Sunday, June 20, 2010

Rodolfo Walsh, tres escritores argentinos


Ningún escritor argentino ha sabido encarnar con tanto rigor y de forma casi deliberada ese oficio y esa condición nacional como Rodolfo Walsh, lo que equivale a decir que ninguno de ellos ha sido tan escritor argentino como Rodolfo Walsh, cuyas contradicciones y dudas provocan la impresión de haber sido las de varios autores. Sin embargo, esta impresión es cierta de algún modo, ya que Walsh parece haber vivido muchas vidas. La primera es la del escritor argentino al uso durante las décadas de 1950 y 1960, cuya contradicción radicaba en el deseo de producir una literatura con características nacionales partiendo de modelos extranjeros; una literatura que, además, aspiraba a ser popular sin tomar en consideración las condiciones materiales de vida de quienes debían leerla y estimarla.

Este primer Walsh es el de Variaciones en rojo (1953), el extraordinario volumen de relatos policiales reunido ahora en estos Cuentos completos que publica la editorial madrileña Veintisiete Letras con un muy documentado prólogo de Viviana Paletta, autora también de la selección. Aquí el modelo extranjero es el del relato policíaco clásico de enigma a la manera de Edgar Allan Poe, Wilkie Collins y otros, al que Walsh recurre para producir textos cuyo argumento tiene una precisión matemática (en ese sentido destaca el primero de ellos, «La aventura de las pruebas de imprenta», en cuya resolución intervienen conocimientos de balística, de corrección de textos y de horarios de tren). Es necesario remitirse a relatos como «La muerte y la brújula» y «El jardín de senderos que se bifurcan» de Jorge Luis Borges para encontrar un cuento policíaco de autor argentino que esté a la altura de los de Variaciones en rojo y otros como «Cuento para tahúres» y «En defensa propia» que sólo fueron reunidos tras la muerte de Walsh.

Aunque era su primer libro (y contra el sentido común y la indulgencia de ciertos lectores que dictan que los primeros libros hay que leerlos con pena y olvidarlos de inmediato), Variaciones en rojo reúne todas las características de la obra del primer Walsh: precisión matemática y concisión de la prosa, interés por los tipos humanos y una desconfianza irónica hacia las instituciones encargadas de impartir justicia. El retrato de ese primer Walsh se completa con relatos de indudable influencia borgeana como «Los ojos del traidor», «El viaje circular» y «El ajedrez y los dioses», que la antóloga incluye aquí con buen criterio ya que nos permiten conocer un Walsh epigonal y discreto, no necesariamente malo, pero sí destinado a la medianía de la literatura producida en Argentina a la sombra del autor de Ficciones.

Afortunadamente para sus lectores (aunque no para él mismo), el primer Walsh murió una noche de 1956 donde el escritor conoció a un sobreviviente de unos fusilamientos que el gobierno militar había llevado a cabo en la clandestinidad para vengar un levantamiento cívico-militar, con el objetivo de forzar el regreso a Argentina de Juan Domingo Perón, cuyo segundo mandato democrático había sido interrumpido mediante un golpe de Estado un año antes. Walsh comenzó a investigar el tema, y el resultado de esa investigación fue Operación masacre, una novela de no ficción escrita ocho años antes del texto de Tom Wolfe que la crítica considera su primer antecedente. DICOTOMÍA. Este segundo Walsh es conocido por los lectores españoles gracias a la editorial madrileña 451 Editores, que ha publicado recientemente Operación masacre y ¿Quién mató a Rosendo?, pero lo que importa destacar aquí es que la dicotomía que permeó la actividad de esta encarnación del escritor fue la que debió enfrentar una buena parte de los autores argentinos del período, la de escribir o participar en un proceso revolucionario. Walsh procuró resolver esa dicotomía haciendo ambas cosas, es decir, escribiendo libros que procurasen mover a sus lectores a comprender que había un estado de cosas que debía ser cambiado y participando de organizaciones políticas.
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En 1970 comenzó a militar en las Fuerzas Armadas Peronistas, que convergieron en 1973 en la organización Montoneros. Sin embargo, nunca resolvió por completo esa dicotomía, al punto de que tres años después, cuando ya no creía en la victoria sobre el aparato militar en el poder y había perdido su confianza en la capacidad de los líderes de la organización, Walsh volvió a escribir. Este tercer Walsh reúne características de los dos anteriores, incluyendo la precisión formal y la voluntad de rastrear los orígenes de la desigualdad. Algunos relatos de este tercer período como «Un oscuro día de justicia» e «Irlandeses detrás de un gato» se retrotraen a la infancia para encontrar en ella el comienzo de todas las injusticias; otros, como «Cartas» y «Fotos», la encuentran en la extrapolación de la brutal relación del hombre con el medio rural. Este cruce entre experiencia individual y colectiva, es decir, entre lo privado y lo público, es excepcional en la literatura argentina de su época, pero aquellos que han continuado en esa línea se cuentan entre lo mejor que las letras de ese país tienen para ofrecer en este momento: Ricardo Piglia, Alan Pauls, Rodolfo Fogwill, Guillermo Saccomanno y Martín Kohan, entre otros.

No disponemos de muchos textos de este tercer Walsh: el escritor fue asesinado en una emboscada y su cadáver y sus papeles fueron secuestrados y no han vuelto a aparecer. En cierta manera, su ausencia los hace omnipresentes en el imaginario de ciertos escritores argentinos, que leemos ahora en su obra no sólo lo que fue sino también lo que pudo haber sido de ese tercer Walsh y del país por el que luchó y perdió y murió. Cuentos completos reúne a esos tres escritores, que nacieron en la localidad patagónica de Choele-Choel y murieron en Buenos Aires el veinticinco de marzo de 1977. Si la literatura argentina merece la más mínima atención, pese a lo poco significativo de su existencia, es por libros como éste.
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Patricio Pron
Junio del 2010
*Originalmente publicado en el ABC cultural y en el blog del escritor
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