Sunday, December 26, 2010

El cuerpo del Estado


“Truth is in the image, there is no image of truth”: It is because this image has power that it is necessary to defend and protect it. It is not because it is true that it has power. It is because it has power that it becomes true, that it must be true”.
– Marie-José Mondzain, Image, Icon, Economy



El Estado no es solo una entidad abstracta, tal y como lo pensaba Hegel, que lleva por síntesis la génesis del Espíritu en la geografía de la nacional. Hay también, en la materialidad de su existencia, lo que podríamos repensar desde la corporalidad: una recoleta de instituciones que arman esa vida siniestra que abarca el tiempo y el espacio de la simultaneidad social. Ya en sus conversaciones con los geógrafos franceses, Michel Foucault señalaba como, al menos desde el siglo XVIII, la arquitectura había tomado un giro político [1]. El Estado como entidad central de lo política funcionaba, a su vez, como una estructura que se proponía un orden actual: vigilar y situar numéricamente en el espacio soberano. Hablar del cuerpo de Estado presupone de alguna forma que el Estado no consta de un espacio propio, sino de un imaginario que habita en la forma misma de los cuerpos. La bio-política es, exactamente, esa transición de una forma de gubernamentalidad hacia una mucho más sutil que invade las mismas formas de vida. Disparados desde el discurso de la seguridad, el Estado somete desde el cuerpo ciudadano a los minuciosos dispositivos de control del cuerpo-estatal.

¿El estado de la imagen, o la imagen del Estado? Hay un cruce en el mundo actual – y que el arte contemporáneo no ignora del todo – entre dos instituciones no poco corruptas en el manejo de sus prácticas. El estado de las imágenes en la actualidad se entiende como suplemento visual de la economía libidinal de la sociedad de consumo. La imagen aquí funciona como vestimenta del fetichismo de la mercancía y como signo que apela a los sentidos de la atracción y la felicidad. El estado de la imagen es, en nuestro contexto de la globalización, extensión del cuerpo del capital en continua movilización: momento inicial en que el lenguaje político desaparece para rozar con el vacío del goce.

No menos siniestro es indagar sobre la imagen del Estado que, desde el estudio que llevaría a cabo Kantorowicz, presupone la dualidad de dos cuerpos. Por una parte, el cuerpo sutil de lo político (el Rey Monarca, el Presidente del Partido, da igual) representando el autoritarismo oculto de las sociedades democráticas, mientras que por otra se extienden al dominio de el cuerpo del ciudadano. Es así que cada ciudadano ocupa su lugar atómico, como en el monstruo marino de Hobbes, en el laboratorio simbólico de la nación.
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Pero hoy, tanto el Soberano como la nación y el Estado, ha perdido legitimidad. La globalización y la desterritorialización han dado lugar a la inestabilidad de los conceptos universalistas tales como “ciudadano”, “Estado”, o “límites de frontera”. El ilegal es hoy, como ha señalado Giorgio Agamben, el futuro de una comunidad que viene y que hoy solo muestra sus vetas de contradicción y desesperanza. Quizá no ha habido otro momento en la historia contemporánea donde las formas de vidas en vivido en tanta precariedad, pero es ahí, en efecto, en el momento de la crisis, donde sobresale el cambio de la infausta necesidad hacia la contingencia de la política posible. Si el Estado es el momento formal para embargar el estado de guerra; su desaparición hoy marca el territorio de un nuevo espacio de conflicto. Un momento en donde es posible imaginar la comunidad y las posibilidades del cuerpo [2].

Si el Estado representa la sociedad en su totalidad (como forma de burocracia estética, como le interesaba a Kafka), o hace legible, al decir de James Scott, el espacio de su soberanía, ¿cómo representar o hacer visible los espacios en donde se pueda dejar constancia del Estado? ¿Es posible retratar al Estado, sin cifrarlo en una ficticia heterotopia? Hacia finales del 2006, el fotógrafo Armin Linke aceptó la comisión del Ministerio de Cultura de Roma para llevar a cabo un reportaje de las instituciones políticas del Estado Italiano. Linke es conocido como un artista que ha llevado el arte de la fotografías a los límites entre la estética y el poder: captar aquello en pura gestación, como modelo arquitectónica de la dominación. La fotografía de Linke, curiosamente, no capta el momento aurático que consolida el mecanismo representativo sobre la realidad, sino que incursa sobre un modelo cero de que se despliega ante nosotros. Su método fotográfico sigue los pasos no solo del montaje soviético, sino de la política del new-journalism o esas fotografías de la violencia que Enwezor ha visto contra-narrativa (en su caso visual) del discurso consensual del Estado [3]. El resultado fotográfico de Linke no es menos sorprendente, ya que el Estado Italiano aparece, desde su lente, como punto cero de la desaparición.
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Espacios vacíos que cobran sentido desde la materialidad difusa y heterogénea: una lujosa arquitectura rococó, una mesa redonda donde los think-tanks imparten sus directrices, o un foro abierto donde la política italiana, bajo el signo Berlusconi, se aproxima proféticamente a la sociedad del espectáculo que Guy Debord comprendía en Occidente. En Linke, la fotografía captura el silencio de un poder – es decir, del Estado – que se ha exaltado desde el momento en que ha dejado de operar, como si de un vacío inoperante se tratara. De ahí que en las fotografías de Linke no podemos hablar necesariamente de la significación del Estado como referente temático, sino como una gramática del poder que ya Roland Barthes disertaba en el gesto fotográfico:

“The photograph is a victim of its superpower; since photography has the reputation of literally transcribing reality or a slice of reality, no one ever thinks about its real power, its true implications. We have a doubt perspective on photography that is always either excessive or erroneous” [4].

El centenar de fotografías que Linke ha expuesto sobre la representación de Estado contemporáneo, demuestran el propio exceso de la fotografía: su imposibilidad de llevar el frente la apariencia de una agencia que existe dentro y fuera de su representación. La fotografía de Linke muestra un Estado imposible que a su vez se muestra desde sus espacios de mayor intimidad, a la vez que descubierto en una significación que deja mucho de sospecha en torno a la subjetivización del sistema. En la propia imposibilidad de ver quien es el Estado, aquí se instala una fotografía que es anímica al poder: una cartografía por donde analizar las huellas que van dejando las instituciones desde la arquitectura.

Es dentro de esta dialéctica donde la fotografía de Linke busca situar su poder de desenmascaramiento: representar a través de la ausencia de sus mecanismos y de sus sujetos, una forma posible de acercarse al Estado. De ahí que Cuerpo de Estado sea un recurso inverso de la bio-política o la vigilancia: el Estado pasa a ser vigilado por un arte que ha instalado lentes sobre sus dimensiones. Al igual que el zorrillo en la obra de Francis Alys The Nightwatch, en Linke la institución pasa de vigilar, a ser vigilada por un espectador del afuera de la representación.

En las fotografías de Linke, no hay espacio para los políticos, líderes partidistas, o nombres propios. Como si lo único relevante hubiese sido captar esos espacios epistemológicos, donde se articulan la economía invisible del poder. El acto de la fotografía aquí salva el momento en donde lo real termina por colocarse como símbolo del poder. El manejo de la fotografía sobre estos espacios parece encadenar apartados en una secuencia o montaje del rostro, siempre inacabado, de lo estatal. Pero quizá la mejor manera de acercarse a ellas no seria a través de la continuidad, sino desde los espacios del conjunto. El lugar del Estado se encuentra en esos límites.


Notas:

1. Foucault, Michel. “Space, Knowledge, and Power”. Foucault Reader, 1984.

2. La crisis del 2008 fue uno de los eventos que dio lugar a que el Segundo Congreso de "Former West", organizado por Maria Hlavajova, se replanteara el problema de los horizontes en la imaginación política desde el umbral de la contemporaneidad. Como se ha preguntado T.J. Demos: ¿cómo imaginar otro horizonte posible, más allá de las políticas del consenso del neo-liberalismo global?

3. Enwezor, Okwui. “Making oppression visible”. Creative Time Submit. 2009.

4. Barthes, Roland. “On Photography”. The Grain of the Voice. University of California Press, 1985.
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Gerardo Muñoz
Diciembre del 2010
Miami, FL.

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