Friday, May 14, 2010

Rafael Hernández, o el modelo intelectual cubano


Nos interesa, por supuesto, pero tampoco lo promovemos. Porque Rafael Hernández es el prototipo del intelectual cubano en el que no creemos. Ni queremos (hablo por mí y mi caballo, como Nietzsche).

No nos referimos a su inteligencia. Mucho menos a su habilidad. Ni al tipo específico de creencia que defiende. El asunto es que Hernández es ese modelo de intelectual cubano (que por demás tampoco inventó la revolución) que trabaja demasiado apegado a las zonas del poder. Da igual el que sea. Un tipo de funcionario epistémico (epistemócrata) para el que estar “enterado” es más importante que estar “demostrado”, estudiado o sabido.

Cuando Antonio Gramsci se dio cuenta de que su pensamiento estaba demasiado regido por los astros de una organización política, tuvo la probidad de teorizar sobre esa culpa y lograr una de las auto-apologías más contundentes elaboradas en la historia del pensamiento Occidental (junto al Discurso sobre las Facultades, de Kant) sobre los vínculos del saber y el poder. Una tradición “italiana” muy fuerte que va desde Maquiavelo a Bobbio. E incluye, por cierto, al propio Orestes Ferrara; conocedor del marxismo napolitano y entusiasta tertuliano del círculo de Antonio Labriola.

El problema de medrar intelectualmente en la periferia del poder (como se las arregla Hernández) es que se termina mimetizando todos los dobleces de la profesión política; pretendiendo validarlos después como “ciencia” en el ámbito del aula o la sala de lectura.

Desde mediados de los ´90 Hernández y otro grupo de competentes intelectuales “orgánicos” (Dilla, Carranza, Blanco, Benemelis, Martínez Heredia, Alonso, etc. -se trata de un “modelo”, no de un ala política-) emergidos del castrismo han pasado por instituciones de Miami y otras ciudades asegurando que en Cuba se dan cambios… al margen de Fidel, de Raúl… según convenga. Mantenerse veinte años en el mismo diagnóstico, sin hacer una revisión de frente a los hechos (incluso considerando que el error es una prueba), se parece más al comportamiento de un político que siempre sonríe (sin dar su neurona a torcer) que a un pensador que arruga la frente. O se frustra.

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Emilio Ichikawa

Mayo del 2010

Miami, Florida.

*Foto: Rafael Hernandez dictando conferencia.

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