Saturday, November 6, 2010

Populismo y la estética del pueblo


La relación entre la frontera política del populismo y la producción artística difiere en buena parte de la substracción estética que se propuso la Vanguardia. A diferencia de ésta, la estética bajo el signo populista (o un " Máximo Líder"), no intenta llevar a cabo un programa de emancipación total de las masas o de plena destrucción del orden actual de lo político y sus instituciones. El arte en el populismo, en cambio, presume que la situación actual es de por si una obra de arte (kunstwerke), y se reduce al suplemento vinculados con la estructura de los medios masivos. La ambigüedad estética frente al Populismo no solo se dibuja entre si, pues sino también responde a la ambigüedad ideológica del mismo proceso popular. Según Ernesto Laclau, la deriva populista no asegura un momento ideológico total, ni el movimiento del proletariado hacia la sociedad sin lucha de clase. El populismo ocurre cuando diferentes actores sociales entran en un proceso de equivalencia traspasando el medio de sus diferencias [1]. La cristalización del proceso de equivalencias a través de una figura central termina por situar al populismo entre una separación categórica del concepto de “masas": la plebe se ha unido para abarcar todo el espacio de la ciudadanía.
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La confluencia totalizadora de la plebe pone en riesgo la producción estética de distintas maneras: por una parte aniquila la autonomía del arte, al entender que la cultura popular acapara la realidad simbólica, mientras que por otra se beneficia de su momento actual, o sea del presente, para construir el eje cultural de la política. Mientras que la Vanguardia y el arte producido en las sociedades comunistas, miraba hacia el futuro, siempre a destiempo de su "contemporaneidad" para atrapar la "Historia"; el Populismo se entendió como un arte donde las masas cumplen la triple función de productores, espectadores, y exegetas de una cultura popular y actual.

Ya en la década del treinta, Walter Benjamin en un breve escolio titulado "Reflexiones sobre la radio", lamentaba la separación tecnológica que se perpetúa entre el medio radial y sus oyentes [2]. Un arte popular, como en efecto algunos han leído a Benjamin en relación con la tecnología, supondría la inclusión de lo "popular" en una esfera inclusiva más allá de la oposición entre dos modalidades culturales con base en la división de clases sociales. En las actuales sociedades “posmodernas”, basadas en la tecnología, y en la participación de subjetividades sobre los medios visuales, el populismo ya no solo coincide con una forma de lo político, a la manera de Laclau, sino con la estructura de vida, donde el "Ser" se emancipa de los centros, y cobra libre acceso a la circulación de los medios. Y no solo acceso, sino que, tras la implosión de las esferas tradicionales – de la misma sociedad civil – el sujeto vive allí como último lugar de refugio.

Populismo y producción artística convergen en la historia de América Latina desde hace más de un siglo atrás. Estudiadas por Graciela Montaldo o Andrés Avellaneda, el Peronismo en la Argentina representó, en efecto, un modelo posible para llevar a cabo un "arte populista". Es durante este periodo que, escritores de la década del cuarenta, comienzan a realizar la politización de las escrituras autónomas en el campo cultural y el rechazo por la cultura, entendida como "baja e inferior", de las masas. La revista Sur, fundada por Victoria Ocampo, y en cuyos contribuidores más lucidos se encontraban Borges, Bioy Casares, y Carlos Mastronardi, impulsaba un proyecto de cultura nacional, donde lo patriótico paradójicamente se entendía como un proyecto exterior que absorbía el universalismo de la cultura europea. Frente al proceso populista del Peronismo, la agenda ideológica de Sur fue de rechazo, y no solo porque a Borges lo hayan puesto como un inspector de aves y pollos en una municipalidad. La gran diferencia entre los miembros de la Vanguardia de Sur radicaba tanto en la esfera política como en la cultura. Como ha analizado Andrés Avellaneda, el acontecimiento mundial del fascismo, la Guerra Civil Española, y la Segunda Guerra Mundial:

"…la aparición del Peronismo fue un pico de intensa polarización cultural e ideológica. A los intelectuales liberales y de izquierda, sensibilizados sobre el reciente debate de la Guerra Civil Española, y por la oposición al nazifascismo que empezaba por entonces a batirse en retirada en la segunda guerra europea, no le faltaron datos concretos para calificar los acontecimientos locales como una versión criolla de la extrema derecha desatada en el continente." [3]

Frente al oficialismo político, la Vanguardia de Sur tomó la posición como un agente radicalmente liberal, democrático, y defensores de los Aliados. Esto se debió no tanto a la afiliación política con la Izquierda, sino a una táctica del momento con el fin de contraponer el status quo del populismo peronista. Esto se comprueba al ver que, en la esfera de la cultura, sin embargo, la democratización cultural no admitió en un mismo plano la cultura de las masas. De ahí que la Revista Sur comparta con las Izquierdas del siglo XX la osadía, como ha visto Daniel Bell, la distinción entre el conservadurismo cultural y la radicalización de la política. Sur, por otra parte, encierra una paradoja entre su radicalización política y su conservadurismo cultural, pues sus miembros en general no se posicionaban en la "Izquierda" dentro del espectro político como tal, y la producción literaria se inscribía en la novedad de las nuevas formas y corrientes literarias que acaparaban la autonomía de la institución del arte. Este conservadurismo político y radicalismo literario paradójicamente tiene homólogos en estéticas fascistas, es decir, en escritores como Louis-Ferdinand Celine, Ezra Pound, o Wyndhem Lewis, donde la estatización de lo político operaba tanto contra la sociedad capitalista como contra el surgimiento de las masas que agitaba el comunismo. De modo que la encrucijada entre alta cultura e inclinación política quedaban, en vez de oponerse ideológicamente, repitiendo el mismo movimiento político del oficialismo peronista en los cincuenta.

Ricardo Piglia, ha notado que las diferencias entre los campos literarios e instituciones, se pueden leer mejor como guerras abiertas a través de modelos que ejercen cierta tipología de criterio estético sobre una sociedad letrada [4]. Guerras abiertas que también tiene la forma de un complot: el Peronismo no llega a ser una revolución, pues no busca la destrucción, sino la infiltración en las altas esferas del Estado. Mientras que Sur, dentro de la cultura oligarca, penetraba algunas formas de la estética popular de las masas (Bustos-Domecq). Los miembros de Sur llevaron esta empresa contra el Peronismo para entablar del mismo modo una estética análoga hacia lo nacional, mientras que sembraban un orden conservador en la esfera de la cultura, y rompían con tendencias “menores” (Arlt, Macedonio Fernández, Witold Gombrowicz). Diferencias aparte, Sur y el Peronismo, terminaron compartiendo, desde estrategias disímiles (políticas o culturales) una misma teleología de la esencia nacional.
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Notas:

1. Laclau, Ernesto. "La deriva populista y la centroizquierda latinoamericana". Revista Nueva Sociedad, 2006.
2. Benjamin, Walter. . "Reflections on Radio". Selected Writings, Volume II. p.543.
3. Avellaneda, Andrés. El Habla de la ideología: modos de replica en la Argentina contemporánea. Editorial Sudamericana, 1983. pg. 26.
4. Piglia, Ricardo. Crítica y Ficción. “Sobre Sur”. Seix Barral, 2000.


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Gerardo Munoz
Noviembre del 2010
Gainesville, FL.

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