Friday, July 9, 2010

Atopía: malestar de la ciudad en el siglo XXI


Reseña: Exhibición "Atopía: Arte y ciudad en el siglo XXI". Comisarios: Iván de la Nuez /Josep Ramoneda. Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). Mayo del 2010.

Hacer de la ciudad una cartografía legible de signos, imágenes, ansiedades, residuos, márgenes, excentricidades, espectáculos, soledades, desamparos, graffities, enunciados, criminales, hallazgos, encuentros, comunidades, desbarajuste, o música irreconocible por algún computador, es una de las formas en que el arte ha vuelto a integrarse en el plano del discurso político. Salvo que esta vez, a diferencia de las estrategias modernistas, lo hace desde un espacio contemporáneo que busca apropiarse de espacios comunes, e ir dejando su huella en su travesía por la urbe.

El arte contemporáneo comparte hoy dos ansiedades comunes con el espacio de la ciudad. Por una parte, tenemos una lógica del derrotero, es decir, la necesidad de asignar un lugar al arte en algunas de las coordenadas de nuestro presente. Asignar cierta legibilidad conceptual, es tanto el anhelo actual del arte, como de la planificación posmoderna del urbanismo. En otro término, encontramos una similitud diametral entre un espacio real y geográfico, y otra simbólica y conceptual, donde el agotamiento político y el caos priman ante una ruta común.
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Arraigada a varios campos intelectuales – como la filosofía, la virtualidad, o los estudios culturales – la exhibición "Atopía: Arte y ciudad en el siglo XXI" (curada por Iván de la Nuez y Josep Ramoneda) responde a síntomas angustiosos de la ciudad en el capitalismo global. "¿Qué subsiste después de Auschwitz?", se pregunta Adorno, de igual modo los comisarios de esta muestra parecen partir de la pesquisa: ¿qué nos queda después de la fragmentación del posmodernismo? La novedad del rótulo "Atopía" no intenta establecer un paradigma sobre el estado del orden estético, sino apuntar hacia una ruta común, caracterizada por las inundaciones de los márgenes hacia los centros de la globalización. Como una estación, la ciudad es un un límite que conduce a fronteras de lo incierto.

Es conveniente entonces pensar atopía como concepto que delimita una frontera, o al menos como el límite entre nuestro presente y el devenir de esa comunidad inoperante que Jacques Luc Nancy discutía para pensar la colectividad [1].
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En efecto, de la caída del Muro de Berlín al colapso de Wall-Street, atravesamos el mapa visual de "atopía": la conversión de la ciudad como campo de resistencia. En el tedio urbano Hicham Behoud o Erwin Olaf aparecen seres que parecen habitar lugares abismales. De manera que la ciudad post-capital (descentrada, y donde sus residentes van a la deriva), aparece bajo el signo del malestar y el desasosiego, el desorden y la desnudez, la enfermedad y la esquizofrenia. En obras de artistas como Carey Young, Nuno Cera, la apoteosis de la ciudad y el fin del ciudadano convergen respectivamente: en el primero el ciudadano ha caído al suelo, en el segundo las alturas fomentan el ensueño.

La figura del "ciudadano insano", como los ha llamado Duchesne Winter reaparece una y otra vez vagabundeando por las ruinas desoladas en las obras de anothermountainman y Carlos Garaicoa, en las esculturas de los residuos urbanos de Enrique Marty, o los hombres que se desploman del cansancio en las fotografías de Carey Young.

Es así que exhibición puede discurrirse además, como un libreto del imaginario occidental sobre su "apocalipstick" actual, al decir de Carlos Monsiváis. Organizada con 41 artistas, cuatro capítulos, varias transiciones, – "la ciudad y el habitante", "la ciudad sin habitante", "el habitante sin la ciudad", y "la apoteosis urbana", se emprende un recorrido que, como el mixing de un DJ nocturno, vuelven sobre la desolación entre el espacio urbano. Así entramos en el desierto de las imágenes post-humanas que nos depara la obra de Sergio Belinchon. A partir de la pregunta lanzada por David Harvey: "¿Quien tiene derecho a la ciudad?"[2], se vislumbra el espacio urbano como núcleo central para pensar una transformación social en el fin de la posmodernidad.
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La cultura de la calle, menos heredera de la guerrilla urbana que del graffiti, como en la obra de Pedro Vizcaíno o David La Chappelle, se presenta aquí otra de las posibilidades viables de esa comunidad inoperante. Las obras del primero (heredero de una rica tradición del “arte calle” del arte cubano), nos muestran esbozos, y matrices de la violencia urbana. En suma, las obras de Vizcaíno son más que muestras de una violencia fuera de control: son también una violencia que puede llegar a convertirse en potencia estética y política; en una radicalidad que brota desde las raíces que ha sembrado el poder. Las de La Chappelle, en cambio, toman el exceso como un derroche positivo de la ciudad: modelan nuevo gótico o ‘camp’ como intento de escape de las redes del poder a través del desparramo del espectáculo y lo lúdico.

Atopía en realidad no intenta teorizar sobre el tenso futuro entre ciudad y habitante, sino mostrar como, tras las varias muertes de la utopía, la batalla sobre la vida sigue estando en el centro de la despolitización de nuestros tiempos. Incluir la política y la comunidad en la vida humana, se vuelve más visible aun desde el arte, como modelo posible para combatir y participar en políticas que hoy nos son ajenas.
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Nota:
[1] Harvey, David. "The Right to the City". International Journal of Urban and Regional Research, 2003.
[2] Nancy, Jacques-Luc. La comunidad inoperante. Lom Ediciones 2000.
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Gerardo Munoz
Mayo del 2010
Gainesville, FL.
*Una versión en inglés y más económica fue escrita originalmente para el número de la revista Arte al Día de Junio.

2 comments:

Anonymous said...

Por que siguen hablando "utopias" con a. Me parece que es una exposicion flojita. Buenas obras, lo reconozco.

Gerardo Muñoz said...

Algo asi me dijo Paco Barragan cuando le comente sobre esta exposicion. Yo, personalmente, no estoy de acuerdo. La muestra intenta empujar un marco que merece estudiarse todavia. Ahi estan las ultimas obras de Sarlo, Harvey, y Duschesne Winter para mostrar el interes total por la ciudad (y su futuro) contemporaneo.

Un saludo,

G