Wednesday, January 12, 2011

Cinco libros (ensayos) cubanos del 2010

No es este el espacio de tejer tendenciosas listas sobre libros cubanos. Sabemos que ya existen, entre nosotros, otros críticos cubanos que se ocupan de esa modesta labor de eso que Umberto Eco, en uno de sus últimos libros, ha llamado la fiebre de las listas. Catálogos con furia de mediatizar el saber, y de erigir sobre la tierra un monumento en vida. Haremos, entonces, a manera de resumen, un conjunto de afinidades electivas (y deseo que sean colectivas) que este último año 2010, tuve el placer de leer, repasar, y en otros casos reseñar en algunos espacios. Sabemos que detrás de los estudios sobre Cuba, se esconde una imperceptible maquinaria de hacer información, datos, chismes, amontonados sobre un presente que apenas puede llevarlos con el peso de su presente. El cubano, a mi parece, vive en un constante revisionismo, aunque La Habana y Miami, apuesten a la continuidad bipolar de sus lugares. Aunque "libros cubanos" puede ser muchos (valga solo una mención de una provincia cubana, o de José Marti), me he propuesto satisfacer en esta lista dos cualidades: un libro de ensayo sobre tema cubano.
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Hay otra cosa que antes de llegar a los libros me gustaría señalar. Y es problema de los interesantes personales y el lugar de la crítica. Uno de los dilemas de las nuevas tecnologías y del orgiástico boom informático no solo es que cualquiera puede escribir sobre cualquier cosa, sino que algunos pueden escribir sobre sus amigos e intereses. Hacer de la labor crítica una de las fuerzas armadas con las que se defiende a la obra soberana. Es como si de repente los controles de "legitimación simbólica", al decir de Pierre Bourdieu, fueran transparentes. Quizá por eso me gusta el método que el escritor y crítico español, Vicente Luis Mora, emplea cuando se dedica a reseñar libros en su Diario de Lecturas. En cada entrada, el autor nos comenta su relación con la editorial o con el autor. Intentaremos ese procedimiento en esta lista. Y no es propiamente que uno no pueda escribir sobre el libro de un buen amigo (o así mismo de su colega, o jefe), sino que hay que volver a la ética de la distancia o lo que bien pudiéramos llamar una paideia de la crítica.


Antonio José Ponte – Villa Marista en Plata (Madrid, Editorial Colibrí, 2010).

Este es un libro muy esperado, y no solo por el tema que ensaya, sino porque desde hace algunos años sabemos que cada libro de Ponte constituye un acontecimiento. La escasez de Ponte (como escritor, me refiero) da testimonio de mi previa sentencia. Cada libro de poemas, ensayo, o narrativa, es parte de un mosaico del cual aun no podemos distinguir los rasgos de su fin. En cada uno de los géneros, Ponte es equitativo y económico. Hay una generosidad literaria muy poco común entre nosotros. No hay espacio para la acumulación o el gasto: todo está escrito bajo el efecto de haber sido borrado, o como vestigios recogidas de una amplia papelería. Villa Marista en plata no es propiamente un libro sobre arte – como bien pudiese indicar su título que alude a Carlos Garaicoa, y cuya tapa porta una obra de Geandy Pavón – sino una suerte de narrativa híbrida que Ponte ha sabido construir muy bien a partir de ensayos como "El abrigo del aire" o La Fiesta Vigilada (Anagrama, 2007). Villa Marista es una crónica sobre los últimos años cubanos y que tiene como pie forzado la representación del agente de la Seguridad del Estado tanto en obras de arte (Garaicoa, el film Monte Rouge) como en los nuevos soportes tecnológicos. Este punto de partida da pie a un abanico de episodios recientes como el caso de Luis Pavón o Serguera en la Televisión Cubana, la famosa guerrita de lo mails, las nuevas políticas culturales de la Cuba del milenio, y la silueta de Yovani Sánchez como epítome de las últimas furias de los blogs en relación con la mediatización de la represión en Cuba. El libro se hace muy ameno de leer, no solo por la siempre lúcida y ágil prosa de Ponte, sino por su extrema habilidad de narrar sin caer en la inmadura superstición de las citas (a la cual yo, dicho sea de paso, aun pertenezco). Aquí Ponte hace historia contemporánea que se asemeja mucho más a la labor crítica de Duanel Díaz que a la historiográfica de Rafael Rojas. Aunque a diferencia del primero, hay menos resentimiento intencional en torno al anti-castrismo, ya que se escribe a partir de una narración y un análisis al margen. El libro también recoge imágenes de las obras "Joyas de la Corona" del artista plástico Carlos Garaicoa que, además de metáforas de la represión latinoamericana, funcionan como boletos de entrada a la siempre difusa realidad cubana. Para los que hemos sido lectores de Ponte no hay que decir que estamos frente a un libro imprescindible que nos sirve de paradero mientras esperamos la próxima novela que se publicará próximamente por Anagrama. Para los que por primera vez se acercan a su obra encontraran uno de los mejores cronistas de la lengua hispana.


*[relación con el autor: cordial amistad. Colaboro en su Diario de Cuba. Relación con la editorial: ninguna.]


Iván de la Nuez. – Inundaciones: Del Muro a Guantánamo 1989-2009 (Barcelona, Debate 2010).



El crítico de arte y curator cubano Iván de la Nuez desempeña una labor como crítico que se abre hacia las mareas de la aldea global, mientras que mantiene alguna huella de insularidad precoz. Hay en el tono de de la Nuez cierta inflexión de marea, como aquel que ha pasado por los estrechos de algunos mares, o arribado en alguna costa para resolver salir en la mañana. Inundaciones no es del todo un libro original, aunque pretenda serlo. Cubriendo las dos décadas de nuestra contemporaneidad, de la Nuez pasa revista al vendaval que ha sacudido a Occidente y sus periferias en dos momentos cruciales: primero con la caída del Muro de Berlín y segundo con el atentado terrorista de Septiembre 11. Como en el método de Agamben, hay cierta persistencia en de la Nuez a mantenerse en los umbrales, en los espacios intermedios, y de cierta forma en dos espacios temporales que tienden a dividir una geografía. Decía que el libro no es original, ya que recoge artículos y ensayos que se han publicado antes en diversos medios como el suplemento Babelia, la fallecida revista Lápiz (¿ aun viva?), u otras revistas expiradas como Cubista o la mexicana Plural. De ahí que no se pueda leer Inundaciones como un libro orgánico, sino como un archipiélago donde cada texto, al decir de Donne, es una isla por si misma. ¿Que tiene que ver, por ejemplo, tanto en términos de contenido como forma, el ensayo, el brillante ensayo "Cuba-Estados Unidos: una guerra fría en el trópico", versión idéntica del ensayo "Mas allá del bien y el mal…", con el escueto apunte final "Guantánamo o el deshielo del arte"? En otras partes libro tenemos la impresión de estar leyendo fragmentos de ese brillante manual del exiliado El mapa de sal, también reeditado este año por la editorial Periférica. Si la repetición en Inundaciones realmente inunda la colección, hay que valorar no obstante que el libro pretende dar fragmentos de los sucesos en forma de islotes. La fragmentación en de la Nuez es un lastre posmoderno que en muchas ocasiones cobra la forma de una fantasía. Es por ello que Inundaciones no es lo mejor del ensayista cubano, y sin embargo, es un muy cómodo archivar estas prosas que piensan no solo la política y el arte contemporáneo, sino cuestiones del multiculturalismo y la globalización, la liquidación de la Modernidad y la revancha de América Latina, la caída de los partidos comunistas y la invasión de los ordenadores y las redes sociales. Quizá una historia del "presente", como la que se propone de la Nuez, solo puede ser escrita de este modo: fragmentaria, año a año, sin tregua por las corrientes de altamar. Si cada libro de Iván de la Nuez es imprescindible (desde su temprana Democracia Cristiana en Chile hasta la antología Cuba y el día después), este tomo no es otra cosa que un atlas de cómo pensar nuestro presente de las ásperas metáforas de su relieve.

*[relación con el autor: escasa, algunos intercambios por correo. Relación con la editorial: ninguna.]



Mosquera, Gerardo & Posner Helaine. Tania Bruguera: on the political imaginary (Chartra, 2010).


Es difícil acentuar la importancia de este libro dedicado integrantemente a la obra de la artista y profesora del arte contemporáneo Tania Bruguera, ya que es la primera monografía que trabaja las complejidades que, hasta el momento, simboliza la obra de Tania. El libro recoge ensayos críticos de la curadora Posner, la estudiosa Lambert-Beatty, y el crítico y curador cubano Gerardo Mosquera. El libro no es de la magnitud de lo que uno esperaría – es decir, hay mucha información y trabajo de archivo aun por hacer a la hora de incursar en la obra de Tania Bruguera – aunque si nos provee una mirada panorámica de una obra que muchas veces se entiende linealmente. La realidad es que la obra de Tania Bruguera ha tramitado por varios derroteros que incluyen sus tempranas reescrituras de la obra de Ana Medieta (tesis de grado en la ISA), sus incursiones en el performance durante los años más novedosos del cuerpo en el arte, y finalmente una tercera fase que incorpora la pedagogía y el arte relacional como proyectos políticos de lo que antes se llamaría "arte de conducta" en la obra de la artista. Los críticos recomiendan estudiar la obra de Bruguera desde estas diferentes zonas de proyección que, a su vez, se combinan entre si formando lazos de correspondencia. Lo más interesante para el que se acerque a la obra de Bruguera es, entonces, esa ruptura entre performance de su primera etapa con la última faceta de la politización de las audiencias que culinaria el nuevo proyecto de la artista de crear un partido político de inmigrantes con cedes en Berlín y Nueva York. Bruguera se dibuja aquí dentro de un mapa que ya no podemos clasificar bajo los antiguos paradigmas de "arte cubano", "arte de resistencia", o esa invención de Gómez-Sicre "arte del exilio". Si tomamos la geografía como marca de una identidad, entonces Bruguera puede se vista como una de las artistas latinoamericanas más cosmopolitas de nuestro tiempo que exhibe con igual de calidad y resonancia en Bogotá como en Berlín, en Murcia como en La Habana, en el Tate de Londres como en Venecia. Hablar de "imaginario político" como eje central del libro sintetiza con cierto sesgo este proyecto que, en plena gestación de su estética, puede parecer disímil y en parte desorganizado. Una primera monografía ya es síntoma de canonización, es decir, de monumento. De muerte y olvido. En el caso de Bruguera, sin embargo, esta monografía ha llegado infelizmente muy tarde, dado el echo que Bruguera es una figura tan reconocida críticamente (de ella han escritos los críticos del arte contemporáneo más lucidos del momento como Cuauhtémoc Medina, Claire Bishop, y T. J. Demos), y actualmente profesora en la cátedra de arte de la Universidad de Chicago. Si bien toda primera monografía es incompleta y precoz, he aquí un primer intento, donde se expone una figura que hasta el momento solo había que estudiarla a través de precarios artículos de la revistas de arte, y cuya trayectoria no se había legitimado con las tapas de un libro.

*[relación con los autores: ninguno. Relación con la editorial: ninguna. Con Tania Bruguera: ninguna, somos amiguitos en Facebook].


Martínez, Juan. Carlos Enríquez: The Painter of Cuban Ballads. (Miami, Cernuda Art, 2010)

Salvo las mañas comerciales tras dicha publicación, este libro tiene el mérito de sacar a luz un pintor cubano que, dentro del canon de la llamada Vanguardia de las artes plásticas, ha sido relegado al comodín del artista exótico. Tanto Carlos M. Luis como el poeta Lorenzo García Vega, por citar dos nombres, se han ocupado de empobrecer una figura de la historia intelectual cubana que sin dudas merece mucho más reconocimiento (y no solo en sus obras pictóricas, sino también, como ha señalado en el pasado Duanel Díaz, en sus novelas rurales) y estudio entre nosotros. El libro, en sus dimensiones, es realmente lo que muchas veces se llama un coffee-table book y prevalecen las imágenes a color y los dibujos a la crítica y el estudio detenido de su obra. A cargo del estudioso e historiador del arte cubano Juan Martínez – autor de un vago libro sobre los pintores de la Vanguardia Cuban art and National Identity – el aporte sobre el pintor del "Rapto de las mulatas" aporta poca visión crítica y fatiga con sus varias toneladas de escrutinios y chismoserías biográficas que de alguna forma se pueden encontrar en biografías de pintores cubanos que las que escribió el historiador cubano Juan Sánchez sobre el mismo Enríquez o Fidelio Ponce. Tal pareciera que, por momentos, la significación de las obras solo es posible a través de datos como estos: " Enríquez's life-long fascination with horses can also be traced to his childhood in Zulueta. Horses were much a part of everyday life in Cuban rural towns, serving as the main mode of transportation, at times as beasts of burden, and in some cases used by the rider to show off his masculinity" (p.27). Si Carlos Enríquez montaba caballo en Zulueta o no, poco importa. Las preguntas de la historia del arte deben ser otras: ¿qué función tiene el caballo de Enríquez dentro de su obra? ¿Cómo relacionar el icono del caballo quizá dentro de otras representaciones modernistas o vanguardistas del arte europeo? No hay aquí un intento de teorizar en ningún momento. De ahí que uno tiene la impresión de estar leyendo un libro para las élites que, cada Primavera desde sus ordenadores o después de un jet-lag, salen en búsqueda de un cuadro de Enríquez en la última sale de Christie's o Sotheby's. Un libro hecho, como los que ha publicado recientemente la Editorial Vanguardia Cubana, para patentizar el ejercicio de un comercio (muy prospero, dicho sea de paso), y dejar a un lado el estudio de estos artistas realmente importantes para aquel que quisiera acercarse a la cultura cubana. La novedad que promete en la sinopsis de la tapa no es lo que se comprueba en el libro. Primero, porque no hay en él un mínimo estudio sobre el arte de Enríquez, y segundo se presiente, a lo largo del libro, la severa dicotomía entre las obras que se hayan en Cuba y las que circulan en las colecciones privadas del exilio. Este es un libro que esperábamos con cierta ilusión desde hace algunos años, pero que lamentablemente solo puede lucir bien en una mesa de café de un lujoso apartamento con el fin de no ser leído, sino escuetamente hojeado.

*[relación con el autor: ninguna. Relación con la editorial: ninguna. Conozco a Ramón Cernuda de pasar por su galería y asistir algún que otro evento].


Miguel A. Bretos – Matanzas: the Cuba Nobody Knows (Gainesville, University Press of Florida 2010).

No solo por el hecho de haber nacido en Matanzas, me aproximé al libro de Bretos tan pronto como salió de la imprenta en Gainesville. Por tal de encontrar una alternativa a esos libros que, de ediciones precarias de la Vigía y de otras imprentas matanceras, alcancé a leer del historiador matancero Raúl Ruiz. El libro de Bretos, sin embargo, si bien recoge la historia de una ciudad, recae una y otra vez en el discurso de una nostalgia perdida, o de falsas oposiciones, como cuando favorece Matanzas sobre La Habana. "La Cuba que todos ignoran" - así de pretencioso es el subtítulo, y su argumento no puede ser menos ambicioso: trazar la una historia desconocida (pero quienes la desconocen, no queda muy claro), o peor aun ignorada, de una ciudad que el autor reclama como la suya. Esa idea de ver en la ciudad propia un microcosmo de la nación puede tener sus deslindes románticos como sucede con Víctor Hugo, Balzac, o hasta en las mejores crónicas de Heine. Salvo que en la prosa de Bretos, las ínfulas de historiador tienden al disfraz de lo personalizado y de los grandes nombres de familia: el pasado como función genealógica del nombre propio. El reclamo de una atención provincial por una parte, y el empuje familiar por otro, hace del libro de Bretos, un manual de codicies personales, y no un libro de historia en el sentido tradicional de la palabra. Aunque el libro recorre los matorrales centrales del origen de la ciudad hasta el asalto al cuartel del Goicuría, esta estampa tiende a filtrar un discurso banalmente escapista y poco crítico. Ni Matanzas es tan grande y gloriosa cómo Bretos la pinta, ni tan "poética" ni tan "griega" (la incansable mitificación de la 'Atenas de Cuba' reaparece durante el libro como piedra de toque), ni mucho menos romántica y símbolo del futuro de Cuba. Como otra provincia más, la labor del historiador, a mi parecer, consistiría en deconstruir esos mitos fundaciones y discursos provinciales que, hasta ahora, invaden la historiografía municipal. Lamentablemente el trabajo de Bretos fomenta la mitificación y el disparate, con ayuda de algunas erratas y las premoniciones de un pasado perdido (¡hasta se llega a citar la fallida película Lost City de Andy García en la primera pagina!). Para aquel que busca leer a Matanzas lo tendrá que hacerlo, hasta el momento, solo desde la literatura. Algún poema de Milanes o una glosa de Medardo Vitier, pudieran ilustrar esta operación que el libro no logra en sus trecientas y dos páginas.

*[relación con el autor: ninguna. Relación con la editorial: ninguna, aunque estudio en la University of Florida.]

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*P.D.: Como ha recordado recientemente el escritor argentino Patricio Pron en su blog, toda construcción de una lista se construye a partir de exclusión, de aquello que se queda en las afueras. Lo bueno como exilio del juicio personal: como substrato de una cordura venida a menos. Por razones ajenas y difícil acceso a algunos de éstos textos, pienso en tres libros que me hubiesen gustado reseñar y leer este pasado año, pero me fue difícil conseguirlos o pedirlos prestados: el ensayito culinario Hígado al ensayo de Alfredo Triff, Son gotas de autismo visual del poeta Lorenzo García Vega, y el libro sobre el periodismo de Alejo Carpentier Crónicas de la impaciencia del periodista cubano Wilfredo Cancia Isla. Aceptamos donaciones o préstamos.

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Gerardo Munoz
Enero del 2011
Gainesville, FL.

4 comments:

Anonymous said...

traicionas tu propia introduccion. Creas otra lista.

Anonymous said...

"Si Carlos Enríquez montaba caballo en Zulueta o no, poco importa". Me he reido mucho en esta parte.

Gerardo Muñoz said...

En ningun momento que creo una lista en el sentido al cual me refiero. Crear lista desde un modo de cuantificar y calificar las obras en una especie de jararquia. De modo que no veo esa "traicion" de la que me hablas Anonimo. Traicionarla, si acaso, seria hablar de libros que escritores o editoriales me han enviado con el solo proposito de hablar de ello. Y no es el caso.

Anonymous said...

el libro de Ponte es excelente. Muy bien.