Thursday, October 28, 2010

El fantasma de Lezama Lima


El gremio letrado, dentro y fuera de Cuba, se prepara para celebrar este año el centenario del escritor que hoy ocupa el centro del canon cubensis: José Lezama Lima (1910-1976). Reconocido por el "sistema poético" neo-barroco de su novela Paradiso (1966), la mejor obra de Lezama no recae en la estela de la narrativa o en sus cuentos, sino en su poesía. Confundible solo con la de Góngora, decía Sarduy. Claro que, en no pocas ocasiones, se ha querido ver en las tentativas novelísticas del poeta, intrincados procedimientos del imago poesis.

El "Maestro", como algunos de sus coetáneos le llamaban, personificó el eje de la élite letrada en las décadas previas a la Revolución Cubana, cuya gravitación fue sin dudas la revista Orígenes. Sin embargo, el nombre "Lezama-Lima" denomina hoy más que una persona, una función, y una institución que atraviesa toda la alta cultura. Una efectiva moneda de cambio que sale del banco cultural para hacer una entrada grandilocuente en Fresa y Chocolate, film de Gutiérrez Alea. De ahí la diferencia entre una escritura Lezama, y una institución que porta un nombre propio. Una fiesta en torno a Lezama Lima traiciona su espíritu fantasmagórico, inmóvil, o como le gustaba decir al mismo poeta, su inmunidad ante la "fijeza". Pues Lezama Lima es siempre luz y signo de un secreto.

Hace ya un año escribí un texto sobre José Lezama Lima para la desparecida revista Anole en el cual me detenía sobre la supuesta beca que fue otorgada a Lezama por el Departamento de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de la Florida. Aunque cierto es que Lezama nunca llegó a Gainesville – por varias razones (comenzaba, junto con Guy Pérez Cisneros el primer número de Espuela de Plata, la lejanía de JRJ, su madre), la universidad si llegó a Lezama. Tras setenta años de este truncado acontecimiento, tenemos en nuestra biblioteca una de las cartas que el Director del Departamento, Rollin Atwood, le enviara al Profesor Juan Clemente Zamora de la Universidad de La Habana, donde se alude, en el último párrafo, a la beca otorgada al Sr. Lezama.

Asimismo en la antología epistolar editada por José Triana y Eloísa Lezama Lima, recoge otra carta, en la cual leemos el tono de un Lezama abatido por el adelanto monetario: “He hablado con el Prof. Zamora. El me ha informado de las condiciones en que le Universidad de Florida (Gainesville) me ofrece la beca…Me alegraría en extremo que usted hiciese posible que la universidad me enviase ese adelanto para hacer el necesario gasto de viaje. (Correspondencias p. 271-272).

Gasto y viaje son, en efecto, pasadizos en el corpus lezamiano (el expendio barroco, la aporía del traslado). Dicho anticipo financiero fue negado, como fueron negados, ya lo sabemos, otros viajes de Lezama al extranjero a lo largo de su vida.

Dinero, adelantos, muerte, memoria, familia, hogar, asma, desacato a los aviones, ensueño insular: Lezama trazaba mesetas para fijarse en una “Habana secreta” que solo él reconocía, o que solo podía conocer. Desde el presente, nos inquieta imaginar un tal Lezama Lima en Gainesville, y sin embargo, su vida terminó con el ostracismo análogo del que espera, en la distante Trocadero 162, alguna carta proveniente de Miami. Oppiano Licario fue la novela inclusa que no alcanzó a concluir.

Si dentro del sistema lezamiano, la ausencia es la forma espectral de la presencia, Lezama vive como fantasma entre nosotros. De ahí, entonces, la imposibilidad de celebrar eso que nunca fue, y cuyo verbo siempre es una celebración frente al espejo.
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Gerardo Muñoz
Octubre del 2010
*Fragmento escrito para Semester Bulletin del Spanish & Portuguese Department, Universidad de la Florida.

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