Saturday, May 22, 2010

Judith Butler y la Guerra De Los Sentidos


“Hay un valor diferente de las vidas, unas que vale la pena proteger y llorar y otras dispensables, inconsecuentes. Hay una división moral severa sobre qué vidas vale la pena salvar y matar. Me interesa esta división”.

La filósofa norteamericana Judith Butler (Cleveland, 1956), impulsada entre otros factores por las recientes guerras que su país había emprendido, ofrecía esta reflexión hace dos años en una entrevista sobre su flamante libro Vidas precarias (Paidós), recientemente publicado en España. Una reflexión que, decía, encajaba con los estudios sobre minorías sexuales y género que la habían convertido en una de las pensadoras más influyentes de las últimas décadas con libros como El género en disputa. Después de todo, advertía, se trataba de lo mismo: la idea de lo que un ser humano es o debería ser, si otros seres son monstruos o valen poca cosa comparados con nosotros.

Ahora Butler prosigue su investigación sobre las vidas precarias y las que importan en Marcos de guerra. Las vidas lloradas (Paidós), un libro que presentó hace unos días con una conferencia en el CCCB, en Barcelona, y sobre el que habló. Los ensayos reunidos en él muestran cómo los estados preparan a su población para la aceptación de la guerra. Y también reflexionan sobre el papel de la izquierda actual.

Y es que, afirma la autora de origen judío, “la guerra siempre implica un asalto a los sentidos. Si una guerra es llevada a cabo por un Estado-nación, ese Estado- nación debe persuadir a subpoblación de que la guerra es legítima. Y esa persuasión tiene lugar a través de los medios. La preparación para la guerra, para cualquier tipo, supone la limitación de lo que puede ser dicho, leído, visto u oído. Tenemos cierta idea de cómo es la población a la que vamos a atacar, a matar, así que tienen que estar seguros de que esa población no aparece demasiado humana para nosotros y en cambio tenemos que remarcar su peligro e incomprensibilidad para poder sentirnos bien cuando les tengamos que matar. Para hacer la guerra necesitamos esta operación de preparación, que es parte de la propia guerra”.

La pensadora señala que los instrumentos bélicos no son sólo los tanques. También lo son las cámaras y sus imágenes. ¿Está la guerra por un lado y por otro su representación?, se pregunta. Se responde que los marcos que se crean para explicar la guerra desde los estados mediante los medios, ofreciendo ciertas versiones de lo que ocurre y eliminando otras “redoblan la destrucción de la guerra”. Butler observa cómo la cobertura televisiva proporciona una sensación de distancia infinita incluso desde el centro de las zonas de guerra. O cómo los números son ambiguos: sólo cuentan en determinadas circunstancias.“Si tienes derecho a matar, no cuentan tanto”. Los cuerpos del enemigo son transformados en instrumentos de guerra, unos por acción –terroristas suicidas–, otros porque sirven para protegerlos, aunque sean niños.

El mundo islámico se ofrece como único y radicalizado. “En EE.UU. es muy difícil entender qué pasa en Irak. En vez de explicaren profundidad las disputas entre suníes, chiíes y kurdos, los medios dicen que el país está asolado por conflictos tribales, otro modo de decir que son primitivos. De todos modos, aún hay que convencer a la gente de que los otros no valen organizando toda una realidad. No basta con decir que necesitamos petróleo”.

Por otro lado, afirma, los marcos utilizados para la guerra sirven también para la inmigración o la pobreza. “Intento ligar la preparación de la guerra a las condiciones de precariedad, una palabra importante para los antiglobalizadores y que se distribuye diferencialmente: unos merecen que se les proteja de la precariedad y otros no. Se trata de qué es un ciudadano, quién cuenta como ciudadano, una idea a la que asociamos ciertas imágenes”.

En su opinión, hoy “tenemos que elegir entre una idea libertaria de la libertad, basada en los derechos individuales y procapitalista, y una idea social, luchar por proteger la libertad de todos y entender la lucha por la libertad como la lucha por la igualdad. Obviamente estoy en este segundo campo. La izquierda debe ser la lucha contra niveles diferenciales de precariedad bajo las condiciones de globalización”. Para lo cual es básico percibir con claridad nuestra vulnerabilidad e interdependencia con todos los demás, porque, concluye la destrucción de otra vida es la destrucción de parte de mi vida".
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Justo Barranco
Barcelona, Mayo 2010.
Originalmente publicado en Artenuevo

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