Friday, August 27, 2010

Metafísica de las piscinas (parte II final)


II.

Piscinas como entidades metafísicas aparecen, de repente, en no pocas obras del arte contemporáneo. Sin dudas, las más eminentes son las pinturas de David Hockney: hirientes con sus geometrías, silentes por los trazos rectos. Plasmadas, con una nitidez insuperable, como si pudieran remplazar a la figura humana, las piscinas de Hockney atraviesan ese umbral entre la existencia de lo humano como ser del habla y el espacio del agua colmado por la gasificación del acto lingüístico. De ahí, no cabe duda, la composición hípertelica de Hockney hacia el silencio de sus obras: un hombre que se sumerge bajo las aguas queda atravesado por un mundo que lo succiona, y lo abandona en su nadería sintáctica.
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En las obra de Hockney, las piscinas no son metáforas de una existencia, sino que asumen otra tipo de existencia: una especie de homo aquaticus, en donde el splash remplaza el verbo. Siempre contemplando los bordes de un desastre, los lienzos de Hockey no esconden la fragilidad de una vida oculta.

Esta privacidad de la "vida" solo podemos entreverla dentro de la piscina. Y es que, a través de esa idea de "entrar", el ser humano se disuelve tras diferencias. La metafísica de la piscina quizá tenga que ver con esto: allí encontramos los límites de la vida, trastocados en un instante que parece infinito, y en el constante fluir de substancias sin transcendencia alguna.

Hace un año atrás, en el PS1 de Arte Contemporáneo de Nueva York, pude ver la Swimming Pool del artista argentino Leandro Erlich. Para este artista, la piscina, en efecto, es el espacio de la impermanencia y la ilusión. Aunque más que un lenguaje de la ilusión en la existencia, esta piscina se vuelve una impotencia hacia la vida del "otro" a través de roces que, según ha visto Jacques Derrida, hace del momento actual una experiencia de fuga entre los roces. Entre una existencia y la otra, es decir, entre el movimiento afirmativo del ser que recibe alegremente al otro, en roce ha quedado postergado en la espiral de la temporalidad [3].

La obra de Leandro Erlich captura el momento de la sensación de levedad en el instante que se desprende de la existencia humana. La obra consiste en una piscina en la sala del museo, aunque con un artificio: las personas, en cuya profanidad podemos ver, no se han sumergido del todo, sino que caminan en su vacío. La piscina solo es una zona cubierta con un cristal de agua que nos vislumbra con la sensación óptica de que existe la vida acuática más allá de la asfixia. El vértigo es doble: tanto para aquellos que se sumergen en el vacío a través de unas escaleras, como para aquel quien, desde arriba, mira el fondo de la piscina.

Una piscina, capaz de instalar la existencia como substancia, solo puede existir en ese momento de fuga: en la heterotopia monádica que desaparece con la intromisión de lo humano en lo actual. Leandro Erlinch reconstruye más que una piscina o un orden visual de lo absurdo, un sostén filosófico donde la posibilidad vuelca sus límites sobre lo posible, o lo actual. La piscina, en su gesto de excluir, es el espacio donde se confunde ambas potencias. Una zona, cuya absolución del lenguaje – como función del olvido - juega al arte de la desaparición de lo humano por los despejados sentidos que se diluyen a la deriva.

Cabe la sensación de un termino final, pero todo misterio de las piscinas reside, al igual que en la escritura, en aventurar un lapso entre la respiración y la ausencia de palabra. Quizá cada vez que escribimos intentamos nadar a contra corriente, con placer de que, solo el más fuerte, como Arnaut Daniel [4], puede realmente cruzar ese abismo que nos separa de la palabra.
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Notas:

1. Piglia, Ricardo. "Arte de la natación". Formas breves. Temas Editorial 1999.

2. El poema "The Pool" de la poeta imaginista H.D es una traducción mía del ingles.

3. Derrida, Jacques. On touching, Jacques Luc-Nancy. Standford University Press 2005. He revisado los ensayos que componen el libro de Derrida sobre Nancy en especial la sección sobre la "Tangente" donde se escribe: "I sense but I still do not know what I touch, - I know it less and less. Of course, I can not impart this – touching him – and make it known to him, except by touching touch, and therefore by touching upon the question or the plea of touch, which themselves ought to touch pertinently on the touch, that is, on the sense of touch. How is one to touch, without touching, the sense of touch" (p.135). También puede verse el interesante ensayo de Alain Badiou sobre el "roce derridiano" en Pocket Pantheon, "Jacques Derrida".

4. Arnaut Daniel habla de si mismo en su mejor autorretrato con una metáfora de natación: "Ieu sui Arnautz qu'amas 'aura, y chatz la lebre ab lo bou / y nadi contra suberna". ("Yo son Arnaut quien recoge el viento, y caza la liebre con el buey, y nada a contra corriente").
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Gerardo Muñoz
Gainesville, FL.
Junio del 2010
*foto: "Swimming Pool" de Leandro Erlich en PS1 NYC

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