Wednesday, June 2, 2010

Baader-Meinhof, complejo de una guerrilla urbana


El nuevo film de Uli Edel Der Baader-Meinhof Komplex parte de un primer plano donde emergen dos narrativas contiguas: por una parte presenciamos la llegada del Shah de Irán y su esposa a Alemania occidental (uno de esos encuentros de gobierno entre dos estados comunes), y una fiesta, donde una bella mujer vestida de verde y con cerquillo baila y lee una carta abierta – justamente publicada el mismo día de la llegada de la realeza iraní – condenádnoslo de crímenes contra el pueblo. Sorprende, primero que todo, como el director ha yuxtapuesto estas dos escenas, como si el viejo argumento de las armas y las letras hubiese quedado resuelto, velozmente, a favor de las letras. Ese mismo día, una masacre contra los protestantes pacíficos en contra del Shah y el asesinato de un joven por un policía, se convierten en catalizadores de lo que se avecinará en lo que resta de la película: el movimiento de lucha armada de la RAF y la íntima vida de sus lideres desde una forma híbrida donde se entrelazan la memoria y la psicología de masas, el ensayo de la violencia y el discurso de izquierda, la objetividad ensayística y las costuras de un época sangrienta.

La forma del ensayo, según Claudio Maíz, recorre zonas de lo híbrido dentro de los otros géneros narrativos. Y en la construcción de Baader-Meinhof Komplex, se insertan monólogos, collages de episodios políticos del 68 (muerte de Kennedy, masacre en Ciudad México, asesinato de Luther King), secuencias thriller, y esbozos psicológicos. La arquitectura heterogénea no solo aparece como forma y argumento del tema en discusión, sino también a través del desdoblamiento de las causas y la política donde surgen los hechos.

En las décadas de los años sesenta y setenta el campo semántico del terrorismo era mucho mas estrecho al que hoy estamos acostumbrando. De hecho, aun queda por estudiar, dónde y cómo surge esta fractura entre un discurso de lucha radical y la violencia ejercida por un grupo político. Pero el film Baader-Meinhof no es el lugar donde se busca responder a los móviles de la lucha armada de Andreas Baader y Ulrike Meinhof, ya que, al igual que la Brigada Roja en Italia o los Montoneros en la Argentina, la especificidad de la RAF surgía de una matriz de eventos históricos en un país que no había se sometía a la memoria del nazismo y al luto de los crímenes cometidos por el Estado durante el Socialismo Nacional.

La violencia de la RAF partía de la teoría post-totalitaria contra las democracias liberales que, inspiradas en el pensamiento de la Escuela de Frankfurt (Adorno) o en las declaraciones pedagógicas de Joseph Beuys, el status-quo liberal es ciertamente el totalitarismo por otros medios. Es de este modo que se interioriza un saber sobre la violencia contra el Estado, quedando legitimada, al menos psicológicamente, la necesidad de derrotar un poder que no aparece explícitamente como autoritario o genocida. Ya en films de la época del Trümmerfilm "films de las ruinas", aparece el tema de la continuidad del totalitarismo por otros medios, como en Asesinos están entre nosotros (1946) de Wolfgang Staudt. Allí – como en film de Edel – la policía y los agentes del Estado son parte de un pasado fantasmático que obstruye la posibilidad del presente. Los actores de la guerrilla urbana RAF se convierten, con razón, en los nuevos herederos (con una carga del pasado por ser hijos de ex-nazis durante el fascismo) de un movimiento político que intenta luchar – y derrotar, con poco éxito – un presente que no les pertenece y donde habitan los fantasmas del pasado.
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Todo tipo de acción contra la nación-estado se ha convertido en un acto "terrorista" y, hasta teóricamente despreciable por buena parte de la Izquierda mundial. También en la opción de la violencia nos encontramos hacia el "final de la Historia", donde teorías de la comunicación (Habermas), diálogos irónicos (Rorty), o democracia liberal, se convierten en apologías de un régimen, cuyo único modo de ser es infligir la ilegitimidad política y social de toda organización que atente contra su propia existencia. Hoy mas que nunca vale repensar el "monopolio de la violencia" que vaticinaba Max Weber, como una tendencia absoluta que no tiene principio ni fin, para definir la intromisión del soberano en la sociedad civil. De modo que también podemos ver una dialéctica en la violencia del Estado posmoderno o post-secular, pues a diferencia de la década de los sesenta o sesenta, éste ha ganado en poder y ha desminuido su violencia. Quizá la lucha armada de movimientos radicales no haya cesado solamente por el hecho que fueron derrotados y encarcelados por el soberano, sino porque el gobierno encontró nuevos modos de distribuir el poder, de hacer fluir el imperialismo, al decir de Gilles Deleuze, en un rizoma global, que hoy se vuelve prácticamente infinito entre diferentes instituciones situadas en la multitud.

Inspirados en el Minimanual de la guerrilla urbana de Carlos Marighella, en el "foco guerrillero" del Che Guevara, y en las ideas de la lucha armada del maoísmo, la RAF se presenta como un movimiento de liberación donde las bases objetivas del tal lucha no se encontraban fértiles para tal momento histórico de la violencia. La RAF, buscaba situarse como una guerrilla urbana:

"El guerrillero urbano es un enemigo implacable del gobierno e inflinge daño sistemático a las autoridades y a los hombres que dominan el poder y ejercen el poder. El trabajo principal del guerrillero urbano es distraer, cansar, y demoler los militaristas, la dictadura, y las fuerzas represivas, como también atacar y destruir las riquezas de los norteamericanos, los gerentes extranjeros, y la clase alta…." [1].

A diferencia de países subdesarrollados de Latinoamérica – donde si surgió la posibilidad objetiva de un marxismo con "fondo latinoamericanista" al decir de Jorge Abelardo Ramos – el RAF, compartía menos con la lucha de liberación nacional, que con los grupos estudiantiles franceses, italianos, checos, y norteamericanos. Se encontraban además con un país donde la guerra comenzaba desde el espacio de la ciudad, difícil de financiar, e imposible de combatir desde un punto de vista logístico o cartográfico del poder. La violencia, de todas formas, aparece en el film como un acto de rebeldía total: quemar una tienda comercial, asesinar miembros del Estado, secuestrar un avión, robar automóviles y bancos, o poner bombas en algún edificio estratégico de la ciudad, se vuelven el modus operandi de la estrategia contra-imperialista. La violencia, por momentos, construye viñetas de la inoperancia de un grupo que, asistiendo a la década de la posibilidad de un cambio hacia el socialismo, desperdigó sus fuerzas en operaciones de escaso alcance político.
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Aunque el film da a entender que el RAF se reorganiza tras el atentado contra el estudiante comunista Rudi Dutschke, entendemos también el porqué del fracaso de la guerrilla urbana: el desprendimiento de lo político, aturde los objetivos de las masas y el anhelo por efectos inmediatos sin conciencia o "foco". En su tratado sobre la "Reflección sobre la violencia", George Sorel, comprueba como los fines de la violencia solo existen, contradiciendo su propia ideología, en el momento inicial del combate contra lo que considera una violencia de Estado. Algo así nos sucede al escuchar la historia del Baader-Meinhof de principio a fin. En el momento que la violencia se institucionaliza (ya sea por parte del Estado, o por una organización descentralizada, abstracta, y no-objetiva), nos topamos con un modelo de caos y de insatisfactoria eficiencia para logros concretos.

Es curioso entonces como se trabajan psicológicamente a algunos personajes del film. Quizá las figuras centrales, sean paralelamente, el jefe del Ministerio del Interior (Bruno Ganz), y la periodista guerrillera Ulrike Meinhof. En el primero vemos curiosamente a un mandatario que desea entender el problema RAF más allá de su participación política, pues quiere entender las raíces que dieron paso a que un grupo guerrillero surja como malestar de una sociedad. Varias veces los argumentos esgrimidos por el cabeza del Interior recuerdan al análisis de Slavoj Zizek en Violencia (2008): solemos entender la "violencia sujetiva", y dejamos a un lado la violencia cometida por las estructuras del poder y por el Estado que, para crear la aparente paz sistémica que conocemos diariamente, necesita ejercer una violencia continua [2]. Este es un líder que cree que las causas de la lucha armada no están del todo desligadas de las injusticias que el mismo poder fomenta en su desigualdad política y social, la exclusión de las masas, y la violencia de Estado.

La figura de Ulrike Meinhof es mucho más trágica, pues presenciamos, a la manera de la gran tradición alemana bildungroman politik si se quiere, la declinación y el desgaste físico y emocional. El caso Ulrike Meinhof es ejemplar de la contrariada posición del intelectual en campo de la batalla de ideas. Con más énfasis que Debray, Meinhof después de rescatar a Andreas Baader mientras le conducía una entrevista desde la cárcel, decide que su posición está en la clandestinidad. En esta lección cervantina. Por momentos habra que decidirse por las armas y dejar a un lado las letras.
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Uno de los momentos realmente bellos de toda la película es cuando Ulrike, en el silencio de un páramo del desierto, decide dejar atrás a sus hijos por la causa revolucionaria. Perderlos para nunca más verlos: solo unos meses atrás, en una entrevista para televisión alemana, Meinhof había apostado por una revolución doméstica, donde la figura matriarcal pudiera llevar a cabo el cambio hacia el socialismo. La tragedia de Meinhof radica en saber que una lucha armada tampoco será victoriosa, y que, sin embargo, debe ser ejecutada para mantener fidelidad al evento de lo singular en lo común, es decir, en poner el juego la más inestimable pertenencia por la causa de la derrota. Hacia el final, la caída psicológica de Meinhof, es ilustrativa de la realidad de una lucha armada donde el amor y la paciencia, se tienen que sacrificar por esa "dolorosa alegría de lucha", como rezaban las palabras de Lyotard.

La persecución policial de los miembros de la RAF desmanteló la organización, aunque esta no desapareció, al menos oficialmente, hasta principios de los años noventa. Una de las escenas más desgarradoras de todo el film, se da a ver cuando la policía apresa a Holger Meins quien, desnudo, da un grito diabólico de resistencia. De ahí quizá que comprendamos el "complejo" psicoanalítico del movimiento insurgente: un complejo no contra el presente del oprobio, aunque algo de eso había en la movilización radical, sino el complejo contra el pasado, y contra toda la herencia nacionalista del ser-alemán. En fin: el complejo es un combate contra el fantasma de la figura del padre que aparece ahora bajo el signo del Estado capitalista.

En un opúsculo publicado en Liberation, a propósito de la muerte de Andreas Baader, Jean-Paul Sartre describía a Baader como: "una víctima de la tortura, quien habla con languidez, haciendo pausas de rato a rato, hasta que pierde el hilo del pensamiento" [3]. La muerte de Baader en 1974, simbólicamente, dio fin a la RAF como grupo ideológico de emancipación radical. Volver sobre la historia de la lucha armada y el pensamiento radical de hace cuatro décadas es un ejercicio para analizar y arrojar luz en un momento donde, en una frase poética de Alain Badiou, solo vemos la oscuridad de la noche. Intetamos asi, salir en el vuelo de la noche, donde no amanece aun.
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Gerardo Munoz
Junio del 2010
Gainesville, FL.
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Notas:

1. Marighella, Carlos. Minimanual del guerrillero urbano. Centros de Estudios 2007. p.4.
2. Zizek, Slavoj. Violence. Picador 2008.
3. Sartre, Jean-Paul. "The slow death of Andreas Baader". Liberation, Francia 1974.

Fotogramas:
A. El lider del partido comunistas estudiantil, Rudi Dutschke, dando un discurso anti-imperialista sobre la Guerra en Vietnam.
B. El arresto de Holger Meins.
C. El arresto de la periodista Ulrike Meinhof.

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