Wednesday, June 23, 2010

Tomas Sánchez en el umbral de la naturaleza


Un artista o creador, no importa cual disciplina desarrolle, se ve en algún momento de la vida en la encrucijada de dos movimientos: la continuidad y la ruptura. Sabemos que ambas rutas pueden (o no) responder a exigencias extra-personales, sobre todo en un mundo globalizado, donde el arte parece existir solo dentro de las estructuras del mercado y las demandas de diferentes agentes. Al considerar una obra de arte, nos enfrentamos con la paradójica del "círculo hermenéutico" que, al decir de Georg Gadamer, no solo se mueve entre la intervención de obra de arte y espectador, sino en la propia estructura de todo conocimiento reflexivo sobre un werke, una totalidad del edificación que compone la obra.

La naturaleza, menos que una realidad o un "paisaje", es una representación de una pérdida o de una búsqueda que permite, como metáfora, salir a flote en las obras literarias o artísticas de muchos creadores contemporáneos. Es por eso que lo "post-natural" hoy debe ser leído como recurso de la inmersión en un universo total.

En el mundo del post-, no veo porqué la Naturaleza – que desde el siglo XVIII se transfiguró en un espacio de la cultura – no la podamos leer como una laguna mental que ha quedado cifrada en el límite de las ciencias naturales y el nuevo orden sociológico. Como pérdida, la naturaleza aparece de regreso (pienso en el arte, o en los movimientos ecológicos), aunque siempre desperdigada y carente de la totalidad y el misterio que la unía antes de su previa inexistencia. De igual modo que Novalis decía en su Enciclopedia natural que el paraíso había que buscarlo en diferentes escondrijos del globo terráqueo; la Naturaleza hoy habrá que buscarla en la memoria de ciertas estéticas y susurros. En imágenes que, sin querer atraparla en su realidad, la evocan en un luto fúnebre sobre el pasado.
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La nueva exhibición que se puede ver en la galería Cernuda Arte, "Tomas Sánchez in focus", despierta dos preocupaciones ya anotadas. Por una parte, la aporía hermenéutica en la estética de Tomas Sánchez, y por otra, la figuración de un paisaje, principalmente el cubano, que hoy ha dejado de existir. Siempre he encontrado misterioso que un pintor como Tomas Sánchez haya comenzado como un arduo seguidor de la brutalidad expresionista de Antonia Eiriz y de pintores de la tradición grotesca que va desde Fuseli y Goya, hasta James Ensor, y el Die Brücke. En la primera etapa de Tomas Sánchez lo que orienta su pintura es el caos, el carnaval y la fiesta de la cultura tropical, el cerramiento cromático, y figuras que aparecen en un rítmico espacio de exteriores.

En la exposición se recogen los otros dos momentos – mucho más enigmático – de la obra del pintor cubano: el paisajismo hiperrealista y los basureros. En estos tres momentos encontramos, aparentemente inconexos y aislados, el vaso comunicante del arte de Sánchez: la naturaleza como una dialéctica de detrimento y recuerdo, en otras palabras, la Naturaleza como espacio del sentimiento de la Historia (cierta posición cercana a la del escritor alemán W. G. Sebald) en el evento de su silente destrucción.

Las naturalezas de Sánchez parecen ser habitables, placenteras, y ordenadas a primera vista, aunque hay un pequeño detalle, casi siempre a la distancia que las delata y las imputa. En casi todos sus paisajes hallamos a un menudo y microscópico buda contemplativo desde el exterior, y aquí donde comprobamos que la Naturaleza de Sánchez en realidad, en vez de ser mimesis de un paisaje cubano como en las piezas nostálgicas de Giosvanny Echevarria o el oneirismo de Manuel Mendive, se nutre de un momento en que la Naturaleza se ha vuelto arte, un espacio que, para verlo, hay que tomar cierta distancia o rechazo. Sánchez no dibuja la naturaleza para mostrar como es posible volver a rescatar el sosiego que existe en ella, sino para enlazarnos al momento que ésta se ha despojado de su ingenuidad y de su poder místico. La naturaleza esconde, por si misma, el caos que se hace visible en ese aparente orden.
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Si decidimos ver en la obra de Tomas Sánchez como un conjunto de "paisajes cubanos" ignoramos la otra cara de los paisajes, o la forma por la cual el pintor terminó saliéndose de ellos: los basureros. Varios basureros del pintor concebidos en la década de los noventa – "Basureros con fuegos en la noche" e "Isla" (1996), en más de una forma emulan, formalmente, la composición de sus imágenes naturalistas. Quizá debiéramos arriesgar una hipótesis hermenéutica y sugerir que entre las imágenes ecuánimes de la Naturaleza y los límpidos basureros, encontramos dos formas de una misma ansiedad, la perdida de la Naturaleza como tal y la superación caótica y vertiginosa que, como un gran vertedero de lo grotesco, es nada más que otro espíritu para aproximar la esencia corrosiva de lo natural. En ese magnífico cuadro titulado "Islas" (1996), Tomas Sánchez hace convivir los tres momentos centrales de su obra: el caos, la naturaleza, y la pérdida. La naturaleza en el convivio del desastre y la destrucción.

En las antípodas de los ecologismos de nuestros tiempos y en la distancia de aquellos que leen en la obra de Sánchez una redención de lo natural, es la tardía producción de sus últimos basureros donde encontramos la naturaleza en el estado actual: "mas allá del hombre y del bien". Un horrible caos, o en palabras de Novalis: "La Naturaleza como un hábito de la repetición: inepta…imperfecta…irregular"*.
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El arte de Sánchez ha ido, en todo caso, dando orden formal a esos confines de lo desarreglado y lo arrítmico. De este modo, su pintura facilita un nuevo susurro, aunque ilusorio, a una naturaleza que ha perdido su habla.
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Gerardo Muñoz
Junio 22, 2010
Miami, FL.
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*Novalis, Notes for a Romantic Encyclopedia, State University of New York 2007, p.44
**La exhibición "Tomas Sánchez in focus" se puede ver hasta Julio 17 en la galería Cernuda Arte de Coral Gables, Miami.

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