Saturday, February 19, 2011

El giro del animal-político


Vengo de asistir a la ponencia de la joven escritora argentina Betina González como parte del Sexto Coloquio Interdisciplinario de Literaturas y Lenguas. Autora de un par de novelas (Arte Menor, y Juegos en la Playa), la primera sorpresa de la charla de Betina fue el hecho de no abordar el tema de la creación personal o de la función de la literatura, tan discutida hoy en diferentes cenáculos del globo, en el mundo hispanohablante. Bajo el rótulo de: “Del animal político al animal fabuloso: anticipos post-humanistas en la literatura latinoamericana del siglo XIX.”, esta ponencia figura, en buena medida, como resumen de alguno de los temas y problemas que han surgido de su tesis doctoral que en este momento hilvana en la Universidad de Pittsburgh.

Si bien el tema central es pensar lo animal o la manera en que lo humano ha cerrado el abismo que lo separa de aquello que, durante la fatigosa tradición Occidental, se ha separado en la esfera animal; el trabajo de Betina es volcar un análisis de este tipo en el contexto de America Latina. Terreno, hasta el momento, poco investigado bajo el paradigma de las filosofías post-humanistas de lo animal.

Tomando como punto de partida del casi olvidado poema de Giovanni Casti “Animales Parlantes”, la digresión e imaginaría animal recorre las obras de los argentinos Morales y Mansilla, el brasilero modernista Machado de Assis, y otras escrituras “menores” de la tradición mexicana decimonónica. El argumento de Betina – o al menos en que busca investigar y desplegar un nuevo concepto – radica en ver un post-humanismo oculto en algunas de las escrituras fundacionales de la literatura del XIX Latinoamericano. La estrategia, análoga la intento de Nelly Richard en su “Revancha de la Copia”, es ver en America Latina deviene en lugar donde es posible escapar de los aparatos epistemológicos de dominaros al continente europeo hasta principios del siglo XX con la crítica marxista de la historia y el descubrimiento de la estructura del signo. En escrituras menores del diecinueve, Betina González nos comenta que la función de la fábula tiende a ocupar un lugar, como genero, que va más allá de la novela (proyecto fundacional) y se restringe de hacer de la poética del habla animal, a la manera de un La Fontaine por ejemplo, un ardid para humanizar la bestia. Justamente en las poéticas de Machado (Cronica os dos burros) o Mansilla, González estudia la forma en que se cierra el problema de la distancia entre lo humano y el animal, el habla y el silencio, la infancia y el logocentrismo, lo local y la nación, la escritura de lo profano y el imaginario de la fundación comunitaria.

Recientemente también ha estado en la Universidad de la Florida, el importante crítico Dominique LaCapra, cuyo última monografía History and its limits: human, animal, violence (2009) moldea los últimos debates sobre el problema animal entre pensadores como Gilles Deleuze, Jacques Derrida, Claude Levi-Strauss, o Giorgio Agamben. Uno de los giros filosóficos más interesantes, y que aun deparan espacios para intensa discusión, es sin duda el que busca analizar la relación entre lo humano y lo animal. 

No ignorando el amplio cuerpo teórico de Agamben, Betina González echa manos a Lo Abierto para sugerir que, a diferencia de Occidente, en America Latina hay tradiciones que cuestionan esa maquina antropológica que divide las esferas de lo humano y lo animal, de lenguaje y de la potencia del no decir. Si bien existieron fábulas en Occidente desde las de Esopo, la importante distinción radica en que aquellas hacia del animal una metáfora para una finalidad moral de la condición humana. O sea, el animal se reducía a suplemento conceptual para comprender al humanismo. En América Latina, en cambio, las fabulas de estos escritores tienden a ser más libres, y a cuestionar los límites de lo humano desde lo animal. De modo que aparece así un espacio de indeterminación que no es propiamente binario: ni la humanización del animal ni la animalización del hombre. 
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Al terminar su ponencia, le pregunté a la estudiosa Betina González lo siguiente: si estás poéticas se encuentran en el siglo XIX, ¿no existe un tropo a priori que las hace parte del imaginario fundacional? ¿Cómo puede pensarse la fábula latinoamericana afuera de la historia, precisamente en un contexto histórico donde se funda el saber historiográfico con la literatura como parte de su aparato epistemológico? Echando mano a los últimos seminarios de Derrida sobre El Animal y el Soberano y a la categoría de lo menor, Betina me objetó que ella no deseaba estudiarlos en relación con la nación, sino como escrituras menores. Una paradoja surge en cuanto a la relación con el concepto de Soberanía: si America Latina se ha entendido como lugar de una Modernidad no acabada, al decir de Habermas, ¿qué relación puede existir entonces entre el Animal y la Nación que aun no está? Si el proyecto de Derrida radica, en sus últimos seminarios, en deconstruir el tropo del animal en la función soberana (Leviatán de Hobbes, la zorra de Maquiavelo, el elefante de Luis XIV), de que forma entender el animal si partimos, de antemano, de America Latina como contexto colonial y como crisis paradigmática del concepto clásico de la Soberanía.

Creo que es ahí donde aun le faltaría trabajar a la escritora Betina González y explicar la relación entre historia como aparato imaginario, el ausente soberano, y el corte que producen, de serlo así, las fabulas latinoamericanas. Porque la gran paradoja es esta: en América Latina la animalización o el tropo del animal no siempre ha sido propiamente emancipador. (Valga recordar cómo Monterroso imagina la catástrofe de la política y sus dictadores en su diurno dinosaurio). Buscar el verdadero rostro al animal latinoamericano, es hoy uno de las tareas principales de la política y la literatura.

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Gerardo Muñoz
Febrero de 2011
Gainesville, FL.

1 comment:

Anonymous said...

yes!