Wednesday, January 26, 2011

Sinfonías


En su libro The Film Remembered (Reaktion, 2004), el fotógrafo y crítico de arte Víctor Burgin, recuerda cómo, en los orígenes del cine, la fragmentación superaba la linealidad de una secuencia narrativa. Pensando desde André Bretón y Jacques Vaché, quienes solían asistir a teatros con el fin de ver un fragmento o una secuencia de una toma, Burgin piensa el cine como una forma estética que deja fragmentos entre la vigilia y el subconsciente, entre el olvido y el recuerdo, entre la música y los silencios.
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El cine, entonces, toma la forma de una fantasmagoría que no se distingue del todo de las transparencias de los sueños, y del turbio movimiento de una deriva. Luego, con la vulgarización del cine en la esfera del mercado, solemos pensar en imagen en movimiento como pura diversión, forma de escape, o secuencia lúdica. Nada más alejado de una historia que, en sus orígenes, se pensaba como otra cosa.
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Los filmes del cineasta y viajero Peter Hutton tienden a rescatar algo de estos orígenes silentes del cine. Más cercano a la fotografía y el paisaje, cada filme de Hutton da muestra de una sensibilidad única frente a los restos de una cotidianidad del malestar de la experiencia. De ahí que, firmados en 16mm, estos cortos (ninguno de los filmes de Hutton sobrepasan los quince minutos) se conviertan en verdaderos haikus o recuadros de una ciudad tan familiar como extraña. Berlín, Lodz, Dresden, Bucarest, Budapest…reaparecen en su cine desde la década experimental del setenta, y se plasman como agujeros negros del post-comunismo.
Partiendo de técnicas como el montaje, la imagen en movimiento se lee más como un álbum de foto que como secuencia ordenada de sucesos capturados por la cámara. La tecnica primordial radica en que, desde la construcción mínima del inconsciente estético de Hutton, lo que predomina no es el movimiento, como es de esperar en la forma cinemática, sino el tiempo. Aquí la cámara prescinde de los gestos, y buscar permanecer en un lugar exterior, a la espera que el mundo exterior atraviese el plano central. Lo vemos en filmes como “Ludz: Sinfonía”, una bella imaginería sobre la ciudad polaca, donde casi nada pasa, salvo el relevo de algunas palomas que se acercan a beber a un charco de agua, o dos obreros, lejanos en tu tejado, que trabajan en la antigua limpieza de chimeneas. Donde la escalofriante lentitud cobra matices extenuantes es sin duda en filmes como “Estudios sobre el rio” o “Retrato de Nueva York”, donde la naturaleza se exhibe desde restos inmutables. A su vez, silenciosos y de una expresividad tan lejana como aquello que el lenguaje mismo no puede enunciar, estas imágenes buscan ser vistas en la oscuridad de una sala de video, donde la única banda sonora posible es la respiración y la palpitación de los espectadores.
Si de algo trata el cine de Peter Hutton es de formas de construir una imagen desde la potencia. O sea, de la pureza de la descripción, sin necesidad de una trama, o una voz que intervenga en las secuencias. Una potencia cinéfila que, en su retención del acto y narración, puede comunicar todo un mundo esencial que continuamente pasamos por alto. Así que los filmes de Hutton intervengan todo la concepción imaginaria de Oriente: en el momento en que se pierde la voz y la palabra, es donde acontece la imagen. He ahí el ámbito de la emoción. Si un cineasta japonés quiere mostrar sentimiento hace suyo el plano metonímico del cine (yuxtapone, si se quiere, el estado emotivo de un personaje con el fondo de la naturaleza) como lugar excéntrico de la expresión de la imagen. A diferencia de Occidente, cuyo registro emotivo es el rostro y sobretodo la mirada, en el cine de Hutton uno presiente la sensación de una imagen dialéctica que, a la manera de Walter Benjamin, anima el orden fantasmagórico de la realidad. Mientras que en el paisaje tradicional, pensemos en la pintura clásica, aparece exaltado dentro del orden de lo sublime, en Hutton, por contrario, el paisaje es solo aparición de un momento, inmemorable, que ya ha sido. Si lo primero se sitúa en el espacio, lo segundo es la sustancia del tiempo.
Ayer en la noche, en el Museo Harn de Gainesville, hemos tenido la suerte de dialogar con el propio Peter Hutton, quien nos ha comentado sobre la experiencia del cine. “The most beautifiul thing about cinema is that it is accidental” – dejó dicho, mientras comentaba cómo, en ese filme suyo que recoge un efluvio en Boston, aparece en la lejanía una minúscula figura de una mujer mirando, justamente, aquello que su cámara captaba. Lo real cinematográfico en Hutton parte de esa concepción básica sobre la manipulación que se invierte: ya no es la cámara la que ordena el mundo y le otorga forma, sino la realidad que, en sus estallidos de contingencia, hace de la representación el lugar efímero de lo accidenta. De ahí que, como Dziga Vertov en el pasado o Tacita Dean en el presente, la obra de Peter Hutton demuestre ser uno de los intentos más sensatos de volver a los orígenes de la imagen en movimiento. Todo su films, amén de la brevedad y la bruma del silencio, posee la fuerza de alterar lo real, y el propio relieve del recuerdo.
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Gerardo Muñoz
Enero del 2011
Gainesville, FL.

5 comments:

Jacqueline Echagarruga Irimia said...

dirty water spiraling downward into sewers of NY... ghost-town streets in '70s Poland...all contribute to these sordidly beautiful short films. nicely done!

Gerardo Muñoz said...

It was Peter! Thanks for the company.
G

juan felipe hernandez said...

uy tutui...
" Mademoiselle Echagarruga.)"
estas acabando papo

Gerardo Muñoz said...

Se hace, entre lo posible, hasta lo imposible muchachon. Asi vamos. Por cierto, te quiere conocer. De modo que aprovecho ahora mismo para introducirlo. Ahora solo me toca evocar (ya lo sabes) el dictum coral de tu Dragui:
talk, talk, please!

G

Anonymous said...

muy interesante, la obra de este neoyorquino. Buscare mas. saludos.