Monday, August 2, 2010

Doris Salcedo y la vida plena




Doris Salcedo es una artista colombiana, y quizá por este sello, por esta misma inscripción geográfica y política-histórica, su arte responde y se aleja de los contextos discursivos de su país. Lo que sorprende de algunas de las obras de Salcedo es su capacidad universal en tiempos que, posmodernismo aparte, muchos artistas apuestan por la simultaneidad, lo múltiple, y la otredad. La universalidad de Salcedo aparece unida a través de una estrategia de contenido formal-teórico: la violencia. Algunos de sus detractores apuntan que, precisamente por este tema, la obra de la colombiana fomenta el status quo de las arengas "pacifistas" de su nación, y los discursos, ya vetustos, de la memoria y el duelo.

Aunque la violencia en el arte moderno y contemporáneo pasó por las etapas del futurismo, el shock art, y las placentas del cuerpo, en Salcedo la violencia aparece desnuda, o mejor, liberada de toda significación actual del acto.

En efecto, las obras de Doris Salcedo se entretejen con respecto a la violencia a través de un discurso espacial de la negatividad, es decir, de lo que ha quedado, y de lo que el arte, como sistema de representación y lenguaje, puede expresar sobre ésta. En el espacio abierto, el objeto como huella es la posibilidad de encuentro y reconciliación, al decir del Jacques Derrida de Sobre la hospitalidad, donde podemos entrar a los pasadizos de la obra de Salcedo [1]. Ver como quedaron las cosas después de la catástrofe, y sentir que el testigo es quien solo puede hablar bajo la condición primogénita que es imposible articular la forma de la memoria. De ahí que las obras de Salcedo establezcan un sólido diálogo con obras como las que artistas de la pos-guerra harían sobre el Holocausto. Como Beuys, Kiefer, Rothko, Alain Resnais, el arte deja las cicatrices del evento histórico, en el momento que parece borrar de su contexto el punto de inflexión de lo ocurrido. Aunque la obra de Salcedo se caracteriza y difiere de los artistas del siglo XX al menos en un respecto: su violencia parece construida desde la experiencia de lo común, de la propia efeméride de la vida humana.

¿Cuando y bajo que condiciones podemos llorar y rendirle duelo a la vida? ¿Cómo se construye la normatividad de la vida precaria? Ha sido el mapa teórico-filosófico de Judith Butler en sus últimos libros ensayísticos. La obra de Doris Salcedo puede responder a la aporía de la vida sacrificial y nuda, en piezas como la "Grieta" del Tate Modern, o las "Sillas" amontonadas en una calle de Estambul. En ambos casos, la instalación menos que construir un objeto, o una representación, divide o sustrae materialidad del espacio. Es pues, este mismo menoscabo y carencia la que aparece en el modelo formal de Salcedo como una artista que puede ver en el mundo (en lo que "resta del tiempo" al decir apocalíptico de San Pablo) las caesuras entre vida humana y animal, violencia y supervivencia, naciones y fronteras, cuerpo y muerte, exilio y nación, lenguaje y mutismo, el vacío y el progreso del tiempo.
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En la enorme grieta hecha en el suelo del Museo Tate Modern en Londres, comprobamos el poder formal mínimo de Salcedo al concebir alegorías del presente con una limpieza solemne y abrumadora. La idea de agrietar el suelo nos recuerda que, desde ya hace mucho tiempo, el hombre camina sobre una tierra infértil, donde existen "caesuras" de todo tipos, divisiones, no solamente sociales y raciales, sino también políticas y educacionales. Lo político en la obra artística de Salcedo, entones, se coloca en ese vacío, en grietas donde lo humano desaparece. La artista misma ha dicho que:

"el arte siempre está ligado con la política, esté o no esté explícito en la obra, porque lo que hace el arte es abrir espacios y ampliarlos, para que la gente pueda ver, decir, existir, hacer, ser vista y vivir una vida plena" [2].

Es curioso que Doris Salcedo identifique lo político en el arte como un escondite, similar al pensamiento de Martín Heidegger, cuando asume que lo real en el arte lo encontramos en la aletheia, o en la verdad como formalidad en lo abierto. La "vida plena", sin embargo, es la categoría que mejor define teóricamente la producción de Salcedo: la vida no es la continuidad de las cosas bajo la luz de lo normal, sino los momentos donde se pierde la subjetividad, donde encontramos espacios (ya sean éstas grietas o calles con sillas) que el humano no ha recordado pero que se impregnan de memoria y la violencia.

A diferencia de artistas que hoy también dialogan con el fin del mundo y los restos de la historia (pienso, sobretodo en las instalaciones de Dominique González-Foster), Salcedo, como Deleuze, reconoce que la duración de la historia ya es violencia, y que solo queda memoria, huellas; y quizá, ese aliento que motiva a que el arte se abra ante la vida, es precisamente su momento de su fuga: el instante donde la redención se desentierra.
.Notas:
1. Derrida, Jacques. Of Hospitality. Stanford Press. 2000
2. Entrevista a Doris Salcedo en "El Espectador".

__Gerardo Munoz
Agosto del 2010
Gainesville, FL.

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