Thursday, September 23, 2010

Mercado y dialéctica de la obra post-autónoma


La situación por la cual hoy pasa la literatura – o más ampliamente "el arte" – recorre ya no solo las esferas o los "campos culturales" que, al decir de Pierre Bourdieu, hacían posible las autonomía del arte desde una perspectiva de hegemonía social. En efecto, el arte hoy se encuentra íntimamente ligado a la bio-política de tal forma que el sueño vanguardista del "arte como vida" ha sido realizado casi en su plenitud. En la actualidad ya todo es arte, y el arte mismo, mutado entre múltiples esferas, más que un contenido es un movimiento entre disciplinas, territorios del mercado, y discursos culturales. De la misma forma que Roland Barthes señalaba que el sexo en Norteamérica no se encontraba en el acto sexual, hoy la literatura o el arte no se encuentran en el arte (o en la obra literaria), sino en la producción cultural que tradicionalmente no identificamos con la institución del arte. De ahí que el arte aparezca, de más de una forma, solapado en el ciberespacio, en los medios masivos, y en las esferas transnacionales del mercado. El debate actual de la literatura y el arte recorre las líneas, precisamente, de aquellos que ven una posibilidad radical de los medios de comunicación en su giro post-autónomo – como lo ha definido Josefina Ludmer recientemente– o los que, con desencanto y sutileza, reconocen que ese el agotamiento del espacio mismo del arte marca su profanación, o como dejó dicho Jean Baudrillard, su "desilusión" pornográfica.

La estudiosa argentina Josefina Ludmer discute que obras como Monserrat de Daniel Link, o La Villa de Cesar Aira, marcan un antes y un después en la producción de una literatura clásica. Allí la topología de la ejecución – como en el aura de Benjamin – es única e irrepetible en cuanto a las esferas que codifican el campo semántico de lo social, aunque estas dos obras no marquen el origen, ni mucho menos articulen un nuevo paradigma literario. Se trataría, en todo caso, de literaturas que, por citar dos ejemplos, rompen precisamente con el concepto de "literatura" como tal, y lo vuelven contra si mismo:

"Estas escrituras – escribe Ludmer – no admiten lecturas literarias, esto quiere decir que no sabe o no importa si son o no son literatura. Y tampoco se sabe o no importan si son realidad o ficción. Su instalación localmente en una realidad cotidiana fabrica el presente y ese es precisamente su sentido" ("Literaturas post-autónomas, [1]).

Después de la muerte de la función del autor – estudiada por Foucault – nos encontramos a la espera de la figura del 'lector'. La implosión del arte en la sociedad del espectáculo ocurre curiosamente cuando el comunismo ha caído y la sociedad del consumo en el "fin de la Historia" – anunciado ya por Alexander Kojeve en su Introducción a Hegel – toma posesión y liquida al mundo en su movimiento de globalización. Este nuevo "fin" del arte presupone que las totalidades y que los ejercicios críticos no pueden estar al mismo ritmo que la producción de imágenes, videos, textos, y relatos que proliferan en lo social.

Si alguna vez Clement Greenberg se preguntaba sobre las dos categorías que distinguían a la cultura moderna occidental - por una parte Vanguardia, y como contra-partida el Kistsh – hoy podemos ver en una obra de Jeff Koons uno de los mejores kitsch del momento, o podemos leer los grandes temas políticos y sociales mexicanos, según lo ha estudiado Monsiváis, en las telenovelas de Televisa. En los textos de Eloy Fernández Porta, como Afterpop, Homo Sampler, y Súper-producción de los afectos (Anagrama 2010), se toma un paso más allá en discutir que lo post-autónomo convive con la descentralización de todo discurso, y que el arte tiene que ver más con los afectos y el deseo del mercado que con la producción de objetos y obras tangibles. El arte actual – más allá de la "desmaterialización" que podíamos ver en la Neo-Vanguardia de Joseph Beuys, Allan Kaprow, o Helio Oiticica – pasa hoy por la "post-producción", la colección de varios objetos ready-mades, o la acción que se instala a posteriori en el museo a través de la documentación del arte [2].

Pero el arte o la literatura "post-autónoma" que intenta argumentar la liquidación de las esferas tradicionales, presupone una esfera tradicional en la que difiere radicalmente del gesto emancipador y violento de las Vanguardias: la esfera del mercado. Si bien los límites de las esferas clásicas y las disciplinas han llegado a su conclusión, en la lógica de capitalismo tardío, todo tipo de producción de arte (ya sea una obra de Thomas Hirshhorn, o un video en Youtube), tiene que transmitirse a través bajo el signo del valor de mercado. A diferencia de las Vanguardias – que efectivamente intentaban destrozar los espacios burgueses de los mercados capitalistas, como lo vio León Trotsky con el triunfo de la revolución soviética – hoy tanto la producción cultural normal como la que circula en el ámbito de la alta cultura (museos, galerías, o espacios académicos) transitan y aceptan, ya que es la única forma de existencia, el modelo global del capitalismo [3]. Es en este sentido que podemos hablar ya no de una "politización del arte en la vida", sino de una "culturalización artística de vida" donde precisamente lo que deja de existir es la potencia política del arte como narración de la vida. Lo que hoy llamamos "contemporáneo" encierra un espacio cultural total, donde convive la multiplicidad heterogénea incapaz de traer consigo un discurso estético o de juicio.

Para los movimientos artísticos del siglo XX, como lo ha visto Alain Badiou, la operación era confrontar a lo "Real" desde la substracción. Hoy quizá podemos hablar de un mecanismo totalmente opuesto: se verifica el producto desde la participación hacia el mercado y los espacios abiertos. De postular la descentralización y la desterritorialización de geografías, no debemos echar a un lado la función de la crítica en el siglo XXI. De la misma forma que los paradigmas vanguardistas pasaron por marcos teóricos, hoy la teoría – bajo la etiqueta de lo "contemporáneo" o "estudios culturales" – cumple su función de seleccionar y excluir los materiales producidos desde diferentes espacios artísticos. La misma Ludmer, por ejemplo, ajusta su crítica de las "literaturas post-autónomas" en obras de escritores cuyo nombre tienen una función, y que desfilan por los circuitos en donde aun circula la literatura, la crítica, y la lectura. Aunque una distinción cultural binaria es hoy casi imposible, esto no implica que la "literatura" o las formas de leer literatura hayan cambiado radicalmente. El discurso de la deconstrucción y el multiculturalismo, en su gesto tolerante, legitiman el nuevo signo de la otredad reaccionaria. También a distancia de la Vanguardia, tanto la literatura como el arte se dividen en cuanto a dónde se escriben y bajo que sello editorial circula; en que museo se exponen y cual es el pedigrí coleccionista.

Malevich hacia la década del veinte no solo borró radicalmente la noción de la autonomía, sino que proponía en su texto "Sobre los Museos" quemar todos los museos de San Petersburgo para que solo así el arte llegara, democráticamente, a coincidir con la vida de las masas. En Solentiname, Ernesto Cardenal dirigió una comunidad donde los indígenas cubrían su pueblo con el arte y los colores que ellos producían. La aniquilación de las "autonomías" en nuestros tiempos pasan por alto algo que, en estos dos casos, se tenía resulto: la desaparición de la esfera del mercado y del capital. Mientras que tramitemos con la premisa de que la autonomía de las literaturas existe bajo el marco del mercado, solo se podrá enmarcar un debate sobre la híper-producción cultural desde una nueva lógica posmoderna. Si bien aparentemente esta lógica resulta liberadora en las esferas culturales, eficazmente silencia y opaca la politización del arte.
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Notas:

1. Ludmer, Josefina. "Literaturas post-autónomas". Ciberletras 2007.
2. Groys, Boris. "Art in the Age of Biopolitics: From Artwork to Art Documentation". Art Power 2008.
3. Trotsky, León. Literatura y revolución. J. Álvarez Editor, 1964.
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Gerardo Munoz
Septiembre 22, 2010
Gainesville, FL.
*Imagen del artista Roman Ondak.

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