Saturday, June 19, 2010

Monsiváis: un modelo intelectual


El mayor decoro de Carlos Monsiváis, quien ha fallecido hoy en la tarde en Ciudad México tras una larga y angustiosa hospitalización, consiste en habernos legado un modelo impecable del intelectual en la sociedad posmoderna en la cual nos encontramos atascado.

A diferencias del sartreanismo que aun muchos pensadores de la Izquierda arrastran bajo el signo de la “autenticidad y el compromiso", este no era precisamente el sello del escritor y cronista de la ciudad. Tampoco era el descontento que, desde Octavio Paz y Jorge Edwards hasta Claudio Magris y Javier Cercas, han vaticinado no pocos intelectuales sobre las utopías y el proyecto de una sociedad más decente. Uno de los aspectos centrales en la obra de Monsiváis fue, al decir de Octavio Paz, haber creado un nuevo tipo de escritura que situara la vida común de las gentes y de los pueblos en el vacío democrático y las tiranías de la cultura liberal. Este modelo consistía en colocarse, críticamente, en el eje de la “contemporaneidad”, y enfrentar con fidelidad los dilemas de los más necesitados, de aquellos que, silenciados por el poder, no solo no tienen voz, sino tampoco rostros. Carlos Monsiváis, por esto y más, fue el escritor del rostro del pueblo y de una conciencia que atraviesa los lugares más inciertos de la política post-1968.

En términos de forma, el estilo de Monsiváis es una fiesta de una conciencia donde se articula la ironía y la cultura popular, las telenovelas y la plástica, los dialectos extremos y las referencias más eruditas de la cultura hispánica. Hay que solo leer una obra como Aires de familia: cultura y sociedad en America Latina, aquel ensayo premiado con el Anagrama de ensayo, para recordar como la obra de Monsiváis se mueve en ese “ajiaco” heteroglosico que sin dudas hubiese celebrado Fernando Ortiz. La cultura para el escritor mexicano, sin embargo, no fue la fuente para apartarse de la política, sino para buscar como en ésta última la democracia se encuentra hoy en peligro de múltiples milenarismos. Quizá, la cultura para Monsiváis fue una fuente enterrada donde habría que desenterrar mitos, y a la vez, a la manera de Nietzsche reírse de ella, tomarla “levemente”.
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De ahí, la importancia de la ironía y el sarcasmo en la obra del mexicano: buscar en la cultura los lugares que el poder ha abandonado, y colocarse en estos vacíos como si fuesen mesetas de batalla.
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Su último libro publicado este año por Debate, Apocalipstik (2010) recoge escritos que se conectan por uno de los espacios centrales en la obra monsivaniana: la ciudad y sus murmullos. Recuerdo que solo unos meses atrás conversaba con la estudiosa y periodista mejicana Jannifer Rojas sobre la personalidad de Monsiváis en Ciudad México. Este era un escritor que, como me recordaba Jannifer, uno se podría encontrar en cualquier rincón de la ciudad deambulando, arrinconando, o simplemente caminando entre la gente. A diferencia del flaneur decimonónico, Monsiváis encuentra en la ciudad salvación del espacio de la urbe y la posibilidad de la resistencia colectiva. Uno “respira” (y en efecto, la escritura de Monsiváis es atmosférica) en sus libros y crónicas la presencia de una ciudad, aun cuando ésta no se revela del todo. La ciudad se devela, como ha dicho Carlos Fuentes, en una totalidad de conjuntos:

“Monsiváis tuvo esa capacidad para ver el todo, para ver el conjunto metropolitano: sus altas, sus bajas, sus caídas, sus ascensos, sus excentricidades, sus valores, poner en duda, reírse de algunas cosas, aplaudir otras, es una labor extraordinaria en relación con la ciudad"*.

Guía del movimiento estudiantil del ‘68 en México, cuyas crónicas sobre la masacre de Tlatelolco fueron recogidas en su libro Días de guardar (1970); y simpatizante del Movimiento Zapatista, la figura de Monsiváis no solo contribuye a entender los problemas de la sociedad moderna mexicana, sino los problemas que se hoy causan malestar a la Izquierda. ¿Dónde fallamos, y hacia donde vamos? ¿Es posible hablar sobre la cultura desde lo popular, y desde allí encontrar lapsos de comunidad y resistencia? ¿Hacia donde vamos y cuales son los obstáculos a vencer? La resistencia de Monsiváis, en cambio, no es sombría, sino risueña y conciliadora de la high & low culture con la esfera de la política.

Ahora que ha fallecido Calos Monsiváis, nos hundimos en una enorme pena por un hombre que dio a la contemporaneidad una de los discursos más lucidos del presente. Y allí están las obras de Monsiváis: sus ensayos, crónicas, artículos, y entrevistas, que ya son un archipiélago para explorar, releer, y actuar. Para continuar la muerte en vida, tendremos que aprender la lección que Carlos Monsiváis nos ha legado: prolongar una crítica constante, y rechazar el desasosiego y desencanto por lo que algunos demagogos llaman el "fin de la Historia".

Y la risa, como sabemos desde Democrático, es siempre redentora hacia la vida. Y la vida además, es una sola (y muchas vidas). Monsiváis nos enseñó que una de las tareas del pensamiento hoy es hablar desde eje de la biopolitica en la vida humana. Solo ahí encontramos un mapa urbano del intelectual del futuro, y la enorme sombra de Carlos Monsiváis.
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Gerardo Munoz
Junio 19, 2010
Miami, FL.
*Tomado del obituario de Carlos Fuentes en El Universal

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