Monday, September 13, 2010

Violencia y virtualidad urbana


De Miami nos suelen llegar trabajos que exploran el contorno de una ciudad que se hunde en su propia precariedad y paradojas sociales. La inoperante inmovilidad en la obra de Ramón Williams, la fantasmagoría del exceso automovilístico de Rafael López-Ramos, o la ciudad vista como un eje imaginario desde la altura en Gustavo Acosta; han sido no pocas incursiones en un mundo que vive la otra realidad cubana.
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De hecho, la realidad de Miami necesita el imaginario castrista cubano para poder existir simbólicamente. La mentalidad y el ejercicio de existencia son los mismos, aunque como escribió alguna vez el poeta cubano Manuel Vázquez Portal: "Miami es igual a Morón pero sin libreta de abastecimiento". Esto puede entenderse como un elogio al capitalismo, aunque también como un discurso que ilustra la infra-realidad donde el sujeto, desolado por el gobierno y la ayuda ajena, es forzado a buscar la vida en otra parte. O mejor: buscarla, aunque esto signifique precisamente, ir más allá de la vida.

La obra del cubano Pedro Vizcaíno es prueba de la vida desnuda, al decir de Giorgio Agamben, que se vive en el Sur de Estados Unidos. Como atestiguan las obras de Roberto Bolaño – donde la violencia es el personaje del nuevo siglo XXI – en las piezas de Vizcaíno vemos no la violencia, sino el acto de esta articulación, o lo que ha quedado de ella. ¿Qué significa hoy vivir en una continua lucha? ¿Qué tipo de violencia es hoy la que encontramos en la batalla de la ciudad contra si misma? Alejados de los modelos de los años sesenta, donde la guerrilla urbana tenia un centro y una propuesta de emancipación y reapropiación de bienes, la caída del comunismo ha vuelto la esfera urbana en el vendaval de la criminalidad callejera, donde lo que está en juego no es el futuro humano del marxismo, sino la supervivencia subjetiva de un mundo que se ha desintegrado, y que, por momentos, vemos diseminado en la zona urbana.
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Las obras que vemos en la exhibición de Pedro Vizcaíno Gang of 4 – algunas de las cuales también estuvieron presente en la muestra de New Work Miami 2010 y Atopía: arte y ciudad en el siglo XXI – son sistemas imaginarios de la ciudad llevados a la forma de la inocencia. En Vizcaíno sorprende aun el uso del crayón, y la distribución cromática de colores vivos, donde la acción y la violencia se miden en el desorden translucido y florido de la noche. Pero en Miami, como sabemos, la violencia organizada no existe. O al menos no al nivel que se puede comprobar en Texas, Chicago, o actualmente en la ruta que va desde Centro America a Veracruz. El lenguaje "ganguero" de Vizcaíno, más que una representación del dilema social urbano de su ciudad, es una forma de indicar que la violencia no se circunscribe en alguna región, o mucho menos en un país, y que hoy, bajo el velo de la paz y la democracia, nos encontramos bajo el paradigma de la violencia global por otros medios.

Este tipo de violencia sujetiva contra la violencia sistemática de Estado crea, como lo ha visto Paul Virilio, una "ciudad del pánico", donde la existencia se vuelve más virtual para ser real, haciendo que el único medio para hacer posible la relación social y humana sea el miedo[1]. Para Virilio, las ciudades hoy solo pueden ser imaginadas desde el interior, puesto que su "afuera" no nos permite existir como sujetos de intercambio comunal. Las significación de la violencia en estas piezas de Vizcaíno, sin embargo, pasan por una representación lúdica, o al menos donde el ganguero se ha exaltado a nivel de nuevo personaje social de la ciudad. La verdadera violencia se esconde detrás de las gangas, el taxi, los revólveres, y las botas negras: es una crisis global en el espacio, donde lo que se combate es el propio sentido de la comunidad.
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La violencia es una forma que, inscrita en la política, es difícil de obviar. Intentos pacifistas y de diálogos se vuelven con más frecuencia inoperantes o pasan ha ser integrados por el discurso y los aparatos del poder. De ahí que Mao Zedong predijo una tesis dialéctica con la cual podemos leer la propuesta pictórica de Pedro Vizcaíno: "No queremos la guerra, queremos la paz, pero para llegar la guerra solo se puede combatir a través de una guerra" [2]. Vizcaíno ha visto que la resistencia puede comenzar con los mismos sujetos de la violencia subjetiva: los gangueros, más que violentar la ley, pueden cubrir la categoría de ese agente que recupere la ciudad como lugar de circulación de lo común. Contra los poderes que lo han hecho "gangueros", la inmanencia de esta nueva fuerza pueda que combata, como un anti-virus, la misma enfermedad de su causa.

¿Hasta que punto el arte puede hoy llevar a cabo una estrategia de guerra? ¿No está hoy integrado completamente el graffiti a los parques y al discurso trillado de la paz, la amistad a los que apuestan la norma del siglo XXI? Quizá otra razón por la cual pensar a Pedro Vizcaíno (aunque también pienso en el grafitero rumano Dan Perjovschi), como un ganguero disfrazado de artista dentro del circuito del arte. Su arte coincide totalmente con su propuesta estética: estar dentro del "sistema", y desde allí, dinamitar sus interiores.
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Notas:

1. Virilio, Paul. The City of panic. Berg Publishers, 2007.

2. Zedong, Mao. "Problemas de la estrategia de Guerra", 1938.
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* "Gang of 4" de Pedro Vizcaino
Septiembre 11 hasta Octubre 6, 2010.
Galeria Kavashinna Contemporary, Miami.
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Gerardo Munoz
Septiembre del 2010
Gainesville, FL.

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