Saturday, January 29, 2011

Materia y restos


La última exhibición personal del artista griego, Jannis KouneLlis, en la importante galería Bernier/Eliades, da muestra en cierta medida cómo la pintura es el medio de imaginar la materia. Aunque las obras que aquí se exhiben son parte de la última producción del artista, hay solo que verlas en relación con sus primeras incursiones en el arte povera de los sesenta, para entender sus diferencias con los grados de la abstracción, KouneLlis ha construido un espacio autóctono que consta, entre otros muchos afanes, de una poetica muy personal. Hablar sobre lo personal en el arte puede prestarse para animar equívocos. Me explico: dentro de la apoteosis de la abstracción, la mayor parte de la obra de este artista busca situarse más allá de la pintura, o lo que seria mejor, entre los restos de la pintura y el comienzo de la materia. Si la abstracción comienza, según críticos como Clement Greeberg o Georgy Lukacs, la propia desmaterialización del arte, en los cuadros de KouneLlis atravesamos los líbelos de la forma para llegar al momento en que la pintura significa materialidad en su estado de mejor definición.
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De ahí que los últimos cuadros que ha trabajado KouneLlis partan de materiales tan comunes como un traje expuesto con sirope de miel, una atril de madera con una zapato viejo, o un gancho que, desde el extremo del cuadro, hace colgar un gabán negro que por momentos se confunde con los trazos expresivos del fondo de la tela. Esta dimensión material superpuesta en las obras abstractas quizás es buen signo de lo que mencionamos antes sobre el sello personal de la obra del artista griego. Si bien en la obra de Joseph Beuys o Miguel Ángel Pistolleto, la materialidad en el arte es una puesta en escena como modelo de la misma abstracción en tanto a la apariencia de la realidad, en KouneLlis la materia que encontramos incrustada en la tela suele captar un efecto espacial entre el cuadro, el objeto, y el espectador. Es en este sentido que estas piezas algo de la abstracción un modelo estético que radicalmente altera la desviación de los espacios, más que ópticos, entre los materiales usados.
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Si los materiales de KouneLlis no son precisamente objetos separados de un fondo pictórico, habría entonces que entenderlos como injertos en la misma forma que, mucho de los espectadores, entienden el poder de la abstracción. El crítico de arte Sven Lutticken, en efecto, ha llamado cosidad en el arte, a esos materiales que no solo funcionan como objetos ready-mades en el espacio curatorial, sino que operan como signos otros del lenguaje total de la obra de arte. Si el fin del ready-made consiste en resignificar un producto en serie dentro de un nuevo espacio de significación, la cosidad material del arte deviene en un signo como parte de un conjunto hipertextual de materiales del uso y no estrictamente de cambio.
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Discutir el contenido de los últimos cuadros de KouneLlis se dificulta en el momento en que, no solo entendemos que estamos frente a una colección de piezas abstractas, sino que la abstracción se multiplica desde su cosidad material. Lo que podemos rastrear son los signos que aquí refieren a la precariedad del cuerpo, a los rastros que han quedado aplanados por el tiempo, y que tienen el espacio como mediador significante entre el ser-allí y las huellas dejadas. En realidad la pintura de KouneLlis cobra sentido una vez que es vista como una ciencia desde la abstracción, de lo humano. Cada rastro de los pliegues en la tela, cada silueta sobre los materiales, tiende a volver, una y otra vez, sobre el presente resquebrajamiento de las formas de vida en nuestro mundo despolitizado.
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No es tampoco coincidencia que, en diálogo con artistas contemporáneos como Vanessa Beecroft, Maurizio Cattelan, o Yinka Shanibore, la ropa atraviese estas obras como materialidad de la impermanencia de la vida humana. Como ha visto Giorgio Agamben recientemente en su estudio teológico sobre la desnudez, el material de la ropa es aquel signo continuamente divide lo humano, y que lo distingue, desde la morfología del diseño, entre un ser que habita bajo la apariencia de otro cuerpo. Vista a la luz de la necesidad del vestuario, es justamente aquí donde el trabajo pictórico se KouneLlis cobra su relación mas estrecha con lo que entendemos por lo político.
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Más allá de un ademán erótico del arte (muy evidente, sobre todo si la pensamos en correlación con las anthropométries de Yves Klein), la cosidad a la que antes hacíamos referencia no es más que una herramienta estética para denotar el abismo que existe entre humano que hace uso del arte de la costura, y el ser nudo, entre el objeto del arte y los trazos en óleo que han dominado la concepción del arte occidental durante el largo y extenuante trayecto de la Modernidad. La fractura entre estos objetos y sus huellas, es la instancia que implica la misma posición del sujeto contemporáneo frente a su realidad simbólica.
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Si algo prueban estas recientes obras de KouneLlis es la posibilidad de cómo la forma no solamente consigue hacer uso imaginativo de la pintura y la abstracción, sino también cómo la pintura es hoy capaz de pensar la realidad y algunos los problemas más fundamentales que circulan la actual crisis de la representación.

Gerardo Muñoz

Enero del 2011

Gainesville, FL.

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