Sunday, May 30, 2010

La sublime disciplina del desastre natural



Cuando se menciona el fin del mundo se debe tomar la aseveración dentro de una definición concreta de lo que llamamos "mundo". Alain Badiou, en Lógicas del mundo, propone una visión material, sujeta al evento trasmitido en participación de lo real. El fin del mundo, por contrario, no seria cuando la representación del mundo que conocemos deje de existir, sino cuando las formas materiales (o algunas de las fuerzas del evento-en-el mundo), sufren una desintegración hacia un nuevo orden que desconocemos. Los milenarismos, como lo ha visto Carlos Monsiváis, no se forman solo de una disparatada idea de la concepción de que el mundo es finito – y que, por lo tanto tendrá su fin – sino que parte de un mundo en su infinitud que difiere momentos transitivos, abyectos, apocalípticos.
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El transito de la caída del Muro de Berlín a la era informática es un nuevo paradigma de lo incierto. Como también lo es la globalización antes y después del ataque terrorista contra las Torres Gemelas del 9/11, o la transición de la era Gutenberg a las dispersiones babilónicas de la era Google.

El "fin del mundo" acaso no es un evento fijado en la temporalidad metafísica donde habita el Ser, sino en la perpetuidad de los eventos que pueblan la vida. Borges decía que el evento de la crucifixión no era, ciertamente, una historia que marca la vida y la historia de un hombre (Jesucristo), sino la recurrencia simbólica de todas las vidas que pueblan el mundo. Dando asi ha entender que la vida es una forma de crucifixión. La Apocalipsis es, de cierta forma, la continuidad de un concepto (metafórico o no) por otros medios, aunque en nuestro presente, como corroboran los hechos, se da con mas frecuencia a través de la imagen o la ecología.
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Como pueden demostrar las ideas del teatro total de Giulio Camillo, o la novela interminable de Macedonio Fernández, el derramamiento de petróleo en el Golfo de México, hacia las costas de Louisiana, marcan un el milenarismo de la pintura hasta donde conocíamos. Si para Stockhausen, el 9/11 fue el performance mas sublime, y espectacular de la historia del arte; el "oil spill" no se queda atrás en su belleza glacial, infinita que colorea con tonos aceitados más de ochenta mil millas cuadradas todo una parte de nuestro océano. Más de treinta y dos millones de litros de petróleo: pensamos en la densidad semántica de la obra de Góngora, o proyectos de las artistas visuales que, por muchos años, han intentado extender en sus prácticas estéticas al mundo como tal. Otra vez la catástrofe nos viene desde la representación, ya que es imposible no dejar de admirar, o de sentir, un ocaso sublime, a la manera de Edmund Burke (la dialéctica entre terror y belleza inigualable en dimensiones), hacia estas fotos, inmensas telas marítimas, de la Apocalipsis de la era BP.

Deep Horizon es el nombre que los artistas Ubermorgen han concedido a las imágenes de este Verkuenslitchung de la naturaleza que ha perdido un rumbo en el arte. Usando un comprensor y un software de edición digital, las imágenes que se presentan en Deep Horizon, son la post-producción de un evento que solo es posible representar a través de una invisible metamorfosis o distorsión del a imagen. Sabemos, de todos modos, que la imagen es real y que representa el mundo, donde el arte se ha naturalizado en su condición post-humana. Tragedias como estas nos recuerdan que, como bien han acertado algunos estetas, la naturaleza imita al arte. Y esta vez, no solo la imita, sino que se reproduce sin la ayuda del hombre. Quizá como cobro de algún siniestro pesar por brutalidad de un pasado que flota en el presente.

Sentimos cierto grado de impertinencia al mirar las fotos mientras un mundo desaparece y se transforma. Y la dimensión estética se construye, precisamente, en los límites de un desastre que ya no es parte de la ruina de la naturaleza, sino de la edificación de un belleza ajena.
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La idea del fin del mundo es imposible hoy de aislar de la geografía, del lugar que resta la tecnología de la naturaleza, y del caos en tiempo geológico. Mientras escribo esto pienso en la escritora boliviana, Giovanna Rivero quien, tras su viaje a Ushuaia para participar en el festival de la nueva narrativa iberoamericana (FINN), me cuenta historias escalofriantes del Patiso Orejudo, de los apestosos leones marinos de un costa encontrada mientras navega sobre un navío, conversando con grandes escritores de nuestro tiempo como Mario Bellatín y Alan Pauls. La brisa de Ushuaia que se mete hasta en los huesos (según recuerdo la entonación neo-gótica de Giovanna) y el malestar de la incomunicación de eventos como estos, demuestran hasta que punto la literatura o el arte en general reflexiona sobre su propio fin en el umbral de los caos ecológicos.

Frío en el sur, calor en el norte. Derramamiento pictórico y laxante que cubre, como un tapiz, el tejido del mar como una piel porosa tras un accidente inconsolable. Los que lamentan el fin del mundo no comprenden la belleza natural e irradiante que se aproxima sobre ellos, y no es necesariamente porque el Ángel de la Historia se encuentra, bajo las ruinas, para redimir la humanidad.

La belleza radica en la participación estética de una totalidad de la humanidad: ver como todo un paisaje se hunde en las injusticias y los deterioros, en las cizañas y los desencuentros de un mundo que ha preferido salir del deshielo para encontrarse en los viajes incesantes por las menudas costas de la incertidumbre. Solo nos quedara un frío abominable, y el recuerdo azuloso de estas formas.
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Gerardo Munoz
Mayo del 2010
Gainesville, FL.
*imagenes de Ubermorgen.com

9 comments:

Laura De Valencia said...

simpre hay un poco de belleza en el desastre gerry.
me encanto la cita de Borges sobre la crucifixion, todos recurrimos constantemente a esa imagen que nos recuerda un poco nuestra propia existencia y nuestra finitud.

Que buen post.

Anonymous said...

bella escritura. Saludos,

Pedro

Alexander said...

Nice post, Gerry. The night shots of the BP oil leak interestingly enough rekindled for me childhood memories of the bombing of Baghdad during the first Gulf War. Needless to say the aesthetics of terror/disaster in the age of the culture industry will never, at least for the next few decades, be a tired topic. After all, despite the paradox, is there not always discursive marketability or space for a 'sequel' to "2012"—an even more sublime and sensational 'sequel' to the End? Indeed, the sublimity of war has long been experienced in 3D; now ecological crises and God, infinitely. Best, AD

Gerardo Muñoz said...

Gracias Laura, sobre todo se trata de la representacion de esos desastres que quiza no pueden ser igualados con ninguna obra de arte o performance. La naturaleza nos lega el arte en esas rabias de si misma. Es algo que ya veian con cierta plenitud los romanticos alemanas al analizar la ruinas como depositos de lo melancolico.

Gracias Pedro, por pasar, como siempre.

Gerardo Muñoz said...

Thanks Alex. It is very interesting how, from films to novels and essays (think about Zizek's last book), border on the thematic core of the apocalyptic. I am interested however, about the sublimity of this picture as as aesthetic project because it seems to me that, since there is an "art cris" in contemporary art, one way to resolve this issue is to re-appropriate the catastrophe from a post-humanist procedure (like what happens in Nature). Again, what Bourriaud calls postproduction, is this kind of taking from what is already there and making it our own. This is what I like about the Ubermorgen project: the making of art from what is already in an aesthetic dimension. Through works like this, is that we can say that painting as such is now dead and over.
Chicago?
Hablamos,

G

Alexander said...

Yes, but how do you find resolution to this art crisis when there is a marketable exaggeration of 'what is already there?' Does not this conjured 'what is already there,' viewed today from behind 3D glasses, in a way exploit, by virtue of its hegemony in discourse as mass consumed material, the more subtle (perhaps even positive) aesthetic sensibilities readily found, as you mentioned, in Ubermorgan? My point is, as I believe Sontag once argued, that the point of reference we have to the sublime experience of Natural disasters and crises has become more and more (paradoxically) the Virtual: 9/11 was 'like a movie' or 'videogame,' just like the earthquakes in Haiti, the Katrina disaster, and the wars in Iraq and Afghanistan, etc. I think these processes may effectively endanger your 'way out' of the art crisis--that is, the positive re-appropriation of catastrophe--by displacing the naturalness of 'what is already there' and reversing the relations integral to the aesthetic experience you spoke of. But then again I could be overly pessimistic... After all, successful (and beautiful) films like Kooyanisqatsi do contradict what I have said and do, I think, work for your purposes perfectly, despite their minority status. Saludos, AD

PS. I just arrived from London a few days ago and will be in Chicago in August. I am in Miami until then. Are you here?

Gerardo Muñoz said...

Correct, although paradoxically, Sontag herself was very much in favor of seeing all types of representations...I think Baudrillard will be more of the guy that is against - or for that matter that believes - that all virtualities are condemned into a void of hopelesness...
I think I am more optimist, because the virtual, as Deleuze has taught, is already in the actual, and second because, if we do accept it as a negative, we have not made muchc progress since 1940s frankfurtism...jejej.

Yeah, we need to do something. Perhaps pass by the art district if you have not been.
Dale,

G

Giovanna Rivero said...

Gracias, Gerry, por la prosa elegantísima, muy a tono con esta vuelta a la melancolía, propia de toda conciencia del fin.

Gerardo Muñoz said...

Gracias a ti querida Giovanna, por tu generoso elogio y por tu arte.
abz,

G