Wednesday, March 31, 2010

Las gaviotas en constelación

.
.
Pensado desde esa ladera que intenta borrar las fronteras entre el ensayo, la crónica, la ficción, y el pensamiento filosófico, la obra de Walter Benjamin consta con una inmensa riqueza de pluralidades de esta índole. Desde los personajes que se pasean por la urbe hasta los residuos de la ciudad, la atención a los juguetes y a los sellos, el fin del contar los cuentos y las escenas marinas de alguna viaje extraviado por el Mediterráneo de los tantos que embarcó Walter Benjamin para terminar asesinado en Port-Beau por los Nazis. En el capítulo que concluye el último libro de Samuel Weber, Benjamin –abilities, el crítico norteamericano le dedica una metáfora para sintetizar, in nuce, la dialéctica entre caos y orden, entre sistema y fragmento, de toda la labor intelectual del autor de Crítica de la Violencia. Benjamin es, ante todo, el filósofo de la imagen (bild) o de la reconstrucción de imágenes en el pensamiento filosófico y literario.

En aquel fragmento publicado en Julio 1930 titulado "Gaviotas del mar", Benjamin perfila uno de las imágenes mas preciosas de su método bild-critico-epistemológico, a la manera de la introducción de El Origen del Barroco Alemán, donde toma lugar, a través de la imagen, la experiencia de la singularidad con lo general, la unidad no-violenta, entre el genus y la especie. Samuel Weber nos recuerda que el bild, las imágenes, para Benjamin no eran ni conceptos ni ideas, sino mediaciones entre estos dos extremos, a la vez que le permitía re-introducir el problema de la experiencia singular, ya no solamente de la historia, en los estudios literarios y filosóficos. Benjamin crea entonces el concepto de "constelación" que, muchas décadas después, Haroldo de Campos tomará para su título de ese gran poema neo-concreto en espiral que es Constelaciones. En el libro de Los Pasajes, Benjamin nos comenta brevemente lo que pudiera ser un nuevo fundamento para la posibilidad del pensamiento de la constelación: "Todo aquello que se retiene en un flash, de ahora, tiene la forma de una constelación" (GS, 30). De tal forma, el pensamiento del filósofo de la reproductibilidad mecánica, unía lo efímero de la fotografía (el flash, la luz, la iterabilidad), con cierta presencia de la a-temporalidad del presente. La gaviota, entonces, parece habitar en el presente de una realidad fotografiada: es esa constelación donde puede existir la radicalidad del presente cambiante en su singularidad multiplicada desde la forma (el bild). Podemos especular como el propio acto de mirar hacia arriba – si se lee la crónica en su integridad se comprobará como Benjamin está acostado en el barco y desde allí mira las gaviotas en el aire – coincide con la imagen del hombre intentando encontrarse en la cosmología del Universo nuevamente. En un mundo secular y hostigado por la catástrofe, la constelación de gaviotas que vislumbró Benjamin, ofrecían una alternativa para salir de las cronologías de la historia, y de la línea contínua de un mundo condenado a las barbaries.

He recordado ese último capitulo de Weber, a propósito, de una bella fotografía de la artista Tacita Dean, quien muestra, como en muchas de sus fotogramas – pues mucha de estas son videos de algunos paisajes ingleses o del Mediterráneo – donde aparecen unas gaviotas gravitando sobre un minúsculo e insignificante barco de pesca que, perdido a la extrema izquierda, parece ser tragado, no por el mar, sino por la sensación de catástrofe y finalidad moribunda de aquel eterno crepúsculo. Y allí, las gaviotas, flotando en su vuelo zigzagueante, intentan conformar una constelación ensimismada de los aires: en realidad no sabemos si es una misma gaviota en la repetición de las fugas de la cámara, o si se tratan de varias singularidades que cobran existencia solamente en el recorrido del espacio aéreo. En esta fotografía, como en casi toda la obra de la artista inglesa, predomina cierta constelación de la naturaleza, y de sus objetos extraviados en ese estado que W.G. Sebald llamó la "post-Naturaleza". Dean ha coleccionado tréboles desde que era una niña, y allí vemos una constelación de una especie que es diferente siempre, y que, sin embargo, reúne cierta totalidad en si mismo. Como los tréboles, o los paisajes ingleses o alemanes, las gaviotas que se nos muestran en esta fotografías son siluetas de ese instante del centelleo que tanto le fascinó a Benjamin: a punto de desaparecer, de volar hacia siempre-otra-parte; Dean las reúne (las colecciona) en una constelación de la imagen. Sin retrocesos, las gaviotas han irrumpido en el tiempo, para entrar en los signos de la historia.

Whitman y los inmensos falcones, Heine y los altos ruiseñores, Unamuno y el buitre; quiero creer que en Walter Benjamin, la animalia es mucho mas feliz. La gaviota - a la cual podemos escuchar también en el sema gra-vita – instancia una temporalidad entre la fuga y la permanencia, en volver y estar. Como poeta del pensamiento volátil, Benjamin escogió la gaviota como significante del movimiento dialéctico entre la singularidad y la totalidad, es decir, en la existencia (o co-existencia, se pudiera matizar) de un mundo devenir animal. Estudiados por Dominik Lacapra o Giorgio Agamben en Lo Abierto: el hombre y el animal, el pensamiento de nuestro presente tiende a volver sobre los animales, ya no como metáforas, sino como especies de un futuro muy cierto; sobre una constelación donde se esgrime la propia regencia de la especie humana.
.
___
Gerardo Munoz
Marzo 30, 2010
Gainesville, Fl.
*foto: Tacita Dean, "seagulls"

3 comments:

Anonymous said...

asesinado?

Gerardo Muñoz said...

Si, no fue un "suicidio". Pero de eso comentaremos pronto en el espacio de Emilio Ichikawa y aqui tambien.
Un saludo,

G

Anonymous said...

Bello apunte, te felicito.

A.