Tuesday, January 4, 2011

Clement Greenberg reseña a Lam


No hay dudas que el crítico e historiador del arte Clement Greenberg fue una de las figuras que con más agudeza leyó el arte moderno durante la primera mitad del siglo veinte. Enraizado desde el marxismo en su primera etapa, Greenberg terminó sentando las bases, como lo ha visto T.J. Clark, no solo de la crítica del período que abarca de Picasso hasta el Expresionismo Abstracto, sino el propio pasaje de la esencia de lo moderno en el arte. En ensayos como “Avant Garde and Kitsch” (1939) y “Newer Laocoon” (1940), por citar dos piezas antológicas, Greenberg cifra, desde una sociología marxista, modos de leer la cultura de masas y la sociedad burguesa.

Es en la década del cuarenta, donde el autor de Art and Culture comienza a publicar extensamente en periódicos de circulación de masas como el The Partisan Review, The New Republic, y The Nation. Estas reseñas no solo daban testimonio de la mirada crítica en torno a las artes visuales, sino que también se comprendía lo “moderno” como concepto extendido que incluía y no se limitaba al teatro (Brecht) y la poesía (Spender, Rosenberg), la narrativa (Goodman, Kafka), y la crítica cultural (notas sobre la guerra y el cine). La breve reseña que aquí rescatamos de Greenberg sobre el pintor cubano Wifredo Lam es injustamente olvidada hoy por aquellos críticos que, acerbos a los desplantes del mercado, buscan sacralizar la figura del cubano.
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No solo para Greenberg la década del cuarenta fue una de las más fecundas para el ejercicio de una crítica o de un estilo. En Lam, los 40 marcan una tapa crucial. Éste es el período en el cual se consagra la línea caligráfica tan típica de Lam, matizada con las nuevas tendencias cubistas (sobre todo de Picasso y Matisse) de la vanguardia europea. De estos años datan las obras cumbres de Lam como La Jungla, y La Silla, ambas del ’43, o Les fiances (1944) que se vendió este pasado año por tres millones de dólares en Miami Art Basel.

La breve reseña de Greenberg, sin embargo, data de finales de 1942, y por el hincapiés que hace sobre el medio “gouache” intuimos que tiene en mente obras como Mujer y perro (1942), donde precisamente Lam logra un efecto al óleo sobre esos fondos que Greenberg describe con precisión típica de su prosodia “dun and light-gray backgrounds, derived apparently from Amerindian art”.

Uno de los detalles más interesantes de la reseña de Greenberg, amén de lo breve, es la forma en que resalta el momento en que la pintura de Lam se trunca (“ruined”), y trágicamente se convierte en una burda réplica de un Picasso. Es curioso que si esta época – vista desde el presente, por supuesto – constituye una de las más importantes del pintor cubano, para Greenberg el talento de Lam, aun en potencia, bordea los defectos de la rapidez de los ritmos y la brusquedad de la decoración. Rasgos que hoy, críticos como Max Pol-Fouchet o Stokes Sims, exaltan. Si bien existía un “don” en la pintura de Lam, Greenberg lo ve aun por desarrollar, y como sugiere hacia el final, éste tendría que tomar una ruta más por el núcleo del Surrealismo que del cubismo. La condena del crítico norteamericano es pura curiosidad, y en realidad no logra advertir nada sobre Wifredo Lam, aunque si habla mucho sobre el propio Greenberg.

Tendríamos que señalar al menos dos modos para entender porqué Greenberg reseñaba, en tan bajo perfil, a Wifredo Lam. Aventuramos primero que, dentro de las premisas estético-críticas de Greenberg, la vanguardia se concibe como una corriente eurocéntrica. De ahí que cualquier movimiento periférico (Greenberg se toma el trabajo de notar que Lam es un “pintor cubano”), tomase el lugar de lo “kitsch” que en el caso de Lam es un homónimo que hace de lo original una copia. Naturalmente esto explicaría también como en Lam, en vez de ver transculturación dentro de los propios movimientos continentales, Greenberg solo hallaba rezago y la ignorancia de aquel que, aunque ha entendido la lección, no sabe que hacer con ella. Lam era solo una figura, quizá "interesante", pero que no se ampliaba al nivel de los maestros y renovadores del arte moderno. Dicho esto, habría que reparar sobre la dimensión política que, si bien para Greenberg formaba parte intrínseca de las vanguardias, en Lam aun no se evidenciaba como luego animará su pintura durante las décadas de posguerra hasta su gran lienzo El Tercer Mundo.

Nos tanto, volver sobre esta reseña de Clement Greenberg ayuda a situar a Lam dentro de la recepción crítica de su época (esa internacionalismo heterogéneo de la Vanguardia), de la cual aun hoy no tenemos del todo claro el lugar incómodo que ocupó Lam entre sus contemporáneos.


Wilfredo Lam. "Gouaches". At Pierre Matisse.
With gouache this Cuban painter achieves the boldness of oil. He has an idiom all his own, when he manages to escape Picasso – an abstract treatment of floral and animal motifs against dun and light-gray backgrounds, derived apparently from Amerindian art. Lam draws with a great deal of flair. But all is ruined – in some pictures by a straining after bravura effects, by showy motions, in others by obsessive rhythms and the inability to be more than decorative. And in two instances the artist’s reliance upon Picasso for ideas is so great as to be parody. Yet something may come of it. Lam has a gift but doesn’t seem to know what to do with it. The painting in ink-red which he showed at the recent Surrealist exhibition is far better than any here.
(The Nation, 12 December 1942)


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Gerardo Muñoz
Enero del 2011
Gainesville, FL.
*Imagen: "Mujer y Perro" (1942) de Wifredo Lam.

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