Thursday, October 14, 2010

Guerra y tortura


Reseña: Todorov, Tzvetan. Torture and the War on Terror (Seagull Books, 2009).


Sabemos que hoy vivimos para combatir la "guerra contra el terrorismo", ese enemigo que carece de un cuerpo, nación, u ideología concreta. El terrorismo en la actualidad ya no es una forma de lucha hacia un final, sino una forma de sustentar la inoperancia de la democracia en un mundo donde ya no existen las bipolaridades o los enemigos reales. El terrorismo puede a veces ser islámico o no; pues también puede ocupar un lugar en la memoria geográfica (las fronteras, Guantánamo), o en las hostilidades contra todo tipo de subjetividades. Dado que se trata de un enemigo que siempre cambia de rostro, el enfrentamiento acude a un esquema similar: la perpetración de una guerra inalcanzable, más cercano al deseo, que a las entregas.

Escrito un un año antes de la victoria presidencial de Barack Obama del 2008, el libro Torture and the War on Terror (Seagull Books, 2009), publicado recientemente en formato de bolsillo responde a uno de los dilemas políticos de nuestro tiempo: el estado de excepción, y la practica de la tortura. Contamos con los brillantes análisis de Giorgio Agamben (Homo Sacer, Estado de Excepción, Medios sin fin) sobre la crisis políticas de las democracias contemporáneas, y con algunos ensayos suscitados por la polémica en torno a la tortura por parte de los Estados Unidos en las voces de figuras como Judith Butler y Wendy Brown, Slavoj Zizek y T.J. Clark (parte del grupo Retort). Este ensayo, sin embargo, está escrito a la manera de un reporte o esbozo de la condición del presente, donde Todorov nos plantea las contradicciones jurídicas y morales que azotan el uso de la tortura durante esta "guerra contra el Terror". La linterna que guía al autor de libros como La Conquista de América o La experiencia totalitaria, es el intento humanista de ver en las democracias modernas la mediación de los mismos males que intenta confrontar: violencia a través de una violencia de la barbarie.

Según Todorov el mecanismo de las democracias contra el terrorismo funciona de la misma forma que ha funcionado durante gran parte de la historia universal, es decir, como la multiplicación de un mal radical como recobro de un mal propio. Podemos pensar en la Conquista de América, en la cual para llevar la civilización tuvieron que aniquilar a millones de indígenas; o bien aquel discurso de Himmler, donde se cuenta in crescendo, los cuerpos de las victimas necesarias para llegar a la pureza del ensueño del Tercer Imperio. Algo similar ocurre hoy cuando, en el discurso democrático, se nos advierte que solo vamos a invadir a ciertos países para librarlos del yugo del oprobio e instaurar las instituciones políticas de la Modernidad. Se entiende en el argumento de Todorov que las guerras hoy se explican a través de una furia que solo demuestra la impotencia del poder. Estos actos de denigración ya existían: en 1945, tras un atentado terrorista por parte del Frente de Liberación Nacional de Argelia, el poder colonialista francés respondió masacrando varias decenas de millares de argelinos. Esta figura hoy se repite cuando, por cada victima que murió en Septiembre 11 en los ataques de Nueva York, han tenido que morir más de medio millón de humanos en Irak.

Como el enemigo de la guerra no tiene rostro – lo que en la tradición occidental hemos identificamos con ciertos parámetros de la identidad, sea política o étnica – el sujeto del terror no tiene derecho a la justicia. Justamente, la figura del "terrorista" existe en el margen de la representabilidad de todos los marcos jurídicos (la Convención de los Derechos Humanos, por ejemplo) internacionales: el terrorista, una vez detenido, cesa de instancia cualquier categoría de "humanidad", pues no pertenece a una nación o a un pueblo. De modo que es un ser que existe en la disparidad de la vida desnuda que ha analizado Giorgio Agamben, a propósito de los campos de concentración. Ya que el hombre no es necesariamente una entidad social o política ante la ley o la autoridad de los parámetros éticos internacionales, estamos frente a un ser vulnerable a la tortura y a todos los dominios bio-políticos del cuerpo.

Slavoj Zizek ha visto que lo perturbador de la discusión sobre la tortura durante los últimos años en Estado Unidos, no ha sido el hecho de que algunos estén a favor, sino que surja el espacio discursivo para debatir la normalidad del procedimiento. Desde la publicación del infame "Torture Memo" del 2002 por el Departamento de Justicia de EEUU, la tortura sea ha vuelto el mecanismo justiciero del Estado de Excepción Norteamericana. Y de alguna forma, la "tortura" es reinterpretada para que no constituta una forma de tortura, sino nuevas formas de denigración al suspender la forma jurídica de la tortura contra subjetividades alternas como el "enemigo del combate ilegal" que problematiza en un pasaje el mismo Todorov:

"The "illegal enemy combatants category allowed the US government to place apprehended individuals outside the read of laws and norms, and hence to practice torture". The 'Torture Memo' maintains that the acts under question do not fall into the category of torture. For them to be deemed torture, it suggests, as we have seen, there must be a loss of a leg or arm, the inability to stand up…as the Memo states without any hint of irony".


No es del todo contradictorio que la forma de control teleológico en la era de la "Guerra contra el terrorismo" sea la tortura, puesto que corroboramos la función del placer en una era donde necesitamos tener una imagen total del sufrimiento y del dolor. Tener ahora poder sobre la pulsión de la muerte del otro, en un momento donde la soberanía, la ética, y los derechos más básicos del hombre han entrado en crisis, es hoy la norma que regula la vida. El libro de Todorov, además de estar ilustrado con fotografías de Ryan Lobo tomadas en una prisión de Minnesota, llega a comentar el estado precario de la vida humana. La tortura no solo ocurre en Guantánamo, en una celda de Texas, o en las buhardillas secretas de la CIA: todos somos, en potencia, sujetos de la tortura por un poder que se extiende molecularmente.

Hacia el final de este ensayo, y a modo de excusación, Todorov encuentra que una salida es posible a través de la comunidad, es decir, de reformular lo que hoy entendemos por "vida humana". El quiebre de la comunidad social e inter-subjetiva de la ley, se ha remplazado por la norma, enfundada no en la banalidad o la radicalidad del mal, sino en el deseo forma intrínseca del goce sobre el cuerpo abyecto. Al libro solo le podemos criticar su discurso apaciguo, que reza con lo intelectual de un lenguaje de acción contra el horror, de la movilización comunal contra las infamias. Entre el espacio abierto del deseo por la muerte y la guerra contra las subjetividades, podemos rescatar de este magnífico panfleto de Todorov, que la era global registra un nuevo camino hacia la catástrofe.
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Gerardo Munoz
Octubre del 2010
Gainesville, FL.

*imagen: cubierta del libro de Tzvetan Todorov (Seagull 2009).

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