punto de partida el materialismo deluziano y la esquizofrenia de Guattari (War in the Age of Intelligent Machines). Es profesor del European Graduate School.
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- ¿Piensa usted que la perspectiva histórica del ordenador podrá aportarnos nuevos datos sobre la cultura digital actual?

- En 1984 yo descubrí que la verdadera historia del ordenador está aún por escribir. Se nos ha servido una versión a lo Walt Dysney en la que se ha eliminado a los "bad Guys" ("los malos de la película"; traductor). Descubrí que todo lo relacionado con la historia del ordenador era de base militar, y escribí una visión más completa de este tema. La cuestión del poder es esencial para escribir esa historia: poder en el sentido de la crítica institucional a Michel Foucault sobre locura y castigo. En mi historia yo presento a los militares como empresarios institucionales. Tendemos a ver el capitalismo como factor básico para la explicación del desarrollo histórico, pero no se trata únicamente de oferta y demanda, pues lo esencial es, más bien, que al ser humano se le priva de aptitudes prácticas que desaparecerán en unas cuantas generaciones. El ser humano sufre alienación en relación con las instituciones dominantes, como puedan ser la industria, los sistemas militares y los hospitales. Ahora lo que hace falta es promocionar usos del ordenador que sean capaces de socavar las estrategias militares basadas en la disciplina.
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- ¿Es posible, como en el caso de Michel Foucault, ver la historia como algo inconexo, sin divisiones como fases y períodos?
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- Ver la historia como un proceso continuo de desarrollo en el que distintas épocas se suceden unas a otras es inexacto. Ya desde el año mil hasta el mil trescientos tuvieron lugar en los Países Bajos y en Italia fenómenos que se han relacionado indebidamente con la época moderna. Me refiero, por ejemplo, a la urbanización, la industria, determinados inventos, la construcción de todo tipo de códigos reguladores de la conducta, leyes reguladoras de la herencia y legislación contractual. No nos percatamos de cómo se crea y forma la historia. Los períodos históricos son algo que hemos impuesto a la historia para estructurar mejor sus análisis. Yo no creo que la humanidad se haya desarrollado verticalmente, hemos explorado distintos espacios horizontales. La tecnología podría haberse desarrollado a partir de muchas líneas de desarrollo. El desarrollo no es lineal, ya existían anteriormente muchas posibilidades de desarrollo que la humanidad, por diversas razones, no se ha cuidado de explorar.
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- ¿No corre usted peligro de llegar a asumir una actitud de relativismo cultural, en la que no sea posible establecer paralelos entre distintas situaciones?
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- Mi idea consiste en distanciarme de forma clara de la actitud relativística. Los lemas como "anything goes" ("cualquier cosa vale"; traductor), o "toda construcción es de base social", no son más que actitudes populares, usuales, sobre todo, en Estado Unidos. Una rama del relativismo cultural tiene su origen en el campo de la antropología, donde todas las culturas son distintas y no es posible criticar al ser humano desde otra perspectiva. Conviene, más bien, hacer valoraciones éticas y tratar así de cambiar desde una perspectiva local. Pienso que hay posibilidades, no de progreso, sino de construir una sociedad menos opresora.

- ¿Podrá Internet llegar a ser un nuevo espacio experiencial de expresión capaz de contrarrestar a los regímenes autoritarios?

- La red infromática (network), y no necesariamente Internet, puede luchar contra el gran capital incluso en el caso de que las grandes compañías tengan suficiente potencia económica para la adquisición de empresas de menor volumen. La red informática puede interconectar muchas empresas pequeñas sin constituir por ello una amenaza para nadie. Al contrario, podrán intercambiarse recíprocamente conocimientos y aptitudes dentro de un sistema cuyos miembros dependan unos de otros. Si funciona este tipo de cooperación, las compañías pequeñas podrán evitar el ser absorbidas por las multinacionales.

- ¿No es utópico e ingenuo pensar que las pequeñas empresas pueden disfrutar de margen de acción en una economía mundial dominada por las grandes multinacionales?

- No lo sabemos. Debemos cuidarnos de ser demasiado idealistas, debemos ser pragmáticos. Si echamos una ojeada retrospectiva a la historia veremos que ésto no es tan utópico. Venecia, por ejemplo, existía en el siglo once en una red económica y cultural dominada por Constantinopla, la capital del imperio romano de oriente. La economía veneciana se basaba en la exportación de materias primas, como la sal y el pescado, y la importación de manufacturas procedentes de Constantinopla. Más tarde, en el siglo catorce, Venecia misma se convirtió en el centro de la economía europea. Esto puede explicarse teniendo en cuenta que la economía veneciana estaba estructurada como una red. Poco a poco Venecia fue adquiriendo conocimientos y aptitud práctica para producir por sí misma las mercancías que antes importaba. Este tipo de aptitudes se difundieron por medio del comercio con otras ciudades italianas igualmente poco desarrolladas. Es lástima que actualmente muchos países del tercer mundo no vayan también en esa dirección. Esos países debieran conectar entre sí, pero les falta una red capaz de utilizar habilidades y conocimientos artesanales y manufactureros.

Pero la escena es más compleja. La red informática aporta una difusión rápida de información y de noticias locales. La red informática no es una especie de solución mágica de todos los problemas mundiales, pero puede contribuir a crear una dinámica mejor y a simplificar la aplicación de este tipo de redes.

- Se ha prestado mucha atención a temas como la globalización, la sociedad "glokal" ("globo-local"; traductor), etcétera, en el debate sobre el crecimiento de nueva tecnología y nuevos medios de comunicación. ¿Ha habido algún respeto por lo local?

- Es preciso distinguir entre dos tipos de globalización. Las compañías multinacionales van hacia una globalización en la que de lo que se trata es de reproducir, a escala planetaria, una forma disciplinante y controladora de la producción industrial. Esto implica la transmisión de la rutina laboral estatal al tercer mundo, mientras el mundo occidental sigue siendo el centro de dirección de las operaciones y conservando en su poder la mayor parte del dinero. Ahora bien, hay otra forma de globalización que puede consistir en un sistema de virtual cooperación basado en el Internet, en el que la gente de los distintos países se una en el interés común. Yo creo en la virtual cooperación internacional y no me gusta la tendencia a idealizar los sentimientos nacionales. Los nacionalismos contribuyen a homogeneizar a la gente, y lo que necesitamos es respetar las diferencias regionales, respetar lo local.
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- Donna Haraway ha creado el concepto "Ciborg" ("Cyborg") para explicar e identificar al "nuevo" tipo humano que resulta del encuentro del hombre y la máquina. ¿Más máquina y menos ser humano?
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- Yo respeto en grado sumo al cuerpo humano. Pienso que hemos perdido el respeto al cuerpo humano, el cual se vuelve simple energía para máquinas e industria. Las máquinas dictan nuestra conducta. Además, ciertas partes de nuestro cuerpo pueden vencer sus limitaciones corporales gracias a la combinación "ser humano máquina". El espacio cibernético no es una zona libre de limitaciones corporales, pero sí que puede modificar ciertos aspectos específicos. También se ha debatido en qué medida se pierde comunicación personal física en el espacio cibernético. Tampoco debemos idealizar la importancia de la comunicación cara a cara. En muchos encuentros verdaderamente personales el debate puede llegar con frecuencia a ser dominado por el que tenga la voz más alta y la personalidad más extrovertida. Evidentemente, en estos casos actúan lo que podríamos llamar estrategias de poder. El espacio cibernético elimina este aspecto del diálogo oral. Con nueva tecnología se ha de poder dar una solución a los problemas resultantes de la materialidad del cuerpo, pero el espacio cibernético no deja margen para soluciones utópicas. El espacio cibernético pasa por ser una especie de zona franca en la que el ser humano puede dar realidad a sus sueños de libertad. Pensamos en John Perry Barlow, y también en la versión y visión más californiana del espacio cibernético. Y adoptamos una actitud más crítica y pragmática.
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Es necesario pensar críticamente sobre ese fenómeno. La revolución informática ha de ser localizada dentro de un gran conjunto. El mismo software que nos permite crear redes informáticas locales, por ejemplo, en ambiente de trabajo, nos da la posibilidad de vigilar y dirigir a los trabajadores. La posibilidad de realizar esas funciones ya está incorporada a la tecnología. Si creemos que los ordenadores pueden desarrollar por sí solos más capacidad de supervisión, nos equivocamos de medio a medio. Las estrategias de supervisión tienen ya dos mil años de existencia cuando menos. Los ordenadores llevan incorporado un control y un paradigma de supervisión ya existente, y, si se quiere analizar la tecnología de datos, es preciso tener una visión panorámica de la historia. El espacio cibernético no es más que una parte de un espacio mayor que, en términos generales, refleja lo que ocurre en el mundo real.
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- ¿Ofrecen los medios de comunicación terreno abonado para nuevas ideas?
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- Tenemos que formar una nueva sociedad, aún cuando, en realidad, no se diferencie mucho del Internet, independiente de conceptos emparejados, como, por ejemplo, liberalismo/marxismo, o Europa/USA. La sociedad virtual habrá de comprender que las ideas que hemos heredado del pasado son viejas y ya no valen para construir un nuevo tipo de realidad. Una generación joven y creativa debe olvidar a Marx. No le debemos nada. Y no queremos formar parte de esa tradición. ¡Hay que olvidar a Jefferson y a Adam Smith!, ¡Hay que olvidar las ideologías del siglo pasado! Lo que necesitamos es un idioma nuevo.

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