Sunday, January 23, 2011

Flavio Garciandía exhibe en Villa Manuela


El artista cubano Flavio Garciandía ha exhibido, durante estos dos meses, una muestra personal de sus últimas incursiones en la abstracción. Dilatando el humor posmoderno que caracterizó su obra plástica desde la década del ochenta, esta muestra curada en la galería habanera Villa Manuela (centro coordinado bajo la UNEAC) quiere dar, en buena medida, la reciente producción de un artista quien, a diferencias de otros nombres de su misma generación, se le conoce menos, aunque sea su producción pictórica de igual o mayor importancia. Lo cierto es que, al decidir vivir fuera de Cuba y lejos de Miami la figura de Garciandía es menos visible que lo que quizás quisieran los críticos y los comisarios del arte cubano. Es también una lástima que aun en nuestros días, a Garciandía se le conozca más por su período, también valido, del realismo socialista, cuyo cuadro paradigmático "Todo lo que usted necesita es amor" (1975), que por sus incursiones en la abstracción y el manejo posmoderno desde los signos pictóricos.

La exhibición titulada Iba a decir algo muy importante (…pero ya se me olvidó) responde, desde el enunciado de su título, a ese juego semántico que, ya en la década del ochenta, el crítico cubano Gerardo Mosquera notara en los manejos formales de Garciandía. Uno de los meritos más importantes del arte posmoderno de Garciandía es, en efecto, la siempre oportuna narración existente entre imagen y título. Si catalogamos por ejemplo, algunos títulos que dieron nombre a buena parte de su obras de mediados de los ochenta, comprobamos un humor que, como también sera en la obra de los pastiches socialistas de Glexis Novoa o del erotismo bestial de Tomas Esson, se instalaba como antídoto al realismo socialista impuesto por los ideólogos culturales del Quinquenio Gris. "El lago de los cisnes", "Pies de plomos", "Catálogo de malas formas", dan por si solos, un testimonio a lo que antes me refería.

Este abismo entre referencialidad e inserción de títulos irreverentes, quizá explique la razón al porqué la obra de Garciandía continua siendo portando su signo crítico que trasciende los bordes de una época. Ese espacio, entre palabra que previene e imagen que asegura, es donde se ha querido posicionar la plástica de Garciandía durante estas ultimas cuatro décadas. Cada cuadro, de esta forma, es una cita a pie del cuadro que alude, tal y como concibiera la "verdad" de la pintura Jacques Derrida, otro signo no menos importante de la superficie.

Pero si en aquel ensayo de 1984, Mosquera abordaba el tema de la pintura de Garciandía desde el posicionamiento de las candentes polémicas sobre el posmodernismo y el kitsch, la cultura de masas y el socialismo, el pop y el gusto de la clase dominante, o las contracciones del socialismo con la abstracción, no es dificil constatar en estas últimas piezas, las formas en que Garciandía ha podido superar aquellos problemas que, visto desde la luz del presente, no logran explicar estas obras. Pues, ¿no ha quedado relegados aquellos límites que Mosquera había analizado en torno a la producción estética? ¿No es hoy anticuado hablar, desde el contorno interino de una obra de arte, de oposiciones binarias como cultura alta o baja, socialismo y democracia, posmodernismo y obra abierta? Consta a favor de Garciandía vivir en México. Exhibir en La Habana no demuestra una evolución del sistema cultural cubano, pero si la imposibilidad de seguir hablando en términos binarios sobre un dentro y un afuera.

Lo que distingue la obra de Garciandía de sus periodos más vigorosos, es decir "más socialistas", es la manera en que ha vuelto a la abstracción. No se ven en Iba a decir algo muy importante… íconos de un socialismo en crisis, ni alusiones semánticas que vituperan contra cierto régimen político o malestar ciudadano. La horilla estética de Garciandía ahora es otra, y esta habría que buscarla sobre la reducción de lo cromático y a las alusiones dentro del propio sistema del arte. En todos los cuadros de esta exhibición la gama del color es, casi siempre, azulosa y circunscrita a colores pasteles. Muchos de los cuadros solo pueden ser descritos como formas flotantes en un espacio sin dimensiones algunas: una burbuja sobre la tangente de un triangulo, o en otros casos, ovalados en rosa que se funden, no sin cierta armonía, con una ola del color mar verdoso.
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Es una abstracción que dialoga menos con la generación de los expresionistas abstractos de la escuela de Nueva York que con los más felices momentos de la Transvanguardia Italiana o con algunas piezas de Phillip Guston. Hay pocas dudas que en la actualidad la plástica del cubano se encuentre más cercana de pintores como Jeff Koons o el chino Takashi Murakami que, como Garciandía, han hecho del kitsch un tema central de sus formas estéticas. En estos dos pintores, el manejo del color cobra ciertos tintes de infancia y dan vuelta sobre un estado de intensidad cromática que avisa de ese robo de la experiencia visual que nos imponen los sistemas capitalistas contemporáneos. Al igual que estos dos artistas, tan diferentes por otra parte, el manejo del color en Garciandía se inserta en una tradición que va desde el propio Henri Matisse hasta los arreglos cromáticos del cubano Mariano Rodríguez. Los colores de Garciandía son un caleidoscopio para ambientar una salida, no tanto de la política contemporánea, como de su propia obra que por mucho tiempo sentó trámites por los matorrales de la opacidad.

En cuanto al proceder formal, Garciandía renueva la abstracción a partir de hipertextos que tienen la avidez de hacer metástasis entre un Franz Kline y Mark Rothko, a Brice Marden con Clifford Still, y hasta Hugo Consuegra con costuras de sus propios trazos del kitsch del ochenta. No es casual que esta exhibición coincida con la celebración del centenario de la abstracción en Cuba. Con la madurez y el pasar de los años, Garciandía quizá ha aprendido que nada mejor como hacer tributo a los maestros del pasado. Sobre todo, cuando todos gritan a cuatro voces en que vivimos la fúnebre muerte de la pintura.
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Iba a decir algo… quizá busque decir, en su ruptura lingüística, que estas obras no son propiamente de Flavio Garciandía, sino de otros autores que a través de la historia de la pintura se infiltran en los estilos. Serian, como asegura uno de los títulos, obras en busca de un autor. La otra variante puede ser de tono feliz: el artista quería decir que solo a través de su pintura es que los muertos de la abstracción pueden recobrar la vida en las formas.
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Gerardo Muñoz
Enero del 2011
Gainesville, FL.

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