Wednesday, July 21, 2010

El arte enmascarado


Una máscara no solo esconde y aísla el otro de la realidad simbólica, sino que lo expone con mayor accesibilidad al mundo. La máscara: no lo que se extiende en la superficie con la relación a la profundidad, sino la propia profundidad llevada al extremo, vista sin ser del todo una noema intendere, o concebida como parte un imaginario común.

Quizá sea por esa extrañeza y familiaridad, que las máscaras nos suelen parecer el momento originario del conocimiento en nuestra relación intersubjetiva. Y si bien la máscara no esconde nada, ¿no es la máscara por excelencia el objeto que duplica y que rehace el misterio del rostro? Una lectura similar se puede estudiar desde el pensamiento de Claude Levi-Strauss hasta el psicoanálisis de Jacques Lacan – compadres estructuralistas – para quienes la máscara era el lugar simbólico que opaca lo Real; ya que éste último, como sabemos, es naturalmente impenetrable y abyecto. Si para Agamben el rostro es el lugar de lo "abierto", del registro de la identidad; la máscara, en su diferencia, marca el desplazamiento (temporal y ontológico) de nuestro propio ser. Según Zizek debemos dejar de pensar de la máscara como el espacio espectral de la mentira (lo oculto), y entender que, quizá el propio rostro que nos deparan los años, es nuestra única forma de mantener distancia simbólica con el otro. Es decir, la máscara en vez de exponerse, en realidad funciona para mantenerse oculta [1]. La máscara de la superficie oculta, en todo caso, una máscara mucho más obscena y real: el disfraz de un rostro real que nunca se sabrá quien lo porta.

El arte contemporáneo hoy comparte con la máscara el hecho de convivir en la dialéctica de este estar entre lo secreto y lo público. En la sociedad del espectáculo, donde se ha roto toda división entre esfera pública y privada, el arte viene a tomar un lugar de máscara entre el abismo de ambos recintos. Sven Lutticken ha demostrado la paradoja que existe entre el arte de Vanguardia cuando intenta tomar una forma de vida o el lugar de la esfera social. De modo que, cuando el arte se vuelve social cae, inevitablemente, en las reiteraciones baladíes y mecánicas de las imágenes mediáticas y del estridente kitsch del espectáculo y la mercancía [2].
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Es por esto que el arte necesita una máscara para poder permanecer como institución de crítica de vanguardia, a la vez que integra formas de oposición social en la vida común. La máscara en el arte es una forma de crear, y a su vez, una forma que se opone (en lo político) a la apariencia construida de la realidad antidemocrática.
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La exposición Mystic Visage – a cargo de la comisaria Desiree Cronk – que se puede ver en la galería World-Class Boxing, aborda el tema de la máscara como metáfora de la insinuación de superficies. Aunque la curadora al no plantearse muy bien la concepción de la exhibición termina construyendo un nocivo pastiche heteroglósico con las piezas, las obras por si mismas indican un derrotero común entre las funciones de la máscara como discurso de identidades y otredad frente a los límites de lo social. La mayoría de los artistas que abundan en la sala son nombres contemporáneos (William O'brien, Pepe Mar, Fergus Greer, Sanford Biggers, Gabriel Orozco, o Lee Materazzi), y sin dudas la pieza central (además de por sus dimensiones) de la muestra es Sin titulo #132 (1984) de Cindy Sherman. Una fotografía donde encontramos al artista sumergida en la recreación performática de uno de sus tantos personajes sin nombres.

El arte de Sherman – y en especial esta pieza – indica cómo el propio rostro humano es, desde que se expone, un misterio para el que lo percibe (como en un espejo). En la obra de Sherman encontramos una inquietud de lo uncanny: si bien nos queda claro que esa es Sherman, la reconstrucción del rostro y hasta el propio gesto del cuerpo nos simula que estamos en el espacio del desdoblamiento. Con un vestido rayado, un cigarrillo y una sonrisa bufonesca, lo inquietante de esta pieza es en el orden puramente de la superficie, es decir, lo insólito lo vemos en el momento en que la intimidad a pasado a las luces de la publicidad, haciendo del cuerpo una monstruosa simulación.
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Entre muchas otras, las obras de Lee Materazzi y Adam Helms, corresponden a la ansiedad moderna de deshacerse del rostro. En Lee Materazzi como en las obras de Daniel Firman, el rostro es abultado con "trastes", una yuxtaposición que nos obliga a imaginar que se esconde detrás de esos paños o telas. Adam Helms, por su parte, está mucho más cerca de las operaciones iconográficas (y del diseño), al tomar la eminente esfinge del Ché y hacerla diluir en tintas que pueden recordarnos a múltiples siluetas (el diablo, un cráneo, la guerra, o una mancha negra) de la muerte. Piezas como las de Gabriel Orozco (Bki, 2004) y Fergus Greer (Leeigh Bowery, 1988) apuestan por una máscara que se enmarcan más en la línea estética de James Ensor que de los ejemplos ya nombrados. El rostro en estas dos obras son lugares para la elaboración – y diríamos más – para que el arte pueble sus figuras y sus líneas. La distancia de cada una de las obras de la exhibición demuestra, además, como el arte es capaz de producir lazos incómodos entre el espectador y el objeto visto.

Si la máscara es la superficie y el momento temporal donde se nos da la impresión del otro, entonces hay poca (o nada) de misticismo en estas obras. El "efecto visor" de los rostros no radica en la trascendencia de un sentido mágico, ocultista, ni litúrgico, sino en la dialéctica entre ver y esconder, entre lo público y lo privado, entre lo que alcanza a ser real y lo que se esfuma en el acto. La fascinación del rostro y la máscara, es parecida a la del fetiche: siempre estamos en la búsqueda de ese lugar oblicuo de la fantasía donde, quizá, se encuentra al ser desnudo.
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Notas:
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1. Zizek, Slavoj. "Ideology III". En Lacanian Ink 1997. En una entrevista Geert Lovink, Zizek vuelve sobre el tema, recordando que, el porqué de la fascinación de Brecht con las máscara s japonesas, no se enmarca en la búsqueda de una esencia oculta, sino en la propia apariencia de la máscara.

2. Lutticken, Sven. "Secrecy and Publicity ". New Left Review 17, September-October 2002.
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Gerardo Muñoz
Julio del 2010
Gainesville, FL.

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