Wednesday, September 15, 2010

Un pensador generoso y rizomático


La lectura, ahora hace una semana, de Los últimos días, el que sería el penúltimo artículo de José Luis Brea, profesor titular de Estética y Teoría del Arte Contemporáneo en la Universidad Carlos III de Madrid, en la revista online por él creada ::salonKritik:: a más de uno nos causó una profunda inquietud y desasosiego. El artículo, ciertamente, no era ni un adiós ni un apunte autobiográfico, sino la reproducción íntegra del texto que sirvió de argumento teórico a la exposición del mismo nombre que Brea presentó en la aurática Sevilla de 1992, el Brea que en aquellos años lideraba el fin de la era del entusiasmo y la llegada de las "auras frías". El artículo no era una despedida, pero su subliminalidad no dejaba resquicio a la duda. Todos los que conocíamos a José Luis sabíamos de su enfermedad, aunque no podíamos imaginar que estaba viviendo sus últimos días. Falleció el 2 de septiembre a los 53 años.

El artículo en cuestión se publicaba en la sección Pensamiento libre, sección que define la iluminadora y versátil aportación de Brea al discurso teórico y crítico de las últimas décadas: un pensamiento libre y rizomático que tanto informaba de ensayos de carácter académico como El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural (Premio Espaís a la Crítica de Arte, 2003) o su ya último libro, Las tres eras de la imagen: Imagen-materia, film, e-image (2010), como de ejercicios de literatura crítica, sea el caso de Las auras frías (finalista Anagrama de ensayo, 1990) o La era posmedia (2002).

A partir de filósofos de cabecera como Deleuze o Nietzsche, Brea se movía a gusto en las estructuras reticulares siempre en permanente fluir. Solo a partir de tales registros se pueden entender algunos de sus textos publicados en la revista por él dirigida Estudios Visuales (siete números desde 2003 hasta 2010), que supuso la llegada a nuestro país del pensamiento de los visual studies.

Brea creó un cuerpo de pensamiento interesado por la universalidad del conocimiento y las nuevas humanidades y por la intersección entre arte, ciencia y tecnología que, entre otras publicaciones, se plasmó en el texto Estudios Visuales. La epistemología de la visualidad en la era de la globalización (2005), iniciador de la colección que dirigía en la editorial Akal. Fue, asimismo, uno de los pioneros, tanto a través de la creación de websites de arte como aleph, de revistas como artes.zin, de proyectos como la exposición online La conquista de la ubicuidad (2003) o de textos como cultura_RAM (2007), en abordar la compleja mutación de la cultura en la era de la distribución electrónica.

En ningún momento de su trayectoria Brea fue un pensador acomodaticio al sistema y no ahorró penetrantes, casi heroicas, críticas a ciertas políticas museísticas e institucionales que lo convirtieron en un personaje incómodo y por las que fue objeto de incomprensiones e injustos olvidos. Pero, sobre todo, practicó aquello poco común en nuestra profesión: la generosidad... y no únicamente la de amigo a amigo, de colega a colega, sino la más difícil: la generosidad científica. Solo hay que consultar su página web (www.joseluisbrea.net) para constatar que todo o casi toda su obra está en software libre al alcance de un lector global.

Y ello sin dejar de espolear lo que denominaba "economía de afectividad": la geografía de los afectos, la afectividad precisa y cristalográfica. Es precisamente esta metáfora de lo mineral la que late crípticamente en su último artículo en ::salonKritik::, artículo que por voluntad del autor solo podía ser publicado y leído después de su muerte: me refiero al ensayo Mineralidad absoluta (el cristal se venga) en el que bajo el dictado de Nietzsche camufla el vértigo de una muerte inminente en la figura del "cristal", el nivel más puro de la materia como decía el filósofo alemán para referirse al hecho que nuestro destino no era otro que el reino mineral.

Con una valentía y un coraje absolutos, Brea nos hace partícipes de la conciencia de un tiempo último, sin regreso, de una vida en su fuga definitiva, en la que la materialidad absoluta más que la negra noche de un agujero en el centro de la materia es núcleo desde el que afloran la luz, los puntos interconectados, las chispas "sinápticas" o transmisoras que nos llevan hacia lo imprevisible: el destino final. Descansa en paz, siempre amigo.
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Anna Maria Guasch
Septiembre 10, 2010
*Originalmente publicado como obituario en el suplemento Babelia.

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