Saturday, December 25, 2010

La idea de la vocación


¿A que cosa le es fiel el poeta? Lo que se cuestiona aquí es algo que no se puede fijar en una preposición o memorizar como un artículo de fe. Pero, ¿cómo puede un voto de silencio cumplirse sin nunca llegar a ser formulado, ni siquiera para uno mismo? Tendría que desparecer de la mente en el mismo instante que instala allí su presencia.

Un glosario medieval explica que el sentido del neologismo dementicare comenzaba a substituir el más literario oblivisci dentro del uso común, de esta forma: dementicastis: oblivioni tradidistis. Lo olvidado no es simplemente aquello que se despoja o se deja a un lado, sino aquello que se traspasa hacia el olvido. El patrón de esta tradición informulable comienza con Holderlin, quien en sus notas sobre la traducción del Edipo de Sófocles, escribe que el fin de Dios y el hombre, “consiste en no borrar la memoria de los cielos, sino comunicarla en forma, en el olvido, en la infidelidad”.

Fidelidad hacia aquello que no puede ser tematizado, ni simplemente traspasado en silencio, es la traición sagrada, en donde la memoria, batiendo como un torbellino, destapa la frente plateada del olvido. Esta actitud que revierte el abrazo de la memoria y el olvido, dejando intacta la identidad de lo recordado y lo olvidado, es la vocación.

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Giorgio Agamben, Idea della prosa (1985)
Traducción de Gerardo Munoz

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