Friday, December 31, 2010

Las ninfas dargerianas


Como las viñetas de la guerra de Goya o el mundo laberíntico de Kafka, la obra visual del artista norteamericano Henry Darger (1892-1973) ocupa un lugar singular dentro de las corrientes subalternas de la crisis de la Modernidad. Singular no solo por la agonía que nos depara este mundo, sino la forma total en que se ha concebido. Sin embargo, a diferencia de Kafka o Walser, para quienes la locura y la totalidad consistía en la nueva burocratización de la vida moderna, el mundo fantástico de Darger – poblado de niñas y ninfómanas hermafroditas que asesinan – recorre los albures de eso que también podemos ver en la crisis existencial y religiosa (credo quia absurdum) de un León Bloy. Posicionado en la contienda de las tormentas sacramentales, en el cosmos imaginario de Darger, como en los “Diarios” de Bloy, busca alternar el propio mundo capitalista, o sea, invertir el orden de la plusvalía donde se coagulan la fantasmagoría de las mercancías.

Saturado de un catolicismo hereje, la obra póstuma de Darger engendró una escatología vista desde el lado demoniaco de la infancia. En esa obra total, encontrada por su amigo Nathan Lerner, después de su muerte The adventures of the Vivian Girls in What is Known as the Realms of the Unreal or the Glandelinian War Storm or the Glandico-Abiennian Wars, as caused by the Child Slave Rebellion, comprendió, en extensión, más de mil quinientas páginas de una novela gráfica, escrita a puño de letra durante los agonizantes últimos veinte años del autor. Como Mallarmé o los utopistas rusos – estos últimos podemos trazar el influjo del místico Federov que se extiende hasta el mundo de las Vivians – en Darger el arte ocupa no solo el espacio de una obra, sino toda una cosmovisión que nos coloca en un lugar incierto sobre nuestra propia existencia como lectores o espectadores de sus cuadros. La fuerza de esta obra ya no solo proviene de la capacidad del horror o del “shock”, sino de la forma en que el mundo Total engendra monstruos, o fantasmas que reemplazan las imágenes.
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La trama de la historia de Darger suele ser conocida, y nada inaudita. En un planeta imaginario llamado Glandelinia localizado en el futuro, comienza una masacre y torturas de niñas que quiebran la fe cósmica que Darger imagina para el futuro reino del Catolicismo. Azotados por la guerra y la continua pedofilia, siete son las niñas, las Vivians, que se alzan contra el Estado para devolver el reino a los niños y dan por finalizado el reino de la esclavitud infantil. No seria tan terrible este mundo de Darger, sino fuese por las imágenes que ilustran el infinito manuscrito y que recientemente se han exhibido en la muestra itinerante “Dargerism: Contemporary artists and Henry Darger”, donde cada panel de la obra del autor aparece ilustrar la peor de las pesadillas: volver a la vida desde una inocencia que se ha vengado de la vida y la adultez. Niños colgados, amarrados, y asaltados en medio de un bosque. En otra de las imágenes, estas los infantes aparecen estranguladas en media de una pavorosa desnudez.

Mucho más fascinante que la imaginación diabólica de Darger, es sin duda el método de composición de las Vivian Girls. En realidad Darger no fue entrenado como artista y carencia del dominio de la pintura y de las técnicas del dibujo. De ahí que, como los artistas contemporáneos del Pop-Art, Darger concibiera sus obras a partir de la técnica del collage, calcadas de imágenes de revistas populares, donde aparecían niñas de comerciales que muchas veces se nos asemejan a esa belleza ideal de Shirley Temple. Esta tensión entre el mundo alucinante y el calco de las imágenes, es quizá el signo por donde podemos singularizar la obra de Darger. Lejos de los proyectos contemporáneos, la construcción estética de Darger no era reproducir las imágenes de un mundo, sino transpórtalas, y volverlas fantasmas hacia ese otro mundo que solo él había perpetrado desde la imaginación.

Este gran proyecto de la imaginación tiene como figura central a la ninfa. En efecto, ésta es la figura mitológica que podemos estudiar desde la cultura greco-romana hasta Paracelso y Bocaccio, y que ha constituido un arduo problema ontológico para los pensadores las substancias existentes. ¿Son las niñitas de Darger, solamente niñas en un mundo volcado al revés? Y si es así, ¿por qué portan falos? ¿No es la imagen de la ninfa una esencia que rompe contra toda clasificación de género, substancia, y esencia? El mundo de Darger se imagina a partir de estas figurillas que cumplen la doble función dentro de la lógica de la “Guerra del Mundo Glandelinia”: sirven de pretexto para la guerra, como lugar de sacrificio y salvación y heroínas del nuevo orden social (¿sexual?) de la cosmogonía, y por el otro, como cuerpos de un placer expuesto, libre, ahora accesible. Estudiado recientemente por Giorgio Agamben en su libro Ninfas (Pre-Textos, 2010), las “ninfas dargerianas” ocupan un sistema imaginario muy importante dentro de la tradición Occidental. Al igual que en el sistema de Aby Warburg, el posicionamiento de estas ninfas son marcas de la imaginación:

“…interesante indagar la relación de Darger con sus Pathosformeln. No hay duda de que durante más de cuarenta años vivió inmerso por completo en su mundo imaginario. Como todo artista verdadero, no quería, sin embargo construir sencillamente la imagen de un cuerpo, sino un cuerpo para la imagen. Su obra…es un campo de batalla cuyo objeto es la “ninfa dargeriana”. Las imágenes están vivas, mas, hechas como están de tiempo y de memoria, su vida es ya y siempre Nchleben, supervivencia, amenazada sin cesar y en trance de asumir una forma espectral”. [Ninfas, p.25]

A través de las imágenes superpuestas – ese Pathosformeln que ideara Warburg para su Atlas de la Memoria – sobre los paneles de su mundo imaginario, Darger creaba un método, no muy diferente al de intelectuales como el del cubano José Lezama Lima o del austriaco Aby Warburg, quienes veían en la fantasmagoría de las imágenes, la llave secreta de la Historia, una esencia mucho mas antigua y redentora que la secuencia de los hechos. Cuando hoy en el arte hablamos de los debates en torno al archivo y la memoria, tendríamos que considerar la obra de Darger más allá de la moralidad (y sus variantes: inmoralidad, amoralidad), como una forma en donde el mundo se desdobla ante nosotros desde su misma composición material (los recortes, el collage, la transparencia). La ninfa es la figura que desaparece, o que funciona como pasadizo entre el mundo de las imágenes.

Las ninfas de Henry Darger no son propiamente las especies que encarnan el símbolo oculto del pecado, o como han querido ver otros desde el psicoanálisis, la revancha de la hija contra el padre. Las ninfas, bajo ese signo de “mal carnoso” son la figura de ese hábil método de transmisión de imágenes en una cultura tan escurridiza como la nuestra. Si la figura de Darger puede ser fácilmente inservible, son las ninfas que pueblan ese mundo las que hoy ya constituyen el mundo de lo macabro. Nuestras noches imaginarias y las veladas pixelarias.
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Gerardo Muñoz
Diciembre del 2010
Miami, FL.

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